La estabilidad macro bajo sospecha

¿Dónde está la solidez de las política macro: monetaria, cambiaria y fiscal si, hoy por hoy, las tres tienen fuerte orientación contractiva a pesar de que la economía está virtualmente estancada?
8 Septiembre, 2026
La estabilidad macro bajo sospecha.
La estabilidad macro bajo sospecha.

*Por Juan Carlos Moreno Brid, Samer Naime Ferguson, Isabel Huerta.

Hoy es el día en que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) presenta al Congreso el paquete fiscal para el 2027.  Múltiples voces coinciden en que, si bien se deben tomar medidas para impulsar el crecimiento y la equidad, una prioridad central debe ser preservar la estabilidad macroeconómica. Imposible estar en desacuerdo. Si tenemos estabilidad macro sería absurdo descuidarla. ¿La tenemos? 

Pues para comenzar ¿Qué se entiende por estabilidad macroeconómica?

Tomando para empezar la definición convencional, se entiende por estabilidad macro mantener una inflación baja, con escasa volatilidad y finanzas públicas sólidas; de preferencia sin déficit, tal que la deuda pública como proporción del PIB esté en una trayectoria sostenible de largo plazo. Una definición un poco más amplia implicaría que el tipo de cambio real no esté apreciado de manera significativa y que la tasa de interés real esté en su nivel “natural”, acorde con el nivel de producto potencial.

¿Cómo está la economía mexicana en estos aspectos? ¿Cumple los requisitos de estabilidad macro?

Comencemos por la pauta de la inflación. En su más reciente reporte trimestral (2T 2026), Banxico anunció la "conclusión del ciclo de recortes iniciado en marzo de 2024". Con ello, cerró con una tasa de referencia de 6.50%. Así, en línea con la perspectiva de los bancos centrales en el mundo, admite que la batalla contra la inflación no ha sido ganada por lo que por lo pronto no es conveniente seguir bajando la tasa de interés de referencia. Ello, cabe subrayar, a pesar de que la actividad económica en el país está debajo de su nivel potencial.

En los hechos, ello implica que -como el mismo banco central reporta- hoy por hoy la tasa de interés real está en un nivel extraordinariamente por encima del correspondiente a la brecha, al rezago del PIB real respecto de su nivel potencial. Por cierto, para el segundo trimestre se reportó una inflación general de 3.92% y una subyacente de 4.16%; en la parte superior de la banda.

Un aspecto relacionado, que no se puede ignorar, es que a este nivel de la tasa de interés de referencia de México, vis-à-vis la de EUA, el peso sigue posicionado como una moneda muy fuerte entre las de economías emergentes. El denominado "súper peso", al inicio de septiembre cotiza a 16.88 pesos por dólar; niveles de pre-pandemia. Y, para ponerlo en perspectiva, el índice Big Mac de julio de 2026, que elabora la revista británica The Economist, registra una apreciación real del peso mexicano de 0.8% frente al dólar de Estados Unidos, pero de 40% o más frente a monedas de competidores en el mercado mundial como Vietnam, Japón, Indonesia, Brasil y otros países.

Esta sobrevaloración cambiaria real del peso a veces se desdeña en aras de que las exportaciones crecen rápidamente. Pero cabe subrayar que -a pesar que la economía mexicana está estancada- sus importaciones se expanden con mayor dinamismo impulsadas por la apreciación real del peso. En otras palabras, el peso fuerte mina la competitividad de nuestras exportaciones netas.

Recapitulando, hoy por hoy, tanto la política monetaria como la cambiaria tienen un sesgo recesivo que frena la actividad productiva y la rezaga de su potencial de expansión de largo plazo. Con ese desempeño ¿tenemos estabilidad monetaria y cambiaria? Quizá, pero a un costo brutal en términos de la actividad económica y el empleo. .

¿Y puede calificarse de sólido y estable el componente fiscal? Tampoco. El gobierno actual heredó del sexenio anterior un déficit de 5.8% del PIB, el más alto en décadas, y una deuda pública total de 52% del PIB.

Abatir el déficit ha sido y sigue siendo prioridad (frustrada) de la agenda de política macro de 2025-26. ¡Y lo es más para el 2027 pues se ha intensificado la presión de las calificadora de riesgos al deteriorar su valoración de la deuda de México.

¿Dónde está la solidez de la política fiscal si ante las presiones de las calificadoras se ve obligada a hacer un fuerte ajuste presupuestal de quizá casi dos puntos del PIB?

Preocupa, y mucho, que no obstante registrar un superávit primario y una economía estancada, es de esperar un ajuste fiscal más profundo en 2027 quizá ¿con contracción de la inversión?

En otra palabras, ¿dónde está la solidez de las política macro: monetaria, cambiaria y fiscal si hoy por hoy las tres tienen fuerte orientación contractiva a pesar de que la economía está virtualmente estancada?

Recuérdese que en los Criterios Generales de Política Económica de 2025 y 2026 el gobierno se había fijado como meta reducir los Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP) de manera significativa. Tan no se logró -a pesar de la reducción aguda de la inversión pública- que en meses recientes la calificadora Fitch Ratings ratificó la calificación de México como BBB menos, Standard and Poor's cambió su panorama sobre México de estable a negativo, y Moody's decidió reducirla más.

En suma, es importante poner atención en preservar la solidez y estabilidad macroeconómica; sin duda. Pero para ello en primer lugar es indispensable asegurar la solidez de las políticas macroeconómicas: fiscal, monetaria y cambiaria. Hoy en día, las tres acusan un carácter recesivo, que presionan a la baja la actividad productiva del país, no obstante que esta se encuentra virtualmente estancada por debajo de sus niveles potenciales.

Sin una reforma fiscal profunda será muy difícil, por no decir imposible, lograr una política macro robusta capaz de ayudar a insertar a México en una senda de crecimiento elevado, persistente y sustentable de largo plazo compatible con reducciones de la desigualdad. Tarde que temprano habrá que hacerlo.

 

*Juan Carlos Moreno Brid; tutor de Maestría y Doctorado en el Programa de Posgrado en Economía, UNAM.

Samer Naime Ferguson e Isabel Huerta (UNAM).