El costo de declarar la guerra a las mujeres mexicanas

08-03-2021 08:43

Cuántas voces se hacen oír en este Día Internacional de los Derechos de las Mujeres. En México cada #8M se nos desgarra el corazón al conocer las nuevas y crecientes cifras de mujeres víctimas de violencia, sexual, laboral, económica, política, doméstica, en todas sus modalidades, a la par de un 99% de impunidad en estos casos de violencia. Impunidad que alienta la misoginia y que señala al Estado que la tolera.

Cuanto más alzamos la voz por la justicia y la igualdad, más resistencia hay por escuchar y actuar. Es tal el miedo de perder poder, control, privilegios, y un sistema patriarcal abusivo que quienes hoy lo detentan prefieren esconderse tras una muralla y pontificar desde Palenque “no tengo miedo”.

Es más fácil amurallarse para no ver, no oír y no reconocer la evidencia incómoda: la violencia y discriminación en contra de las mujeres desde el Estado Mexicano va en aumento. Es más fácil pero muy costoso.

Declararle la guerra a 64.5 millones de mujeres que poblamos México, o sea el 51.2% de la población, le costaría millones de votos a Morena y pérdida de capital político a su encarnación: AMLO. En pleno siglo XXI promover la impunidad y desmantelar desde el Estado los derechos de las mujeres y la igualdad de género, traerá altos y perniciosos costos a la sociedad mexicana y también a su promotora: MORENA y su tlatoani.

Ahí, en la valla de la infamia que escuda a Palacio Nacional, quedan inscritos los testimonios de las  violencias impunes, los nombres de las mexicanas que hemos perdido a manos de feminicidas, las voces canceladas de madres como Marisela Escobedo cuya valentía y determinación quisiéramos ver en nuestras fiscalías y jueces;  en la valla de la vergüenza quedará impresa la historia de un gobierno que dice Ya Chole con las feministas, que está muerto de miedo tras su fracaso como pacificador, justiciero y creador de valor social.

Ahí podremos leer las desgarradoras tragedias de niñas y mujeres que llegaron al mundo con una misión en la ciencia, el arte, la política, la enseñanza, la innovación, la justicia y que algún macho decidió interrumpir porque pudo, porque no hay riesgo de ser castigado por agredir a una mujer, acosarla, explotarla, violarla o asesinarla. Si el misógino es hombre acaudalado o protegido por alguna cúpula tanto más fácil es delinquir. En un país en que 99% de los actos de violencia en contra de las mujeres quedan impunes, es un cinismo decir que “es inocente hasta en tanto no se demuestre lo contrario”. Ni siquiera llegan a abrir carpetas de investigación en la enorme mayoría de los casos.

En Palacio Nacional no solo hay historias y nombres plasmados en la muralla de la soberbia y la complicidad. También hay mujeres vivas como el grupo de mujeres y niñas triquis de Oaxaca que se han plantado para exigir al presidente justicia ante el secuestro, tortura y saqueo del que fueron víctimas en su pueblo, en donde la Guardia Nacional brilla por su ausencia. Sin comer durante 14 días que duró su cautiverio, lo primero que hicieron al ser liberadas fue marchar hasta la capital del país para encontrarse una larga valla llena de nombres de mujeres asesinadas, violadas, acosadas que siguen en espera de justicia. Las mujeres triquis se sienten muy agraviadas por el actual gobierno, pues nada más lacerante que la apatía y omisión del poderoso: no muevo un dedo porque tu vida, tu familia, tu seguridad y tu libertad, no me importan, no las necesito para seguir ganando elecciones. Las mujeres y su lucha son, de acuerdo al Presidente, otra artimaña de la derecha conservadora. ¿A ese grado ha llegado su fanatismo ideológico?

Qué grave error humano, moral y político de AMLO y su partido.  En junio Morena pagará los costos de habernos declarado la guerra a las mujeres serranas, capitalinas, indígenas, mestizas, pobres, ricas, empleadas y desempleadas, jóvenes como la médica Mariana o adultas mayores.

