Placebo estadístico
La Presidenta Claudia Sheinbaum, con la colaboración del INEGI, ha retratado con optimismo homeopático el sistema de salud en México, pero este ánimo no se sostiene con la evidencia más sólida disponible.
Entre 2015 y 2025 más mexicanos optaron por atenderse en servicios de salud privados, en particular en consultorios de farmacia, en vez de los servicios públicos. Esto es sintomático de un sistema de salud gubernamental que no proporciona adecuadamente lo que las personas demandan de él, aunque se perciba como accesible. La capacidad del gobierno para administrar dosis de datos alentadores no es alivio para una realidad enferma.
Un signo de optimismo es el uso de la cifra de población afiliada o con ‘reconocimiento de acceso’ a los servicios de salud en la Encuesta Intercensal 2025 del INEGI. De acuerdo con ella el 86.6% de la población accedería a tales servicios. Esto no es un logro, es un concepto medido por primera vez, sin cifra con la cual compararlo: no demuestra mejora, solo da una radiografía aislada. Lo que sí revela es una recaída del INEGI en el trastorno de introducir preguntas sobre asuntos vitales dificultando su comparación. Ya en 2024 el instituto cambió la forma de preguntar sobre las carencias de acceso a la salud para estimar la pobreza sin medir las consecuencias.
En el terreno de la información estrictamente comparable (las preguntas que mantuvieron la misma redacción en las Encuestas Intercensales de 2015 y 2025 y el Censo de 2020), el diagnóstico no es alentador. En él, se observa la caída de la afiliación a los servicios de salud en general de casi diez puntos porcentuales, al pasar de 82.2% en 2015 a 72.5% en 2025. Además, quienes se atienden en consultorios privados o de farmacia pasaron de 23.1% en 2015 a 33.3% en 2025. Hoy uno de cada tres pacientes se atiende fuera del sistema público, y como apenas 5% declara tener seguro privado, casi todo ese gasto sale del bolsillo.
El espejo del auge privado es la caída de los centros y hospitales de la Secretaría de Salud más Seguro Popular o IMSS-Bienestar según el año: de 38.6% de los usuarios en 2015 (con Seguro Popular) a 26.0% en 2025 (con IMSS-Bienestar). Esa fuga revela un sistema accesible en el discurso, no en la práctica. Importa porque no describe un cambio de gustos, sino hospitales sin medicamentos y consultorios saturados que empujan al paciente a sanarse por su cuenta. La consecuencia recae en los hogares de menores ingresos, donde la farmacia ya es la segunda opción de atención y, sin seguro privado convierte cada consulta en un gasto que agrava la economía familiar.
Ni el crecimiento en la afiliación al IMSS u otros servicios de salud asociados al trabajo que se tiene es necesariamente un logro de política sanitaria: refleja la creación de empleo formal, no una decisión deliberada de fortalecer la atención pública. La afiliación al IMSS subió de 32.2% a 39.2% de la población entre 2015 y 2025, pero por diseño: cada patrón que registra a un trabajador lo afilia automáticamente, sin que medie política de salud alguna. Lo mismo aplica al ISSSTE, Pemex, Defensa y Marina. Mientras tanto, la afiliación que sí dependía de decisiones deliberadas de gobierno, la gratuita, se desplomó.
La conclusión es dolorosa pues no depende del gobierno que se padezca: la gente está abandonando los centros de salud públicos por los consultorios privados y las farmacias. La tendencia precede al INSABI, empeoró con su implementación, y el IMSS-Bienestar no la revierte. La creación y difusión de una cifra reconfortante es solamente un placebo estadístico ante esta realidad.