Energía e Infraestructura

El sector de telecomunicaciones y el mundo de Internet (Análisis)

La expansión de contenido y aplicaciones en el mundo digital necesita del aumento en la infraestructura de telecomunicaciones.

30-01-2018 10:00 Por : Joao Rezende-Mediatelecom
La regulación del sector tradicional de las telecomunicaciones debe bajar al nivel de la regulación de las empresas de Internet.
La regulación del sector tradicional de las telecomunicaciones debe bajar al nivel de la regulación de las empresas de Internet.

En el proceso histórico las transformaciones reales siempre están al frente de la regulación y la legislación.

Los gobiernos son siempre lentos en promover cambios requeridos por los mercados. Esto sucede en casi todos los sectores de la vida económica y política.

Existen muchas razones para ello, que van desde las preocupaciones legítimas de no permitir que los mercados dicten solos las reglas hasta los riesgos de los impactos y repercusiones políticas.

Por otra parte, las reformas y los cambios no son neutrales. Alcanzan en mayor o menor grado el proceso competitivo dentro y fuera del sector. La mayoría de las veces los consensos son abandonados por los objetivos a corto plazo.

 

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Si ya son difíciles los cambios legales legislativos porque presuponen un mínimo de unidad de los sectores involucrados, imaginemos cuando también confrontan otros intereses que no son propiamente los del sector alcanzado por las reformas.

Cuanto mayor y más importante es el sector económico, las decisiones son más lentas y aplastantes.

Por lo tanto, por más idealistas que puedan ser los dirigentes y gestores públicos, por más que se pueda tener el diagnóstico correcto, las dificultades de promoción de cambios chocan con la maraña de la burocracia pública, la coyuntura política y los intereses divergentes.

En esa situación podríamos decir que se encuentran las transformaciones legales del proyecto de ley que altera el sector de las telecomunicaciones en Brasil, a la espera de una votación en el Senado Federal, donde las posibilidades de votación este año son menores. Así, nacerá desfasado en relación con las transformaciones que se están produciendo en el mundo a través de la economía digital.

 

Burocracia pública, coyuntura política e intereses divergentes podrían ser motivo de retrasos en la modernización legal y la regulación.

 

Desde el punto de vista económico, la no percepción de que todo esto con el paso del tiempo podrá generar ineficiencias y cuellos de botella en la infraestructura (ya sea a través de frecuencias o de la infraestructura física), exactamente por donde circula y se rentabilizan los negocios del mundo digital, sumado a los retrasos en la modernización legal y la regulación, puede traer impactos económicos tanto en la productividad de la economía por el desfase de innovación como forzar asociaciones y fusiones con la consiguiente disminución de la competencia.

La expansión de contenido y aplicaciones en el mundo digital necesita del aumento en la infraestructura de telecomunicaciones.

Otro punto, éste quizás de riesgo más inminente, son las posibilidades que van más allá de las posibles fusiones dentro del propio sector, que es la posibilidad de que las empresas del sector del mundo digital controlen la infraestructura, ya sea mediante la compra de acciones o incluso mediante asociaciones estratégicas o con las empresas del mercado de la infraestructura.

 

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Este punto sería negativo en todos los sentidos, en la generación de empleos, para la competencia e incluso para el proceso de innovación.

Por otro lado, es importante señalar que las innovaciones tecnológicas, con el avance de la economía digital, son y serán importantes para toda la cadena económica del sector. Porque el contenido no transita sin infraestructura y ésta sin contenido no se rentabiliza y no sería necesaria la realización de más inversiones.

La facilidad de las aplicaciones hace aumentar la masa de consumidores e incorpora a otros tantos usuarios que todavía están al margen del proceso de crecimiento de la tecnología y del mundo digital.

Si miramos a largo plazo la capacidad casi “finita” de lo que todavía se pueda crear en términos tecnológicos, nos da la dimensión del tamaño de las inversiones que aún serán necesarias en todos los frentes y sectores de la cadena económica. Y aquí hablo no sólo en el sector digital propiamente dicho, sino en toda la economía, tanto en el sector privado como en el público.

Un último punto que considero importante es el papel de los órganos reguladores del sector de las telecomunicaciones.

Sin una legislación correspondiente, quedará fragilizado y sin condiciones de establecer medidas que tengan en cuenta las relaciones de competencia e incluso los acuerdos que ya están ocurriendo en el mundo digital entre productores y distribuidores de contenido.

Su papel e importancia serán desplazados hacia los entes regulatorios que tratan los temas de concentración, fusión y formación de cárteles, etcétera.

Por lo tanto, la revisión del actual marco legal no se mueve en la frontera que separa hoy a Brasil del mundo de las telecomunicaciones y el mundo de Internet.

 

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Los cambios ocurridos en Estados Unidos, donde Internet pasó a ser un “servicio de telecomunicaciones”, están lejos de los debates en Brasil, pero creo que no escaparemos de ese enfrentamiento.

La primera señal de ello comienza a surgir por el lado tributario. Varios Estados, ante las caídas en su recaudación, han buscado cerrar brechas para que tributen los proveedores de telecomunicaciones e incluso las aplicaciones.

Con el tamaño de nuestra carga tributaria sobre los servicios de telecomunicaciones sería un desastre esa equiparación en términos tributarios. Pero es importante que esa diferenciación, guardada en las respectivas características, sea vista como parte integrante de la misma industria que, en conjunto, son responsables del avance tecnológico y la innovación.

 

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