A todas nos ha perjudicado, ignorado, atropellado el Señor presidente. Su desdén por las mujeres y sus derechos; la soberbia de apoyar a un salvaje que se afana en ser un Toro; desmantelar instituciones sociales que apuntalaban la igualdad de género, todo ello será el principio del fin de Morena. Ni las morenistas manipuladas y acomodaticias le alcanzarán para enmendar esta grave guerra declarada.

AMLO no reconoce que sus palabras, omisiones y acciones no han hecho sino agravar la situación de las mujeres en México. Ser mujer en México es hoy más peligroso que hace una década y cómo no,  si quien gobierna es el primero en denostarnos.

Nada, la muralla de Palacio Nacional no hace más que revelar la debilidad de quien tiene miedo de perder el poder, el control autocrático, y el sistema patriarcal que fomenta a través de la impunidad avalada desde la silla presidencial y el desmantelamiento de instituciones pro igualdad de género.

Eso sí, su miedo no es infundado, Morena y AMLO pierden hoy el respeto y mañana los votos  de por lo menos la mitad de su electorado, aquella mitad a la que le declararon la guerra a través de acciones y omisiones y  una muralla cobarde.

Pero esto apenas empieza. Ahí donde la estatura de un mandatario no alcanza, donde flaquea la justiciabilidad de los derechos y la prevención de la violencia y la discriminación, ahí es puebla y pueblo cuando podemos ejercer la soberanía a través de la denuncia en redes sociales, la movilización ciudadana y sobre todo a través de nuestro voto este 6 de junio. No votemos por quienes no actúan en favor de la igualdad de género, la justicia, la inclusión y el combate a la violencia. Obras son amores y no buenas razones, así es sabia Juana de Asbaje.

 


Una disculpa por distraer mi columna del 8 de marzo para volver a pelear batallas que creíamos ganadas en México. Ahora tenemos que convencer al Jefe de Estado de lo que pasa en sus narices, de la violencia e impunidad crecientes, del patriarcado asfixiante dentro y fuera del hogar.

 Qué pena, queridas lectoras y lectores que en este importante día 8M no haya podido dedicar esta columna al talento femenino que tanto aporta a la luz y sabiduría del mundo:

 - A las científicas como Katalín Karikó, precursora de la vacuna contra el COVID 19, que nadie escuchó por muchos años.

 -  A mujeres economistas que sí buscan una mayor y mejor forma de creación y distribución de valor, mujeres galardonadas con el Premio Nobel de Economía:  Elinor Ostrom y Esther Dufló, o a Mariana Mazucatto que algún día quizá lo reciba;

 - A la periodista Anabel Hernández y las mujeres de Cherán, Michoacán,  heroínas mexicanas que sí luchan contra la impunidad;

 - A Yásnaya Elena que sí defiende a las indígenas y su patrimonio;

 - A Irene Vallejo, filóloga española y a la feminista poeta y cuentista brasileña que nos dejó unos zapatos grandes, Clarice Lispector.

Cuánto le debemos a millones de mujeres mexicanas visibles e invisibles, que con su inteligencia, valentía, trabajo diario y sabiduría, han logrado dar pasos gigantes y cambiar su entorno en beneficio de un mundo más libre, más humanizante, más justo. Ellas nos han acercado al México que sí queremos uno de paz, justicia, ciencia, educación, libertad y armonía con la naturaleza, uno en que niños y niñas tienen las mismas oportunidades de elegir su camino para llegar a ser la mejor versión de sí mismas (o) sin escalones extra qué escalar ni patriarcas explicando y ordenando qué rumbo tomar.

A cada una de ellas gracias eternas, a las que ya no están aquí, su muerte no fue en vano, son nuestra fuerza, inspiración, nuestra razón de lucha.