Para evaluar la consulta

28-07-2021 08:49

La consulta popular de inicios de agosto tiene el potencial de impulsar la impartición de justicia, o de obstaculizarla, según la forma en que se interprete su pregunta y la respuesta dada a ella.

Lo que no es ambiguo es que el presidente Andrés Manuel López Obrador, como originador y principal exégeta del ejercicio, puede amasar un importante capital político, o perderlo, dependiendo del número de votantes efectivamente involucrados ¿Cómo evaluar el éxito o fracaso político de la consulta popular?

La pregunta, redactada por la Suprema Corte, es sumamente ambigua. Solicita saber si se está de acuerdo con tomar acciones (¿de qué naturaleza?) pertinentes (¿en qué sentido?) para emprender un proceso (¿de qué clase?) de esclarecimiento (¿de qué tipo?) de las decisiones políticas (¿sin distinción?) del pasado (¿de qué periodo?) por los actores políticos (¿cualquiera de ellos?) para garantizar (¿cómo?) la justicia (¿desde qué perspectiva?) y los derechos (¿cuáles?) de las posibles víctimas (¿quiénes?).

Tal ambigüedad deja en manos del presidente el actuar en cualquier sentido, sin importar la respuesta, y lo único que da fortaleza o debilita su proceder es el número de participantes involucrados. A mayor participación en la consulta, mayor el apoyo político amasado para lo que desee. A menor número de participantes, mayor rechazo a cualquiera de sus decisiones. La consulta es un pequeño refrendo de su gestión.

En el sentido antes expuesto, el éxito rotundo de la consulta ocurre si acude a votar al menos el 40% de la Lista Nominal de Electores, lo que la hace legalmente vinculante, es decir poco más de 37 millones de participantes. Mostrar tal capacidad de convocatoria es signo de fuerza. Además, con el triunfo del ‘no’ el presidente obtiene un impulso extra, pues es la opción favorecida por él para dar punto final a la persecución del pasado.

En sentido opuesto, el fracaso más estrepitoso se da si no se movilizan ni a los cerca de 17 millones de votantes de MORENA que favorecieron a este partido en las pasadas elecciones intermedias. Esto significa una erosión de la base elemental del apoyo al presidente y anticiparía una debilidad notable de su gestión. El triunfo del ‘sí o del ‘no’ pasa a segundo término ante el indudable rechazo a la iniciativa presidencial.

La línea divisoria entre el éxito y el fracaso político del presidente son los cerca de 30 millones de votos que alcanzó su candidatura en coalición en 2018. Una participación de igual o mayor número de votantes es un triunfo tras casi tres años de desgaste gobernando. Menos que eso sería un revés para legitimar en alguna medida sus acciones.

Quizás estas cifras son generosas al considerar sólo la movilización de quienes ya simpatizarían con la consulta y no tomar en cuenta a los indecisos respecto a su pertinencia y utilidad. Sin embargo, son útiles para matizarla, lo cual es importante, pues ante lo confuso de lo que se pregunta es prácticamente imposible decir que todo se gana o todo se pierde sin referencia a la capacidad de convocatoria presidencial y de sus adeptos.

La consulta, sin duda, puede apreciarse en relación con el apoyo que en el pasado ha recibido el presidente, su partido o las coaliciones que lo han acompañado. Sin embargo, es tanto o más iluminante verla como un anticipo de lo que podría ocurrir en 2022 con la consulta para la revocación de mandato.

En la consulta del próximo año mucho más estará en juego. Con los resultados de la actual, el oficialismo puede tener una idea del esfuerzo adicional que tendrá que hacer para movilizar a sus potenciales simpatizantes, y la oposición para derrotarlos por completo.