La verdadera prueba del Paquete Económico 2027 no estará en el objetivo de déficit

El Paquete Económico 2027 probablemente cuadrará en el papel: menor déficit y deuda estabilizándose. La verdadera prueba estará en los supuestos que sostienen esas cuentas.
6 Septiembre, 2026
Edgar Amador, secretario de Hacienda y Crédito Público.
Edgar Amador, secretario de Hacienda y Crédito Público.

El próximo martes el gobierno entregará al Congreso el Paquete Económico 2027. Como cada año, buena parte del debate se concentrará en si habrá reforma fiscal, cuánto recibirá Pemex y qué tan creíbles son los supuestos de crecimiento, inflación, tasas y petróleo contenidos en los Criterios Generales de Política Económica. Todas son preguntas relevantes. Pero hay otra a la que conviene prestar especial atención, porque las calificadoras seguramente lo harán: ¿el paquete contiene una trayectoria fiscal capaz de estabilizar la deuda?

Recordemos que Moody’s dejó a México en Baa3 en mayo, el último escalón del grado de inversión. S&P mantiene una perspectiva negativa ante el deterioro de la flexibilidad fiscal y Fitch ha advertido que Pemex sigue representando un lastre para la calificación soberana. Las metodologías difieren, pero las tres miran esencialmente el mismo problema: bajo crecimiento, gasto rígido, elevado costo financiero y apoyo persistente a Pemex reducen la capacidad del gobierno para estabilizar la deuda. 

Las calificadoras mirarán el déficit, pero no se detendrán ahí. Un déficit puede bajar y la deuda seguir subiendo. Esa es precisamente la distinción importante para leer el Paquete Económico 2027. La aritmética es relativamente sencilla. Para que la deuda como proporción del PIB deje de crecer, el balance primario —ingresos menos gasto antes de intereses— debe ser suficiente para compensar la diferencia entre lo que cuesta financiar la deuda y lo que crece la economía. 

En México, el costo financiero aprobado para 2026 es de alrededor de 1.57 billones de pesos, equivalente a 4.1% del PIB. Frente a una deuda cercana a 50% del PIB, eso implica una tasa de interés implícita —el costo promedio que paga el gobierno sobre el saldo total de su deuda— de aproximadamente 8%. Si la economía crece alrededor de 1.3% en términos reales y cerca de 5.3% nominales, estabilizar una razón de deuda cercana a 51.5% del PIB exige un superávit primario del orden de 1.3%.

Este es el número relevante. Lo programado para 2026 es aproximadamente 0.5% del PIB, pero esa cifra se construyó suponiendo un crecimiento económico de 2.3%, casi el doble de lo que hoy espera el consenso. De hecho, entre enero y julio, el superávit primario observado equivale a menos de 0.1% del PIB. Si en 2027 el costo financiero permanece alrededor de 4% del PIB, un déficit de 3.5% implicaría un balance primario cercano a medio punto. Frente al 1.3% necesario bajo los parámetros actuales, la brecha sería de alrededor de 0.8 puntos del PIB.

Mientras el balance primario sea insuficiente para compensar el diferencial entre el costo de la deuda y el crecimiento nominal, la razón deuda/PIB seguirá aumentando. El déficit puede mejorar y, aun así, la dinámica de la deuda seguir siendo desfavorable. 

Los datos de 2026 parecen, a primera vista, contradecir este diagnóstico. A julio, el déficit presupuestario fue alrededor de 268 mil millones de pesos menor a lo programado, existe un pequeño superávit primario y el costo financiero ha disminuido en términos reales. Mirado así, la consolidación parece avanzar.

El problema está en la composición. El déficit es menor, en buena medida, porque no se ha gastado lo programado: el subejercicio supera los 400 mil millones de pesos. Los ingresos tributarios muestran poco crecimiento real y la recaudación de ISR ha perdido dinamismo. Parte de la mejora del costo financiero proviene, además, del descenso previo de las tasas. Con Banxico en 6.5% desde mayo, ese impulso será menor hacia adelante, aunque el costo promedio de la deuda se ajuste con rezago. 

La pregunta relevante para 2027 es, entonces, de dónde saldrá el balance primario adicional. Pensiones, participaciones a estados y costo financiero absorben una parte creciente del gasto. Las pensiones equivalen ya a cerca de tres cuartas partes de toda la recaudación de ISR. El margen de ajuste termina concentrándose en los rubros más flexibles, entre ellos la inversión física. Aquí hay una pequeña trampa fiscal. Si la consolidación descansa principalmente en recortar inversión para proteger gasto rígido, el déficit mejora hoy, pero el crecimiento potencial se debilita mañana. Se reduce precisamente el denominador que ayudaría a estabilizar la razón deuda/PIB. 

Pemex complica todavía más esa ecuación. Las calificadoras ya incorporan distintos grados de apoyo gubernamental a la empresa y S&P supone que el gobierno cubrirá sus amortizaciones. La autosuficiencia financiera prometida para 2027 no puede darse por descontada.

Nada de esto implica que una baja de calificación sea inminente ni que un déficit de 3.5% sea un mal resultado. México cuenta todavía con defensas importantes: un mercado de deuda profundo, una deuda predominantemente denominada en moneda local, un banco central creíble y un tipo de cambio flexible. 

No obstante, el espacio de maniobra fiscal se estrecha rápidamente. El Paquete Económico 2027 probablemente salvará la cara en el papel: mostrará un déficit menor y, seguramente, una trayectoria de deuda que se estabiliza en el mediano plazo. La verdadera prueba estará en los supuestos que sostienen esa trayectoria: cuánto crecimiento se necesita, qué balance primario se proyecta, qué costo financiero se supone, cuánto puede aumentar la recaudación y qué apoyo adicional requerirá Pemex.

México todavía conserva el grado de inversión, pero está cada vez más cerca del límite. Con Moody’s en el último escalón y S&P en perspectiva negativa, ya no hay demasiado espacio para equivocarse. Si la deuda continúa aumentando sin una fuente permanente de ajuste fiscal, defender la calificación será cada vez más difícil.

Delia Paredes Mier Delia Paredes Mier Delia Paredes apoya la toma de decisiones a inversionistas internacionales, líderes empresariales y gestores de activos a través del análisis económico desde hace casi 20 años. Es consultora independiente y docente en la Universidad Anáhuac y en el Tec de Monterrey. Miembro del Comité de Estudios Económicos en el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF) y del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI). Delia Paredes es Maestra en Economía por la London School of Economics (LSE).