Economía

El desproporcionado impacto laboral del COVID en las mujeres mexicanas

El 84% de los empleos perdidos fueron de mujeres, una cifra marcadamente desigual que se complementó con una mayor tasa de subocupación ante la precariedad de las condiciones laborales.

19-05-2021 10:54 Por : Arena Pública
La vulnerabilidad laboral de las mujeres se intensificó durante la pandemia, según los datos de Inegi.
La vulnerabilidad laboral de las mujeres se intensificó durante la pandemia, según los datos de Inegi.

--- Actualización 20 Mayo, 12:00 hrs (hora del centro de México) ---

La crisis sanitaria del COVID 19 intensificó la vulnerabilidad económica de las mujeres, pues fueron ellas las que peores condiciones laborales enfrentan desde hace un año.

La pérdida del empleo, trabajos de menor remuneración y mayor dificultad para encontrar uno nuevo fueron más comunes entre la Población Económicamente Activa (PEA) femenina que entre la masculina según los datos para el primer trimestre del 2021 de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE).

Los resultados de la ENOE que publicó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) registra de manera mensual el desarrollo de la fuerza laboral en el país, arrojando datos cuantitativos y cualitativos de las actividades económicas.

Las cifras interanuales para el primer trimestre del año dan cuenta de la fuerte pérdidas de trabajos que la crisis del coronavirus causó debido a que propició el cierre de negocios o el recorte de personal para hacerlos sostenibles que, en el caso de la población femenina, tuvo un claro sesgo como resaltó en su cuenta de Twitter el presidente del Inegi, Julio Santaella.

“El impacto de la pandemia en el mercado laboral ha caído desproporcionadamente sobre las mujeres; el 84% de los 1.6 millones de personas que salieron de la fuerza laboral PEA eran mujeres y 7 de cada 10 personas de los 2.1 millones que ya no están ocupadas también eran mujeres”.

Una razón detrás de la desigual pérdida del trabajo femenino se debe a que los sectores económicos que más fueron afectados por la pandemia son también los que mayor tasa de ocupación femenina registran según el Observatorio Laboral del Servicio Nacional de Empleo. Educación y Salud (64.4%), Turismo (58.4%), Servicios Personales (53.4%) y Comercio (50.4%) son las actividades económicas en las que más mujeres están ocupadas. Más de la mitad de la fuerza laboral de las empresas en estos rubros son trabajadoras y, con excepción de la primera, son las actividades más afectadas por la crisis del COVID 19.

Mientras que en el sector primario y secundario de la economía la ocupación a nivel interanual ya es 0.5 y 0.6% mayor respectivamente, en el sector terciario sigue estando 1.1% por debajo de las cifras del mismo trimestre del año pasado destacando justamente el comercio (-0.6%), los restaurantes y los servicios de alojamiento -parte del turismo- (-0.7%).

 

La reintegración también es más difícil para las mujeres

Si la falta de un trabajo es una condición de vulnerabilidad que intensificó el COVID, la dificultad de las mujeres para reintegrarse al mercado laboral en condiciones dignas también es otro peso que dejó la pandemia sobre sus hombros.

La subocupación -definida como la condición en que una persona requiere más de un trabajo para lograr cubrir sus necesidades diarias- históricamente había sido mayor entre los hombres que entre las mujeres, sin embargo la pandemia cambió esa relación.

Mientras que en 2020, acorde con la tendencia, la tasa de subocupación de la PEA masculina era de 8.7% y la femenina de 8.0%; un año después, los lugares cambiaron pues la tasa masculina creció a 13.5% mientras que la femenina alcanzó 14.3% con un incremento del 80% en tan solo el año de la pandemia.

Pero además de que la cantidad de mujeres que necesitan más de un trabajo para vivir creció, la de aquellas que no pueden buscar un trabajo para reintegrarse a la vida laboral también estalló con el confinamiento.  Solo el 17% de las mujeres dijo estar buscando activamente un trabajo en contraste a un aplastante 80% que expresó que atiende otras ocupaciones que le imposibilitan trabajar como es, históricamente, el papel de las mujeres en las tareas domésticas.

La investigación Género y Empleo durante la crisis del COVID 19 realizada por el Fondo Monetario Internacional (FMI) señala a partir de datos recopilados en Estados Unidos, Inglaterra y España que, entre las mujeres, las más afectadas fueron las madres debido a que el cierre de las guarderías -caso repetido en México- redujo el tiempo laboral disponible de ellas al forzarlas a la manutención de los hijos.

En México, según registra el Inegi, siete de cada 10 mujeres de 15 años y más son madres (35.2 millones) y de ellas sólo tres de cada 10 son parte de la Población Económicamente Activa.

 

Vulnerabilidad y pobreza de las jefas de familia

La luz de advertencia que se encendió sobre las mujeres durante la pandemia, se tornó en una luz roja para las madres, quienes cargaron con el mayor peso.

Los datos contenidos en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) para el primer trimestre del año señalan que de las 2.7 millones de personas que se quedaron sin trabajo, el 84% son mujeres En abril de 2020, la tasa de desocupación de las mujeres se ubicó en 6.3%, la cifra histórica más alta desde 2005, cuando se inició el registro de este indicador.

