¿Qué falló en el manejo de la pandemia del COVID-19?

¿Por qué tuvieron que morir tantas personas en la pandemia? ¿Por qué la economía mundial cayó en caída libre arrojando a millones de personas a la pobreza? ¿Se pudo hacer algo diferente? La fatiga por la pandemia nos ha hecho dar una apresurada vuelta a la página y pretender vivir en una nueva normalidad. Sin embargo, nada es normal aún. Nuestro mundo cambió diametralmente con la pandemia y aún no entendemos por qué. Hay preguntas sumamente relevantes y difíciles que aún no tienen respuesta. Esta semana en un nuevo artículo en la revista Este País, se plantea una pregunta muy simple, pero a la vez, muy difícil de responder: ¿Qué falló en el manejo de la pandemia?
8 Noviembre, 2022

¿Por qué tuvieron que morir tantas personas en la pandemia? ¿Por qué la economía mundial cayó en caída libre arrojando a millones de personas a la pobreza? ¿Se pudo hacer algo diferente? La fatiga por la pandemia nos ha hecho dar una apresurada vuelta a la página y pretender vivir en una nueva normalidad. Sin embargo, nada es normal aún. Nuestro mundo cambió diametralmente con la pandemia y aún no entendemos por qué. Hay preguntas sumamente relevantes y difíciles que aún no tienen respuesta. Esta semana en un nuevo artículo en la revista 'Este País', se plantea una pregunta muy simple, pero a la vez, muy difícil de responder: ¿Qué falló en el manejo de la pandemia?

En Memoria de Nicole Schiegg 

 

Hoy es mi cumpleaños 44. Por primera vez en 2 años pude reunirme con familia y amigos. Nos vimos en persona, nos abrazamos y me acompañaron a celebrar un año más de vida. El recuerdo de la pandemia quedó muy atrás. Hoy parecen sacadas de una película de ciencia ficción esas celebraciones al aire libre, con dos metros de distancia y los paseos dantescos a casa de mi suegro donde mis hijas veían a su abuelo tras unas rejas que no podíamos abrir. Sobrevivimos a la pandemia y nos apresuramos a perseguir una nueva normalidad.

Lamentablemente, esa no es la realidad para todos. En el mundo, más de medio millón de personas de mi generación, no volverán a celebrar un cumpleaños, al haber perdido la vida durante la pandemia. En total, son cerca de 15 millones las personas que fallecieron por causas directas o indirectas relacionadas con el COVID-19. Personas que tienen un rostro y un nombre, familias que conocemos, para quienes habrá un mundo antes y después de la pandemia.

Como si el número de muertes no fuera suficiente, la pandemia trajo enormes pérdidas económicas que aún no llegamos a entender. Son casi 100 millones las personas en el mundo que fueron arrojadas a la pobreza tras la crisis económica que detonó el COVID-19. Aún no sabemos cuantos niños abandonarán la escuela para siempre. Más allá de las millonarias pérdidas económicas estimadas por los especialistas, la pandemia truncó esperanzas y sueños.

Muchas cosas que sucedieron en ese annus horribilis de 2020 permanecerán en la memoria. Con el anuncio del confinamiento, tengo el recuerdo vívido de una punzada en el estómago, un escalofrío que recorrió mi cuerpo de punta a punta, y un miedo enorme a enfrentar algo completamente desconocido. Ese escalofrío lo he sentido solo dos veces en mi vida. Primero, durante la crisis de 1994 cuando mi padre perdió su empleo, y años después cuando supe que fallecería mi madre. No deja de ser irónico que la economía y la salud que me habían marcado de manera tan profunda, se encontraran ahora en la forma de una pandemia asesina.

Impotencia, creo que eso resume ese año para mí. Impotencia por no poder hacer absolutamente nada más que encerrarme para evitar que el virus entrara a mi hogar. Impotencia, por no tener ninguna respuesta cuando mis hijas preguntaban cuando terminaría eso. Impotencia por darme cuenta de que nadie, en mi estado, país y posiblemente en el mundo supiera qué se tenía que hacer. La frustración, sin embargo, dio paso a la resignación y después al pragmatismo. Las metas cambiaron y cerca de mi cumpleaños en 2020 me prometí que haría todo lo necesario para sobrevivir el desastre.

Hay ocasiones que la vida nos da tremendas sorpresas. Mi más grande sorpresa fue que dos años después de ese 2020, me encontraría colaborando con la Organización Mundial de la Salud en una de sus iniciativas de más alto perfil a raíz de la pandemia.

