Inflación mundial: la gran licuadora de deuda
El siglo XXI ha sido, hasta el momento, un periodo de tasas de interés extremadamente bajas y deudas gubernamentales creciendo con fuerza. Esas deudas que muchas naciones han acumulado en muchos casos sobrepasan con facilidad la totalidad del valor de la producción anual del país respectivo, esto es, una relación deuda/PIB superior al 100%.
Keynesianismo a conveniencia
El padre de la política macroeconómica, John Maynard Keynes (1883-1946), ha tenido seguidores muy entusiastas en años recientes, al menos en algunas de sus ideas. El gasto público, la deuda, eran vistos por el británico como armas para combatir una recesión. Quien vivió la Gran Depresión de 1929 y realmente no conoció el fenómeno inflacionario como ahora es común, (la inflación como hoy la conocemos inició en la década de 1940) prescribió que el gobierno debía apuntalar la demanda para así paliar una contracción en la producción.
Pero Keynes también decía que, en los tiempos de crecimiento, de bonanza, era el momento de ahorrar, en que el sector público debía tener excedentes para pagar el endeudamiento incurrido en los tiempos de vacas flacas. En pocas palabras: una política fiscal contracíclica constante a lo largo del tiempo, esto es, contra el ciclo: ahorrando en los tiempos buenos (superávits presupuestales), gastando en los malos (déficits).
“Ahora todos somos keynesiamos” (“we are all Keynesians now”) es una gran frase. Liga a un político, cualquiera, con un gran economista, legitima una expansión fiscal, un déficit, incluso enorme. La pronunció Richard Nixon, un republicano, en 1971. Y en las crisis de 2008-09 (desplome financiero) y 2020-21 (pandemia) dio el sustento necesario para déficits fiscales y endeudamientos estratosféricos.
El problema es que los keynesianos lo son de conveniencia, solo en las recesiones. En los tiempos de estabilidad y prosperidad (como 2003-2007 o 2014-2019) no hay excedentes fiscales, sino que siguen los déficits. Más moderados, sin duda, pero muy lejos de esos excedentes recomendados por Keynes. Durante los buenos tiempos, las deudas de los gobiernos generalmente no se reducen, sino que en todo caso se estabilizan como proporción del PIB.
G7*: Crecimiento, inflación, déficits fiscales y deuda, 2001-2021
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Año |
Crecimiento (%) |
Inflación (%) |
Déficit fiscal (% del PIB) |
Deuda bruta (% del PIB) |
Deuda neta (% del PIB) |
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2001 |
1.2 |
1.1 |
-2.0 |
74.8 |
47.6 |
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2002 |
1.2 |
1.9 |
-4.1 |
76.6 |
50.3 |
|
2003 |
1.9 |
1.5 |
-4.7 |
79.7 |
53.8 |
|
2004 |
2.9 |
2.4 |
-3.9 |
84.9 |
59.1 |
|
2005 |
2.5 |
2.4 |
-3.2 |
84.9 |
58.2 |
|
2006 |
2.6 |
1.8 |
-2.2 |
82.4 |
56.5 |
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2007 |
2.0 |
3.0 |
-2.2 |
80.6 |
55.8 |
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2008 |
-0.1 |
1.2 |
-4.5 |
88.5 |
61.7 |
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2009 |
-3.7 |
1.1 |
-9.8 |
103.4 |
73.4 |
|
2010 |
2.9 |
1.6 |
-8.8 |
111.5 |
79.7 |
|
2011 |
1.6 |
2.6 |
-7.4 |
116.5 |
85.1 |
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2012 |
1.4 |
1.6 |
-6.4 |
120.6 |
88.4 |
|
2013 |
1.4 |
1.3 |
-4.3 |
118.4 |
86.8 |
|
2014 |
1.8 |
0.8 |
-3.6 |
117.3 |
86.7 |
|
2015 |
2.1 |
0.5 |
-3.0 |
116.4 |
86.2 |
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2016 |
1.5 |
1.6 |
-3.3 |
119.5 |
88.1 |
|
2017 |
2.2 |
1.8 |
-3.2 |
117.4 |
85.9 |
|
2018 |
2.1 |
1.7 |
-3.4 |
117.1 |
86.1 |
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2019 |
1.6 |
1.6 |
-3.8 |
118.1 |
86.8 |
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2020 |
-4.9 |
0.6 |
-11.9 |
140.8 |
100.8 |
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2021 |
5.1 |
5.6 |
-8.4 |
137.3 |
101.2 |
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* Estados Unidos, Alemania, Japón, Reino Unido, Francia, Canadá e Italia.
Fuente: FMI.
En números gruesos, lo que muestra las cifras de las economías avanzadas en lo que va del siglo es una deuda bruta promedio de 80-85% del PIB hasta 2007, de 115-120% después de la crisis de 2008-2009, y que llegan a 130-140% tras la pandemia. No por nada, hay quienes hablan de escenarios apocalípticos con el aumento en las tasas de interés que ya comenzó. No es lo mismo pagar una tasa cercana a cero que una de 3% anual, por supuesto, aunque también es muy importante agregar que buena parte de las deudas públicas están con una tasa fija, buena parte con las tasas extremadamente bajas registradas en años recientes.
No contaban con la inflación
Pero hay una variable nueva en el escenario, no presente desde hace por lo menos 30 años: la inflación. Y la inflación se “come” o “licua” las deudas. Basta imaginar a una persona que prestó a otra, 10 mil pesos en el año 2000, y que recibe esa misma cantidad (sin intereses) en 2022. Evidentemente, no es el mismo poder de compra de ese dinero. Todo el stock acumulado de deuda será licuado por la inflación.
Además, durante este año, quizá también en 2023, el PIB de muchos países se va a “inflar” significativamente debido al incremento de los precios. Digamos que la inflación es 10% y la economía no crece en lo absoluto, mantiene exactamente la misma producción. El valor nominal del PIB aumentará en 10%. La relación deuda/PIB habrá de caer, a menos que la deuda aumente también en 10% o más. Sin embargo, eso no ocurrirá, porque los gobiernos ahora están reduciendo sus déficits fiscales y ritmos de endeudamiento desde 2021, y dicho proceso de consolidación fiscal continua este año.
Pero las tasas de interés están aumentando, y eso implica mayor pago por concepto de, precisamente, intereses. Sin duda, pero los aumentos en las tasas son muy inferiores a la inflación. Esto es, la tasa de interés real (ya quitando la inflación) es negativa.
En resumen: inflación que reduce el valor real de las deudas acumuladas por gobiernos, relación deuda/PIB que va a caer por la inflación, y habrá tasas de interés marcadamente negativas en términos reales por ese crecimiento de los precios. Si los déficits fiscales son reducidos con cierta rapidez, habrá una caída nada despreciable en dichas deudas, tanto en términos reales como proporción del PIB.
La inflación tiene muchas, muy numerosas desventajas. Precisamente por ello es un problema que se ha combatido una y otra vez, y que se pretende reducir lo antes posible para regresar a los niveles que prevalecieron durante este siglo y hasta 2020. Pero, al menos, también es una licuadora de deuda.