Además de las pérdidas del trabajo, las mujeres enfrentan mayores condiciones de vulnerabilidad económica producto de las doble o incluso triple jornada laboral que enfrentan producto de su histórico papel en las tareas de manutención del hogar y la familia, una situación en la que se encuentran tres cuartas partes de las familias en América Latina, según las Naciones Unidas.

La ONUMUJERES, organismo internacional encargado de estudiar y recomendar políticas públicas para las mujeres, ha definido que la doble jornada laboral es aquella que las mujeres realizan al trabajar para un espacio remunerado, como un empleo, pero a la vez deben hacerse cargo del trabajo doméstico de manera no remunerada.

En su reporte Los impactos del COVID-19 en la autonomía económica de las mujeres en América Latina y el Caribe, el organismo internacional publica que “las jefas de hogares monoparentales enfrentan condiciones de vulnerabilidad aún más extremas. En América Latina, el 78% de los hogares monoparentales están encabezados por madres solteras, quienes asumen la responsabilidad del cuidado de niños, niñas y personas adultas”

Pero además de mantener un trabajo y a la familia, el porcentaje de mujeres que tiene que ocuparse en más de dos actividades remuneradas aumentó ante la necesidad de completar los gastos básicos. Con base en el último reporte trimestral sobre pobreza laboral realizado por el Consejo Nacional de Evaluación de las Políticas de Desarrollo Social (CONEVAL, el porcentaje de mujeres mexicanas en pobreza laboral, entendida como no contar con los ingresos suficientes para adquirir la canasta alimentaria básica para todos sus integrantes, creció en 2.7 millones.

La necesidad de llevar recursos a sus hogares en un entorno económico deprimido, aumentó aún más la informalidad laboral entre las mujeres. Como señala la organización México ¿Cómo vamos? con base en las cifras de CONEVAL, el aumento de la pobreza laboral femenina se relaciona con el incremento de la informalidad laboral a partir de que esta última propicia la subocupación -tener más de un trabajo- ante la irregularidad de los ingreso informales.

La informalidad, el empleo sin reconocimiento del vínculo laboral -que implica seguridad social así como otros derechos laborales-, es más alto en las mujeres (53.3%) que en los hombres (48.9%). Así, el aumento de la informalidad afecta a las mujeres y sus familias debido a sus menores remuneraciones, horarios irregulares de trabajo y la necesidad de cubrir por su bolsillo la atención médica y medicamentos que las empujan a buscar otro trabajo, es decir, subocuparse lo que -en el caso de las jefas de familia- significa mantener una triple jornada.

Y como agravante de la situación económica de las jefas de familia, los resultados para marzo de la Encuesta de Evaluación Rápida sobre el Impacto del COVID 19 (ENERICOV 2020) arrojan resultados preocupantes, como que el porcentaje de mujeres que han tenido que dejar de pagar el alquiler de la vivienda que habita es 30% mayor (65.1%) que el de aquellas mujeres que no tienen hijos (34.9%).

 

México priorizó la asistencia laboral

El reporte de ONUMUJERES no sólo diagnostica el impacto desigual de la pandemia sino que analiza las políticas públicas implementadas en 19 países de Latinoamérica y el Caribe.

Ante la tendencia de recuperación del empleo informal femenino, es decir, del aumento de la precarización laboral de las mujeres, los gobiernos han tomado medidas extraordinarias para proteger o aminorar el daño a la economía de las mujeres, aunque no de manera homogénea. “Sólo cuatro de los 19 países estudiados diseñaron entre siete y ocho medidas, como consecuencia de lo cual concentran casi el 60% de las intervenciones enfocadas en la seguridad económica de las mujeres” señala el informe.

México es, por cantidad de políticas públicas implementadas, el cuarto lugar (4)  entre los países estudiados aunque muy por debajo de Costa Rica (7), Chile (7), Colombia (7) y Argentina (8). No obstante, en materia de políticas públicas destinadas a la protección del mercado de trabajo femenino, México fue junto a Chile y Colombia, el país que más las aplicó (3).

Entre las medidas aplicadas por el gobierno mexicano destaca el programa de créditos a microempresas familiares, Créditos a la palabra, que desde finales de enero forman parte del plan de recuperación económica de la Secretaria de Economía, Tatiana Clouthier. El programa de apoyos contempla financiamientos de hasta 25,000 pesos para 60,000 empresas beneficiarias, de las cuales un tercio de ellas deben ser encabezadas por mujeres. 

Dentro del programa destacó la inclusión de las trabajadoras domésticas debido a que sólo México y otros cuatro países de la región tomaron medidas de protección a este sector a pesar de que según la ONUMUJERES, es uno de los más afectados.

Sin embargo, a pesar de existir 2.2 millones de trabajadoras domésticas en México, el programa solo es válido para 23,057 de ellas, las que han sido formalizadas desde la entrada en vigor de la reforma para el reconocimiento laboral del trabajo doméstico aprobada en 2019.