En noviembre del 2020, la OMS creo el Consejo de Economía Salud para Todos liderado por la profesora Mariana Mazzucato, una de las economistas más brillantes de este siglo. El Consejo tiene la nada fácil tarea de acercar la economía con la salud. Nuevamente, la economía y la salud dejarían una marca en mí. Sin embargo, esta vez como investigador en el Secretariado del Consejo, tendría la oportunidad de contribuir con propuestas de solución a uno de los más grandes problemas que hemos vivido en nuestro tiempo.

Si bien el mandato del Consejo es mucho más amplio que la pandemia, una discusión sobre economía y salud en este momento no puede hacerla a un lado. Durante este tiempo, he sido testigo, entre otras cosas, del debate global sobre el rumbo de la pandemia. Propuestas, soluciones, ideas y debates que buscan explicar que falló y más importante, si podemos evitar que vuelva a suceder una desgracia similar.

Esta semana, junto con mi compañero del Secretariado, Alberto García-Huitrón, publicamos en la revista Este País una contribución que busca dar respuesta a una de las preguntas más importantes de los últimos años ¿Qué falló en el manejo de la pandemia del COVID-19?

Desde un muy personal punto de vista, planteamos que la pandemia antes que nada debe entenderse como una emergencia, un desastre como un huracán o un terremoto. Sin embargo, esta fue una emergencia diferente, al ser probablemente el primer desastre verdaderamente global que hemos vivido. Este desastre ha tenido repercusiones generalizadas y simultáneas a nivel global para la cual, el entendimiento existente sobre la naturaleza de los desastres ha resultado insuficiente.

Más aún, la respuesta al desastre del COVID-19 tuvo efectos secundarios sobre la economía que aún vivimos y probablemente seguiremos experimentando después de que la emergencia de salud pública haya terminado. Los problemas de crecimiento, inflación, destrucción de cadenas de valor, todo son consecuencia directa de la pandemia. Parece obvio, pero no lo es. Los economistas, nos empecinamos aún en este momento, en ver a la crisis económica como un problema separado de la emergencia de salud. Queremos utilizar herramientas que probablemente no sean útiles para resolver un problema con un origen muy peculiar.

¿Podemos evitar que ocurra una nueva desgracia como el COVID-19? La realidad que planteamos en el artículo es que hasta que no repensemos nuestros modelos de gestión de emergencias y financiamiento a la prevención, preparación y respuesta a pandemias, la respuesta probablemente sea una negativa. La verdad es que la crisis actual del COVID-19 aún no ha terminado y nos encontramos muy lejos de esa autocrítica que nos permita avanzar hacia un modelo de gestión de emergencias sanitarias más robusto.

Sin embargo, al igual que otros desastres, una pandemia es prevenible. Hemos aprendido mucho en los últimos dos años y medio. Más pronto que tarde, tendremos que empezar hacer las reformas necesarias para contar con gobiernos con mayor capacidad de gestión y formar liderazgos con una visión verdaderamente global, que puedan ver más allá del corto plazo e intereses nacionales limitados.

En nuestro país, urge iniciar un ejercicio para entender que fue lo que sucedió durante la pandemia, con evidencia e inteligencia, superando una polarización que no nos llevará a ningún lado. La recuperación completa de la pandemia del COVID-19 y la crisis económica que esta originó, el esquivo retorno a una verdadera normalidad, no será una tarea fácil.

Mi relato personal sobre la pandemia durante los meses más críticos no es único. Sé que muchas personas comparten esa impotencia y frustración que sentí. Sin embargo, es momento de mirar hacia adelante. México es un pueblo fuerte, capaz de sobreponerse a la adversidad y ver más allá de la coyuntura. Corresponde a nosotros el empezar por plantear las preguntas correctas para evitar que la próxima generación tenga que repetir la experiencia de enfrentarse a un desastre que bien, podría prevenirse desde hoy.

 

*El artículo ¿Qué falló en el manejo de la pandemia del COVID-19? puede encontrarse en esta liga.

Roberto Durán-Fernández Roberto Durán-Fernández Roberto Durán Fernández es profesor en la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tecnológico de Monterrey. Es economista por el ITAM, cuenta con una maestría en economía por la London School of Economics y se doctoró por la Universidad de Oxford, especializándose en desarrollo regional. Ha sido consultor para el Regulador de Pensiones del Reino Unido, el Banco Interamericano de Desarrollo, la Corporación Andina de Fomento y la Organización Mundial de la Salud. En la iniciativa privada colaboró en la práctica del sector público de McKinsey & Co y la dirección de finanzas públicas e infraestructura de Evercore. En el sector público fue funcionario en la SHCP y en el Banco de México.