Electricidad: Una propuesta viable para convertir un cuello de botella en una ventaja para el crecimiento
*En coautoría con Juan Carlos Belausteguigoitia
Antecedente
El Plan México, y de hecho todo intento de poner en marcha una política de transformación productiva para insertar a la economía mexicana en una senda de elevado y sostenido crecimiento, está críticamente restringido por la oferta de energía y agua. Las cifras oficiales más recientes indican que a junio de 2026, el índice de la rama 22 “Distribución y comercialización de energía eléctrica, suministro de agua y de gas natural” se encuentra cerca de 40% por debajo de su nivel promedio en 2019.
México: Producción industrial índice 4T-2022
Aún sin presentar aquí la información detallada de 2018 a 2026 de la producción del sector eléctrico, es de preocupar que -de acuerdo a estimaciones del IMCO con base en datos del FMI- la expansión del sistema eléctrico programada en el Plan de Desarrollo del Sector Eléctrico (PLADESE 2025-39) contempla una expansión de la oferta muy por debajo de lo que requiere el Plan México.
Según la fuente mencionada: “alcanzar las metas de crecimiento del Plan México implicaría una demanda de electricidad 10.1% superior a la que se considera en la planeación oficial hacia 2030.” Tal generación supera las posibilidades de la infraestructura actual y la prevista en PLADESE.
Para 2026-30, PLADESE proyecta un alza media anual de 2.5% del consumo de electricidad. El Plan México requiere un aumento anual de casi el doble: 4.5%. Sin tal expansión de la electricidad es imposible que la industria tenga dinamismo suficiente para el crecimiento elevado y persistente que le urge a la economía mexicana.
México: Variación anual del consumo eléctrico previsto en el PLADESE y el requerimiento implícito para satisfacer las metas del Plan México. 2025-203 (Aumento anual de Giga Watts-hora (GWh), en porcentajes)
Si México quiere insertarse en una senda robusta y sostenida de desarrollo, debe aprovechar las nuevas (y viejas) oportunidades de inversión asociadas con la relocalización de empresas. Para ello necesita, en especial, remover uno de sus principales cuellos de botella: la disponibilidad de electricidad suficiente, confiable, competitiva y limpia. La electricidad es un insumo fundamental para el bienestar de los hogares y para, prácticamente, toda actividad productiva.
Además, su importancia seguirá acentuándose. La demanda de electricidad crece a un ritmo proporcionalmente mayor que el ingreso; sectores como el transporte y la industria se están electrificando cada vez más. Y actividades emergentes, como los centros de datos y la inteligencia artificial, son particularmente intensivas en electricidad.
Urge inversión adicional para aumentar significativamente la capacidad de generación eléctrica y asegurarse que ésta cumpla con los estándares internacionales de eficiencia, competitividad, y sustentabilidad ambiental. Ello obliga, en mayor o menor medida, a modificar algunos marcos regulatorios a fin de reducir la incertidumbre e incentivar asociaciones público privadas responsables, en todos los ámbitos de la industria eléctrica, incluyendo su generación y transmisión, inter alia.
Nuestra propuesta es hacer las modificaciones del presupuesto y los cambios en materia de regulación del sector para dar un gran impulso de la inversión pública en coordinación con el sector privado, para ampliar y modernizar la capacidad de generación, transmisión y almacenamiento de energía eléctrica; removiendo así una restricción acuciante al crecimiento económico.
Propuesta
Hacer del desarrollo de la infraestructura eléctrica una prioridad central de la política de crecimiento, aprovechando al máximo las facultades regulatorias y administrativas existentes es posible, sin esperar una nueva reforma legal. Proponemos cuatro acciones que se pueden ejecutar en el corto plazo:
i). Dar mayor flexibilidad al almacenamiento y al respaldo eléctrico.
Las convocatorias promueven la incorporación de baterías asociadas a nuevas plantas de generación. El objetivo correcto, sin embargo, no debería ser obligar a una tecnología específica, sino asegurar que el sistema cuente con la flexibilidad y el respaldo que necesita, al menor costo posible. El respaldo puede proporcionarse de muchas formas: almacenamiento, generación flexible, respuesta de la demanda u otros servicios del sistema. Debe permitirse que estos recursos se ubiquen donde generen mayor valor y puedan prestar distintos y necesarios servicios. Una regulación tecnológicamente neutral y mayor flexibilidad en los permisos permitirían aprovechar mejor la inversión privada, reducir costos y aumentar la confiabilidad y flexibilidad del sistema.
ii). Cambiar el modelo de desarrollo de la transmisión.
México necesita acelerar significativamente la expansión de su red de transmisión. El modelo tradicional de inversión pública financiada por CFE no parece suficiente dada la magnitud y velocidad de las necesidades actuales. Deben explorarse esquemas competitivos de participación privada, como los utilizados con éxito en otros países de América Latina, que permitan licitar proyectos de transmisión con reglas transparentes, competencia por costos y plazos definidos. El objetivo debe ser ampliar la transmisión, en menor tiempo y al menor costo posible.
iii). Anticipar las necesidades eléctricas de los nuevos polos de inversión, particularmente los centros de datos.
Querétaro, Nuevo León y Baja California, entre otros estados, pueden recibir inversiones muy importantes en centros de datos y actividades asociadas con la inteligencia artificial. Estas inversiones requieren no sólo grandes cantidades de electricidad, sino también una calidad y confiabilidad excepcionalmente altas. Es necesario desarrollar soluciones específicas para estos polos, incluyendo esquemas de autoconsumo de mayor escala y reglas de interconexión y suministro distintas de las diseñadas para parques industriales tradicionales. La regulación debe permitir que la inversión en generación, almacenamiento, redes y respaldo acompañe oportunamente a la demanda.
iv). Reducir la discrecionalidad y aumentar la certidumbre regulatoria.
En electricidad, la velocidad y previsibilidad de las decisiones son tan importantes como las propias reglas. Se requieren criterios claros, transparentes y públicos para permisos, interconexiones, acceso a la red y desarrollo de infraestructura; plazos definidos; ventanillas y procesos coordinados; y mecanismos de seguimiento que reduzcan la incertidumbre para los inversionistas. La certidumbre regulatoria debe convertirse en un activo de la política de crecimiento.
El objetivo no es simplemente producir más electricidad. Es construir, con rapidez y al menor costo posible, un sistema eléctrico capaz de acompañar el crecimiento de México. Si el país logra ofrecer electricidad abundante, confiable, competitiva y limpia, puede convertir una restricción potencial en una ventaja decisiva para atraer inversión, elevar la productividad y aprovechar plenamente la relocalización de empresas.
Como conclusión
Sin asegurar la ampliación, modernización de la oferta eléctrica en el marco de energías limpias, México corre el riesgo de perder inversiones, y de dejar pasar oportunidades de transformaciones profundas y muy necesarias de nuestra estructura productiva para volverla más eficiente, más sustentable, más competitiva. Esa pérdida limitaría las posibilidades de salir de la trampa de lento crecimiento, desigualdad, insuficiente generación de empleos formales, y cuestionable sustentabilidad ambiental en la que lleva nuestra economía décadas sumida. Estaríamos desaprovechando una oportunidad económica única.
*Juan Carlos Belausteguigoitia; profesor y director del Centro de Energía del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).