Hacia un país bananero

21-12-2020 22:28

Hace algunos días el Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés) publicó una edición especial de su Reporte Mundial de Competitividad.

A diferencia de los reportes tradicionales elaborados cada año desde 1979, en esta ocasión el enfoque central fue evaluar qué tan bien preparados se encuentran los países para regresar a la senda del crecimiento sostenido después de la pandemia del Covid-19 y la recesión económica actuales.

Además, esta evaluación se hizo a la luz de las tendencias mundiales y los desafíos económicos para competir y crecer que enfrentarán los países y las políticas públicas en el mundo de la economía del conocimiento.

Para ello, el reporte midió 11 factores para determinar la capacidad de transformación y adaptación de las economías luego del COVID-19 y que serán fundamentales para el éxito de los países.

Estos factores son:

1. Instituciones públicas que incorporen principios de gobernanza sólidos y una visión a largo plazo que genere confianza a los ciudadanos.

2. Mejorar la infraestructura para acelerar la transición energética y ampliar el acceso a la electricidad y las tecnologías de la información.

3. Orientarse a un sistema tributario más progresivo, replanteando los gravámenes a las empresas, la riqueza y el trabajo, a nivel nacional y en un marco internacional.

4. Actualizar los planes de estudios educativos y aumentar la inversión en las habilidades necesarias para los mercados del futuro relacionados con el conocimiento y las habilidades digitales.

5. Replantear las leyes laborales y de protección social para la nueva economía y las nuevas necesidades de la mano de obra.

6. Ampliar la infraestructura, el acceso y la innovación para el cuidado de personas mayores, de los niños y la salud.

7. Incrementar los incentivos para orientar los recursos financieros hacia inversiones de largo plazo, fortalecer la estabilidad y expandir la inclusión.

8. Replantear los marcos de la competencia y antimonopolio necesarios en la denominada Cuarta Revolución Industrial, asegurando el acceso al mercado, tanto a nivel local como internacional.

9. Facilitar la creación de los “mercados del mañana”, especialmente en las áreas que requieren la colaboración público-privada.

10. Incentivar y ampliar las inversiones en investigación e innovación de largo plazo.

11. Incentivar a las empresas para que adopten la diversidad, la equidad y la inclusión para así fortalecer la creatividad.

Como parecería evidente al sólo leer esta lista, los resultados de la evaluación para México necesariamente resultan deprimentes. De los 41 países evaluados, México se ubicó en lugar 40, solamente por arriba de Turquía y debajo de otros países latinoamericanos considerados en el reporte como Brasil, Chile y Argentina. Únicamente en 3 de los factores mencionados México está fuera de los últimos 10 lugares.

Esto se debe a que las prioridades y políticas del actual gobierno no sólo están muy alejadas de estos objetivos, sino que incluso en muchos casos parecerían ser una antítesis de ellos.

Los ejemplos están a la vista de todos: ¿instituciones sólidas que den confianza?, cuando hay un proceso deliberado y sistemático de demolición de la mayoría de ellas; ¿transición energética?, cuando la prioridad es el petróleo y se frenan las inversiones en energías limpias; ¿investigación e innovación de largo plazo?, cuando se ensalza la tecnología tradicional autóctona; ¿educación orientada al conocimiento y las habilidades digitales?, cuando se regresa la educación a los sindicatos magisteriales.

Por ello, no es una exageración decir que no estamos ante un “sexenio perdido”, sino más bien ante la posibilidad de “una (o más) generaciones perdidas”. De manera coloquial, vamos a toda velocidad para ser un “país bananero”, cada vez más distanciado de los países exitosos.