Renovación de esperanzas y reiteración de realidades

26-01-2022 07:53

El índice de confianza del consumidor presentó a finales de 2021 niveles no vistos desde antes de la pandemia, lo que corresponde a una renovada esperanza de los hogares de mejora en 2022.

Sin embargo, esta buena noticia contrasta con el estancamiento del consumo privado y la elevación del porcentaje de la población en pobreza laboral. Nuevamente, lo que se percibe como un camino de bienestar para el país es objetivamente una ruta de mejora para unos cuantos.

El Indicador de Confianza del Consumidor del INEGI muestra que al cierre de 2021 los hogares tenían un nivel de expectativas sobre el desempeño futuro de la economía semejante al que existía a principios de 2019. El pico de la confianza de los consumidores en las condiciones económicas futuras del país se alcanzó en junio de 2021, pero desde entonces a diciembre de ese año se han mantenido en niveles elevados.

Esto es sumamente alentador, en la medida en que los hogares transforman estas expectativas en consumo, como la adquisición de bienes durables, pues no sólo reactivan una parte importante del mercado interno, sino que también dan muestras de que afrontar tales compras esta dentro de sus posibilidades de ingreso futuro. Esta intención de comprar bienes durables también ha repuntado a niveles sólo vistos al principio de esta administración.

Un problema con este optimismo es que no se está traduciendo en un crecimiento del consumo que le sea equivalente. El Indicador Mensual de Consumo Privado del INEGI muestra que entre junio y octubre de 2021, cuando se alcanzaron las mejores expectativas sobre el porvenir económico del país, el consumo interno prácticamente se estancó, creciendo 1.5%, lo que en términos per cápita es casi cero.

Quizás lo más preocupante es que entre el segundo trimestre y el tercer trimestre de 2021 el porcentaje de personas que no pudieron adquirir la canasta básica de alimentos con el ingreso derivado de su trabajo aumentó de 39.7% a 40.7%. Lo significativo de este hecho es que rompe la tendencia de reducción de este tipo de pobreza, que se había observado desde el tercer trimestre de 2020, en medio de la mejora de las expectativas económicas de los hogares.

La discrepancia entre el mejor futuro que visualizan los consumidores, el magro gasto que realizan y la pobreza laboral está ligado a la desigualdad económica. Por una parte, los consumidores no han elevado su confianza en la economía de la misma forma. Han sido los hogares de ingresos intermedios los de mayor optimismo. Los consumidores más ricos incluso han deteriorado sus expectativas recientemente y los más pobres las tienen prácticamente estancadas.

Por otra parte, el indicador de las intenciones de compra de bienes durables de los consumidores más ricos es tres veces mayor que el de los estratos de menores de ingresos. Esto es consistente con una mejora mucho mayor de las condiciones económicas de los hogares de mayores ingresos que la de los más pobres, lo que es captado en la encuesta de confianza del consumidor.

En suma, la mejora de las expectativas económicas de los hogares y de sus condiciones objetivas de consumo se está concentrando en grupos específicos, lo que es ocultado por los promedios nacionales.

El estancamiento del consumo privado nacional está coincidiendo con la mayor pobreza de unos y la mayor posibilidad de gasto en bienes duraderos de otros. Las nuevas expectativas de mejora están enfrentando una recuperación económica débil con una mayor desigualdad.