La competencia económica transfiere más dinero a la gente que programas sociales: No la elimine Sr. Presidente

14-01-2021 12:10

En esta nota emplearé ejemplos concretos y los mencionaré coloquialmente para que se tenga una noción clara de lo importante que es la Comisión Federal de Competencia Económica (COFECE).

Hacia inicios del siglo XXI un plan de celular estándar costaba 900 pesos. Hoy, un muy similar plan, me cuesta 300 pesos. Eso fue posible gracias a la reforma de telecomunicaciones, que promovió la competencia económica. Actualmente una buena proporción de mexicanos puede acceder a este servicio. Es decir, la competencia económica benefició a la sociedad con transferencia de recursos que puede captar en su bolsillo.

La primera televisión de plasma que llegó a México fue en 1994, y era de 15 pulgadas y su precio fue fijado en 220,000 pesos. Hoy un televisor con mucho mejor tecnología y del mismo tamaño cuesta alrededor de 4,000 pesos. Esto fue posible por la combinación de tres elementos: mejora tecnológica, apertura comercial y competencia económica. Nuevamente, hoy una proporción muy alta de la población cuenta con un televisor. Es decir, la competencia económica los ha beneficiado.

El plan básico de la casi única compañía que ofrecía acceso a internet, en el año 2000 costaba 700 pesos. Hoy un plan similar cuesta 350 pesos. Esto fue posible por abrir a la competencia ese servicio.

En 1988, si usted compraba un boleto para viajar en un autobús a Puebla, sabía la hora programada, mas no a qué hora iba realmente a salir (esto, las nuevas generaciones ya lo toman como dado, pero podríamos volver a no saber a qué hora sale un autobús). Hoy día el autobús es más puntual en su salida que un avión. Esto fue posible gracias a la competencia, además que las unidades son modernas y limpias (antes en los 1980s eran un desastre).

Hablando de boletos aéreos, antes viajar en avión era un lujo. Todavía lo es para buena parte de la población, pero el costo pre-pandemia de un boleto aéreo también disminuyó a raíz de la competencia económica. Nuevamente, una mayor parte de la población puede acceder a ese servicio.

Contratar un crédito hipotecario en los 1980s o 1990s era imposible. Las tasas de interés se encontraban por arriba de los 50 puntos porcentuales. Si bien, las tasas tienen que considerar la inflación, que era alta por aquellas épocas, una vez controlada la inflación, las tasas hacia fines de los 1990s, o inicios de los 2000 continuaban altas. El fomento a la competencia bancaria ha llevado las tasas hipotecarias a poco más de 9%, a la que tiene acceso una mayor proporción de la población, en coordinación con el Infonavit y el FOVISSSTE. Nuevamente, el beneficio es para la sociedad.

Pero no solo hay que ver esto con reducción de precios, que es lo más palpable, sino como control de incrementos en los precios, que nuevamente beneficia a la población, aunque no lo palpa claramente. Algunos ejemplos.

La competencia entre supermercados evita que el precio de los alimentos se eleve sin justificación. Esto trae un beneficio, a veces menos tangible para la sociedad, que equivale y sobrepasa cualquier transferencia monetaria que un gobierno pueda dar a la población.

El mercado de la leche tiene hoy más competidores que nunca. Desde que tengo memoria, no había visto tanta variedad de leche, y tanta dispersión de precios en ese producto. Esto es posible gracias a la competencia.

Y lo que es más, un aspecto poco apreciado de la competencia económica es que crea mucho empleo. Con competencia se crean empresas y con ello empleos. Esto, de nueva cuenta, beneficia a la población.

En suma, eliminar la COFECE significa un gol anotado por parte de la “mafia del poder” a la que el presidente le gusta referirse. De aquí la incongruencia que esta acción tiene con el propio discurso diario del presidente.

Lejos de acabar con esta comisión, debiera fortalecerse y otorgársele más recursos. Un peso invertido en esta comisión reditúa en miles de pesos para beneficio de la población.

Desde el punto de vista de austeridad, es congruente darle más recursos a la COFECE. La sociedad entera recibirá transferencia de recursos (mucho más que los programas federales, que deben racionalizarse, pero no desaparecer) que antes se iban a los bolsillos de los monopolios.