La vacunación como prioridad

10-02-2021 06:19

Si no son las vacunas las que salvan vidas sino la vacunación de personas, menos las salvan los registros por internet frustrados para recibir la vacuna o las miles de brigadas de vacunación sin sustancia que inocular. La errática y por momentos fallida política de vacunación del gobierno federal puede costar decenas de miles de vidas, por lo que requiere recuperar su foco y aumentar sus recursos.

En el camino a la vacunación de 15 millones de personas para finales de abril, establecido por el documento rector de la política nacional de vacunación, México lleva menos de 0.5% del objetivo.

Lo que a mediados de diciembre de 2020 era festejo, porque el país era una de las quince naciones en el mundo con acceso a vacunas, se ha convertido en un preocupante lugar 57 en la vacunación por cada 100 habitantes, de acuerdo al sitio Our World in Data. Adicionalmente, el ritmo de aumento en la aplicación de vacunas en el último mes no coloca en un mucho mejor lugar el esfuerzo realizado por el país.

Es verdad que los retrasos en la producción de vacunas a nivel mundial han afectado a México, pero también lo es que esta situación no explica todo el problema. El país se encuentra por abajo del promedio de América del Sur en cuanto a vacunación por cada 100 mil habitantes, y países con un similar o menor nivel de desarrollo, como Sri Lanka o Marruecos, presentan un mejor desempeño en este indicador.

En ese atasco podrían ocurrir 34 mil nuevas muertes por COVID 19 para finales de abril, a sumarse a las más de 168 mil registradas oficialmente hasta la primera semana de febrero, de acuerdo al Institute of Health Metrics and Evaluation. Lo anterior llevaría a alcanzar 3 veces y un tercio el escenario muy catastrófico definido por la propia autoridad sanitaria, magnificando el daño irreparable que ha significado la pandemia y su manejo.

Por lo anterior, resulta perfectamente razonable proponer que la vacunación sea la prioridad de la política pública, como lo ha planteado un amplio grupo de académicos y científicos mexicanos. En este marco tendría mucho sentido absorber recursos de los programas presidenciales insignia, como la refinería de Dos Bocas o el Tren Maya, para acelerar la compra de vacunas y su fabricación en México. Sin embargo, aún se requeriría ir más lejos, involucrando, por ejemplo, al sector privado en la administración de las vacunas bajo las prioridades y la supervisión del Consejo Nacional de Salubridad.

Ciertamente priorizar la vacunación no resuelve por completo los retrasos sufridos ni los tiempos de espera previstos. Al ritmo actual, tomaría cerca de 63 años que la mitad de la población del país con más de 29 años se vacunara.

Si el esfuerzo adicional restituyera los tiempos previstos por el plan de vacunación del gobierno federal, este tiempo se reduciría a poco más de un año (ver el sitio de Omni Calculator). Dependiendo del esfuerzo gubernamental y privado, la espera real estaría entre esos dos tiempos. Mientras tanto, se requeriría fortalecer la política de uso obligatorio de cubrebocas, transparentar la información del ritmo de aplicación de las vacunas y dar seguimiento puntual a los casos de contagio para su cuarentena.

El gran obstáculo para que el presidente López Obrador ponga en práctica todos los cambios necesarios a la estrategia sanitaria actual es que el enorme número de fallecimientos por la pandemia y la frustración por la lentitud en hacer llegar las vacunas no le ha representado un importante costo político en pleno año electoral. Esto, sin embargo, puede modificarse, aunque está por verse con qué rapidez y a qué costo en vidas.