La otra [e]migración

07-10-2021 11:56

Durante la década perdida de los 1980s, el área científica del país sufrió una de las peores debacles en su historia. Con un presupuesto que se reducía año con año, se dio una fuga de los escasos cerebros dedicados al quehacer científico con los que contaba la nación. Esto fue más evidente con matemáticos, físicos, químicos y miembros de la comunidad de las ciencias consideradas “duras”. La ciencia se desmanteló en México.

Como reacción, en 1985 se creó el Sistema Nacional de Investigadores para tratar de detener la citada fuga. No hubo realmente repatriaciones de los que habían abandonado el país, pero la evidencia sugiere que, a la postre, ayudó a atraer nuevos y jóvenes talentos que comenzaron una carrera científica aquí en nuestro suelo.

La calidad de la academia en México es muy dispar, como lo es la del propio SNI, pero esto es de esperarse en un país sin una tradición en el desarrollo de la ciencia. Es parte, pues, del proceso de construcción de una tradición más científica que puede tomar hasta 50 años si el apoyo solo se mantiene y no se incrementa.

No obstante, recientemente el apoyo a la ciencia se ha visto mermado. El presupuesto ha disminuido de manera sensible durante los últimos tres años. Más aún, la política científica ha sufrido una transformación que ha añadido incertidumbre al quehacer científico. Se le ha querido imprimir un sello más nacional.

Es cierto que hay instancias en que los problemas entre los países avanzados y los menos desarrollados son distintos. Por ejemplo, los países avanzados en general no tienen enfermedades tropicales y por ello no les ocupa mucho el tema. Ese vacío lo debe llenar los países tropicales. Esporádicamente estos países desarrollan avances al respecto. Baste señalar que el antídoto contra la picadura de alacrán fue desarrollado en México.

Sin embargo, como dice el cliché, la ciencia no tiene fronteras. Si bien un país puede favorecer mediante la política científica, ciertos campos de conocimiento, no es recomendable acotar la investigación a solo esos. Por el contrario, ampliar el abanico es recomendable si se quiere competir globalmente. Las ciencias nacionales nunca han destacado ni rendido frutos. Hay evidencia contundente al respecto.

Ahora bien, como cualquier actividad, la incertidumbre siempre está presente. La competencia para atraer talentos no es solo una cuestión de salarios, sino de dotar con las herramientas necesarias: el químico requiere de un laboratorio; el matemático de acceso a las investigaciones internacionales de punta y así sucesivamente. Pero no solo eso. Se requiere de reducir la intrínseca incertidumbre, que incluye política científica, estabilidad de las instituciones académicas, y sobre todo, que exista una visión de largo plazo.


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México difícilmente ha tenido estas características. Hemos dado tumbos a lo largo de los últimos 45 años. No ha existido un apoyo a la ciencia debido a que las prioridades de los países como el nuestro están en la inmediatez del ciclo político. No obstante, ahí medio la llevábamos.

Con la nueva administración todo cambió. Siempre los replanteamientos son positivos, pues como dije, la política científica ha dado muchos tumbos. Se esperaba que se redefiniera para darle la certidumbre que nunca se había logrado. No fue así. Peor aún, la actual administración ha inyectado un grado de incertidumbre que creíamos superado. Vuelta a los 1980s, en el que se dio el gran escape de cerebros.

Hoy, los muchachos mexicanos que fueron educados en México, lo que implicó una gran inversión de recursos públicos y privados, están considerando emigrar. Es claro, como lo comenté en una entrega anterior, que la emigración masiva es el signo del fracaso de la política económica que no pudo generar los empleos para retenerlos en el país. La emigración de científicos, la otra emigración, es también un símbolo del fracaso de la política científica.

Ahora ya ni el SNI será capaz de retenerlos, pues es ya incluso parte del problema. Conozco una muy buena cantidad de mexicanos muy calificados -de todas las áreas del conocimiento- que buscan acomodo en el extranjero. Conozco también otros que estudian afuera y que no piensan regresar. Infortunadamente, aquellos que logran colocarse en universidades del extranjero son en general los mejor calificados (no niego que talentos de igual calificación prefieran el suelo mexicano, pero ya son los menos). Y aclaro: el origen de los científicos mexicanos en su mayoría proviene de las capas socialmente medias. Rara vez un “fifí” se dedica a la ciencia.

Recuerdo muy bien los 1980s cuando se dio ese gran escape. Ese fue para mí el indicador de alerta de que algo no estaba bien en el país. Empiezo a ver indicios de que eso está ocurriendo nuevamente en el 2021. Algo no está bien en el país.