Sin anestesia
Terminó el Mundial y se disipa la anestesia colectiva que permitió a la crónica futbolera distraer la atención de los problemas nacionales. México regresa a sus pendientes, entre ellos una economía débil, un gobierno estadounidense que aumenta la presión en asuntos comerciales y de narcopolítica, y un régimen que enfrenta escándalos de corrupción, mientras continúa intentando concentrar más poder. Las perspectivas para los ciudadanos y sus autoridades no son promisorias y todo apunta a un importante impacto electoral en 2027.
El adormecimiento mundialista de la realidad mexicana ha sido pasajero y superficial. México albergó con gran ambiente un evento de decepcionante derrama económica, en donde nuestra gran selección tuvo su peor desempeño deportivo jugando como local (noveno lugar) comparado con los mundiales de 1970 y 1986 (sexto lugar). El país ha sido un gran anfitrión, pero un mal competidor, y esto disimula mal los problemas económicos y políticos rumbo a las elecciones intermedias que decidirán 500 diputaciones y 17 gubernaturas.
El primer problema que destaca es que el PIB de México se contrajo 0.6% en el primer trimestre de 2026, tras crecer apenas 0.5% en 2025. Lejos han quedado las optimistas expectativas de inicio de año de la Secretaría de Hacienda de un crecimiento por arriba del 2%. El consenso de diversas instituciones y especialistas es de una modesta expansión, cercana al 1%. El freno directo de la economía proviene de la incertidumbre percibida por los inversionistas, alimentada por los Estados Unidos y el deterioro político e institucional interno.
En el frente internacional, la revisión del T-MEC llega con acusaciones de que México se ha vuelto la puerta trasera por la que componentes chinos evaden las reglas de origen, y con la decisión de nuestro vecino del norte de no extender automáticamente el T-MEC por 16 años más y, en su lugar, realizar revisiones anuales. Si bien aún hay diez años de vigencia para renegociar el tratado, no deja de ser una mala señal el acortamiento del horizonte para sortear giros súbitos en la política comercial estadounidense mientras Trump sea presidente.
En lo político-criminal, el Departamento de Justicia acumula testigos protegidos y expedientes judiciales que incomodan al gobierno de México. Ya acusó a diez funcionarios mexicanos, entre ellos al gobernador de Sinaloa, y comienzan a revelarse acciones inéditas de la CIA y el FBI en territorio nacional. La negativa del Gobierno Federal a extraditar a los acusados arguyendo la protección de la soberanía nacional debilita la credibilidad en un verdadero combate a la corrupción y aproxima a los Estados Unidos al uso de su fuerza en México.
En el frente interno resalta la corrupción asociada a la protección política del crimen organizado, en particular del contrabando de combustible, que magnifica la inseguridad y la desconfianza en el manejo de los recursos públicos. Estas y otras situaciones se han traducido en un continuo aumento de la desaprobación de la política anticorrupción, la cual pasó de 52% en abril de 2025 a un 76% para finales de ese año, si bien tuvo un respiro notable al inicio de la Copa del Mundo, según la encuesta de aprobación presidencial de El Financiero.
Uno de los efectos más significativos de los problemas que viene arrastrando el régimen es la caída de la satisfacción de los mexicanos con la democracia, que ha pasado de 50% en 2024 a 33% en 2026, y que se liga fuertemente con las dificultades económicas, según los sondeos de Pew Research. Otro es la pérdida de respaldo electoral hacia Morena, aunque esta es más reciente, pues la intención de voto hacia este partido pasó de 46% a 39% de 2025 a 2026, según la encuesta de Buendía y Márquez para El Universal.
Sin el sopor mundialista, los próximos meses se avizoran difíciles para los ciudadanos y el régimen, aún si este llegara a subordinar al Instituto Nacional Electoral con las reformas que propone. Sin una oposición sólida, el desencanto con la democracia puede generar un abstencionismo sin precedentes. Con una medianamente decente, habría derrotas electorales inesperadas. En ambos casos, incluso si no hay alternancias significativas, habría una pérdida de legitimidad de la hegemonía del régimen.