Manejo de Riesgos Financieros en los Estados: ¿saben que existen riesgos?

19-11-2020 06:49

El presupuesto de egresos de la federación es incierto, por eso se le envía al Congreso como proyecto, además de contener el prefijo de anterioridad (Pre).

Esto es así porque los ingresos para financiar los gastos son inciertos y dependen altamente del ciclo de la economía. Cuando la economía entra en una fase recesiva, los ingresos públicos disminuyen. Esto es algo que todo ciudadano debe entender, en especial aquellos que se convierten en gobernadores de alguna entidad federativa.

En efecto, si la recaudación tributaria disminuye, los ingresos de las entidades federativas también lo harán. En vista de esto, lo ideal sería que se contara con instrumentos para poder manejar dichos riesgos.

El manejo de riesgos financieros cobró importancia a mediados de los 1990s en el mundo. Así, las instituciones financieras, las empresas que realizan transacciones con el exterior, los gobiernos federales, han utilizado instrumentos para mitigarlos.

De esto se ha estado consciente por más de 25 años. El gobierno mexicano en 1998, en la administración del presidente Zedillo, introdujo las coberturas petroleras (aspecto que ha generado confusión, porque el gobierno mexicano las “ejerció” por vez primera durante el sexenio del presidente Calderón, por lo que el crédito se le dio a esa administración, cuando en realidad ya existían desde 10 años antes).

Los acuerdos de Basilea recomendaron desde finales de los 1990s la creación de unidades de riesgo en todo banco. México ha adoptado los lineamientos de Basilea en nuestra historia contemporánea y hoy día todo banco cuenta con una. El mercado mexicano de derivados financieros (MexDer) se introdujo también en esas fechas.

Asimismo, el gobierno mexicano creó un Fondo de Estabilización que fue refinándose con el tiempo, y eventualmente incluyó un fondo de estabilización para los estados federados. Desde mi punto de vista éste generó un daño moral, pues los estados se olvidaron de que sus participaciones podrían verse disminuidas, y con ello ya no consideraron la pertinencia de manejar los riesgos financieros que cualquier agente económico enfrenta.

En el año 2000 publiqué un artículo que proponía un Fondo para el manejo de riesgos para los estados, y que no generaba este daño moral causado por el fondo de estabilización para los estados que creó el gobierno federal en el sexenio de Calderón. Este fondo era financiado por las propias entidades federativas. Si se me permite, reproduzco algunos párrafos de la introducción de ese artículo:

“En el fondo, sostenemos aquí, el problema para las entidades federativas es que no cuentan con instrumentos financieros para enfrentar los choques exógenos como los de diciembre de 1994 [y 2020]. Por ello, es importante que los estados cuenten con dichas herramientas. En este estudio desarrollamos una herramienta que tiene como principal motivo mitigar los choques que se presentan sobre las participaciones federales.

Debe señalarse que, como se detalla aquí, el instrumento propuesto es sólo eso: un instrumento y no resuelve el problema de raíz que es la falta de fuentes de ingreso estatal. Por esto, el fondo de contingencia debe ser solo parte de una reforma de largo plazo del Federalismo Fiscal en México.

El fondo de contingencia o estabilización de las participaciones federales es nuevo en la literatura[1]. Por lo mismo, el uso de técnicas de valuación de derivados financieros en el diseño de este tipo de fondos es también novedoso en la literatura de finanzas estatales y municipales. En este sentido ésta es la principal contribución del artículo. La principal ventaja de nuestro instrumento es que ello promovería fuertemente la cultura del riesgo y, a la vez, crearía incentivos para promover la disciplina fiscal. En adición, le añadiría transparencia a la asignación de este tipo de recursos por parte del gobierno federal.

Los resultados aquí obtenidos sugieren que la prima que tendrían que pagar los estados es en promedio de 4.4 por ciento del total de sus participaciones, con lo que asegurarían un nivel de participaciones equivalente al promedio móvil de los últimos 12 meses de sus participaciones federales. Como se señala en la sección de limitaciones, esta prima puede parecer alta pero está en el rango de los seguros normales. Aunque debe reconocerse que dicha prima podría bajar si se revisara la fórmula de participaciones federales y, por otro lado, si se estabiliza la economía de manera sostenida”.

Hasta aquí la cita. La lección es que la recaudación puede bajar (esto estará latente siempre) y con ello las participaciones. La vida es así. Los gobiernos estatales se han acostumbrado a que el gobierno federal les resuelva sus problemas. Tenemos que empezar a cambiar esa mentalidad e introducir en el imaginario de las entidades federativas que el riesgo es inherente a las finanzas. En mi curso de esta materia en la licenciatura, comienzo diciendo que la palabra clave de las finanzas es incertidumbre. Y ésta se traduce en riesgo.

 

Los gobiernos estatales se han acostumbrado a que el gobierno federal les resuelva sus problemas. Tenemos que empezar a cambiar esa mentalidad e introducir en el imaginario de las entidades federativas que el riesgo es inherente a las finanzas

 

Culpa la lleva el gobierno federal porque no ha sido capaz de consensar un cambio en el Federalismo Fiscal que solucione de raíz los problemas. En cambio, siempre ha resuelto con rescates los problemas financieros de los estados.

Los gobiernos aliancistas tienen razón en querer cambiar el diseño de la Coordinación Fiscal, pero no tienen razón en exigirlo en el momento en que sus participaciones disminuyeron, porque eso muestra que ni siquiera estaban conscientes de que existía el riesgo financiero. Es la naturaleza de las finanzas y su obligación es preverla. Me suena más bien que quieren rescate financiero, pues las reglas están escritas claramente.

Aprovechemos estos eventos para verdaderamente resolver el problema: un nuevo diseño de Federalismo Fiscal, en eso sí tienen razón.

 

[1] Los fondos de estabilización son muy usados a nivel gobierno federal, pero no estatal (ver Engle y Meller, 1993).