Indiferencia

27-05-2021 15:22

El día de hoy el titular que ha robado la atención de la opinión pública es la portada de The Economist, la cual retrata con crudeza lo que diversos especialistas han comentado en sus columnas sobre la administración del presidente López Obrador: estamos frente a un falso mesías.

Más allá de cualquier discusión retórica que pueda tener lugar, sobre todo si se considera la línea editorial de dicha revista, no existe dato alguno que pueda defender lo contrario. Crecimiento económico, número de mexicanos en condiciones de pobreza, incidencia delictiva, confianza del consumidor y bienestar de población -o progreso social- son algunos de los rubros en los que esta administración ha significado un retroceso y no un avance, como se busca hacer creer desde Palacio Nacional todas las mañanas.

Por supuesto, al presidente López Obrador este tipo de afrentas le hacen, como él diría, “lo que el viento a Juárez”. Sabe que sus opositores y los liderazgos técnicos que los asesoran no conectan con “el pueblo” como lo mencionó Salvador Camarena en su columna del 25 de mayo.

Su público es el que le escucha con ilusión cuando anuncia, como lo hizo en la semana pasada, la compra a Shell del resto de la refinería en Deer Park, Texas, para clamar una supuesta victoria que nos acercará a la meta de autosuficiencia en combustibles. Ese público es al mismo que le hablaba cuando prometía iniciar las investigaciones para encarcelar a los expresidentes o cuando crea rifas ad hoc para “devolverle al pueblo lo robado”. En términos concretos, estas acciones tienen impacto nulo en modificar las condiciones de vida de la población a la que le habla con estas promesas, pero al menos no se muestra indiferente.

Sin embargo, hay al menos un par de grupos de la población a los que el presidente sí ha ignorado y afectado directamente con las decisiones de su gobierno: las mujeres y los jóvenes. Como resultado de su política de austeridad, la actual administración eliminó programas y fideicomisos relacionados a la promoción y salvaguarda de la equidad de género como la Red Nacional de Refugios, el Instituto Nacional de las Mujeres y la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres. 

La violencia en el país y, específicamente contra la mujer, sigue escalando. Eso sin contar que más de la mitad de los asesinatos que se cometen en el país todavía son clasificados como homicidios y no como feminicidios. Desde niñas de 7 años hasta señoras de la tercera edad, las mujeres no están seguras en nuestro país; ni en las calles, ni en sus propios hogares.

Lejos de replantearse un modelo que fortalezca los componentes sociales del núcleo familiar para desechar el modelo patriarcal imperante, la administración actual ha destruido lo poco que existía. Y encima, como sucedió el 8 de marzo pasado, cuando las mujeres levantan la voz para defender sus derechos, desde la comodidad de su templete, el presidente alecciona a las afectadas explicando que “hay otras formas” de hacerlo.

En cuanto a los jóvenes, el gobierno ha tomado acciones para fomentar una relación clientelar. De ahí que resulte mejor dar becas a aquellos que ni trabajan ni estudian, mantener fuera de estándares internacionales al sector educativo y crear material educativo que instruya a los niños en ideologías en vez de ciencia y tecnología. En el mejor de los casos, los programas actuales no crearán nuevas oportunidades para los jóvenes porque sus competencias no mejoran, tal y como en su momento la evaluación del CONEVAL a “Jóvenes Construyendo el Futuro” encontró.

Asimismo, como se ha planteado en esta columna, las decisiones en materia de política energética de esta administración representan un claro revés para los intereses de los jóvenes. Ellos serán los que enfrentarán los costos ambientales y fiscales que conlleva el modelo sucio y oneroso de monopolios en el sector y que además no brinda beneficios tangibles en el corto plazo para la población.  

El presidente López Obrador es intolerante a la crítica. Por eso todo aquello que está fuera de su control es amenazado, cooptado o desaparecido. No obstante, lo que acontece con nuestras mujeres y con los jóvenes en México es algo a lo que no puede darle la espalda. Esa indifirencia puede resultar costosa para su proyecto político en los próximos días. Un país que no vela por sus mujeres y por sus jóvenes está condenado al fracaso.