La revancha

03-03-2021 07:42

Dice el adagio que “el que ríe al último, ríe mejor”. Así parecía cumplirlo el presidente López Obrador con un gran sonrisa jugando al beisból el día de ayer por la tarde, mientras al mismo tiempo en el Senado de la República se aprobaba en lo general su “contrarreforma energética”.

Y es que hay muchos elementos, estimado lector, para suponer que dicha estampa no se trató de una mera coincidencia. Por un lado, el presidente se encontraba, como él mismo lo ha dicho, “macaneando” un rato en una tarde soleada cualquiera. Por el otro lado, Ricardo Monreal decía tras la victoria de Morena: “[…] a la oposición nos ‘pitorrearon’ y nos ignoraron; la mayoría nos ignoró. Nosotros no. Simplemente cumplimos con un propósito, como lo hizo la oposición, que en ese momento (2013) era mayoría.”

Desde que se presentó la iniciativa preferente para modificar la Ley de la Industria Eléctrica, un gran puñado de analistas, líderes de opinión, académicos, empresarios y alguno que otro gobernador y miembro de la oposición, unieron sus voces para expresar los diversos motivos por los que tal reforma representa un retroceso para el país.

Todos los que de algún u otro modo estamos a favor de un mejor futuro para nuestros hijos manifestamos, en las arenas en que cada uno se desenvuelve, nuestro desacuerdo con esta modificación de la ley. Y es que, ¿quién no desearía una mejor calidad del aire? ¿Qué le parecería a usted la posibilidad de seleccionar al proveedor de servicio eléctrico que le ofrezca mejores condiciones en precio y calidad? O ¿qué escogería usted si, en vez de dilapidar el uso de los recursos públicos a razón de casi 1 millón de pesos por minuto como lo hizo PEMEX en 2020, le presentan la opción de invertirlos en salud, educación, ciencia y un transporte público digno? 

Esas, y otras posibilidades, se han vuelto a esfumar. Sin embargo, nos encontramos en un momento ideal para la reflexión y la autocrítica.

De forma frecuente utilizamos los argumentos más sofisticados para explicar cómo ante nuestros ojos parece contradictorio que el presidente mantenga altos niveles de aprobación cuando sus resultados son, por lo menos, insatisfactorios.

Diversos especialistas han ilustrado por qué los pobres resultados económicos de esta administración no pueden explicarse, como lo hace la propaganda oficial, como resultado de 36 años del “periodo neoliberal”, o una desafortunada pandemia sin precedentes en los últimos 100 años.

Se alude a la deficiente gestión de la crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19 y al número de muertos asociado a ella como un elemento de falta de empatía por parte de la autoridad. Se discute por qué la desaparición del Seguro Popular implicó dejar sin protección financiera a un segmento de la población que carece de seguridad social. Y, en general, se alerta sobre los impactos que las decisiones de política económica del gobierno federal tienen sobre la inversión, particularmente la extranjera. 

De tal forma que, con regularidad, pedimos a los partidarios del presidente -y su cosmovisión- que utilicen nuestro juicio cuando se evidencia que los vicios del pasado, i.e. la corrupción, el capitalismo de cuates y la falta de rendición de cuentas, entre otros, no han desaparecido con la Cuarta Transformación.

Y, desde esa perspectiva, con normalidad se olvida que la revancha pareciera ser no solo política, sino social. Abandonamos el hecho de que México, según Oxfam, se encuentra en el 25% de países en el mundo con mayores niveles de desigualdad; que si bien las condiciones de vida de los mexicanos han mejorado en las últimas décadas, las oportunidades para la población difieren de forma considerable.

Por eso, alertar sobre un alza en inflación cuando se propone un incremento en el salario mínimo, aparece como un comentario superfluo y cargado de una ideología que promueve los privilegios. Es precisamente ahí donde estriba nuestra oportunidad como sociedad; donde con acciones y empatía podemos trazar caminos incluyentes para todos los mexicanos.

El próximo junio tiene lugar la primera ocasión. ¿Será que las lecciones, como la del día de ayer, han sido aprendidas o, por el contrario, se seguirá dando rienda suelta a la pasión de la revancha?