El peso choca contra la política económica

3 Marzo, 2021
Econokafka

La apreciación del peso se detuvo a mediados de febrero, para pasar de niveles cerca de 20 a niveles próximos a los 21 pesos por dólar. No es una depreciación grave, menos considerando los desplomes que el peso observó durante la campaña Trump o cuando el Covid golpeó a la pandemia mexicana (en que la paridad rebasó las 25 unidades por billete verde), pero representa una señal negativa que refleja el pesimismo sobre las perspectivas futuras de la economía.

Fuente: Banco de México

 

Radicalización al estatismo

Esta caída se da tras una significativa recuperación que se explica solamente por factores externos, destacadamente las perspectivas de la economía estadounidense y el fuerte aumento en el precio del petróleo. Esta apreciación tuvo lugar, por ello, a pesar de elementos nacionales. Ahora son estos los que están pasando factura a la moneda.

El principal cambio quizá sea la radicalización al estatismo que representa, en su iteración más reciente, el nacionalismo energético del Gobierno Federal, por medio de la nueva Ley de la Industria Eléctrica. La fijación presidencial con lo que se denomina “soberanía energética” no ha hecho sino acrecentarse a medida que pasa el tiempo. Un elemento importante es que al frente de la Secretaría de Energía, Pemex y Comisión Federal de Electricidad, el Presidente tiene a personas que coinciden con esa perspectiva. Esto es, no son un freno de moderación, sino arietes con un radicalismo similar (o en todo caso plenamente subordinado al de López Obrador).

La nueva LIE muestra a ese gobierno que no le importa confrontarse con empresas extranjeras y nacionales ya instaladas o sacrificar inversión extranjera. El daño reputacional, enorme, es visto como un costo que vale la pena pagar con tal de regresar poder monopólico a la CFE. En ese sentido deben entenderse, también, la pasión por el combustóleo y el carbón. No es tanto que López Obrador sea un fan de las energías sucias, es que representan el camino para que la empresa paraestatal pueda enfrentar con mayor éxito a las privadas, además de que el consumo de combustóleo fortalece las finanzas de Pemex, inmersas en un mar de tinta roja. En ese sentido, se matan dos pájaros con una pedrada.

No solo la LIE avanza por la vía legislativa, sino que lo hace como en los mejores (o peores) tiempos de la aplanadora priistas, famosamente sin que a la iniciativa se le altere una sola coma. Muestra, por ello, la subordinación completa de las mayorías morenistas en el Legislativo ante el Ejecutivo. Sin duda uno de los factores, la falta de contrapesos, que ahora golpean al peso.

 

Fuga de capitales

Otro motivo que presiona a la moneda en forma constante es la salida de capitales, tanto extranjeros otrora invertidos en deuda nacional como recursos de mexicanos que salen buscando mejores horizontes de inversión. También escapando de un Presidente que condena con frecuencia a los “ricos” y cuyas necesidades de dinero para sus proyectos, destacadamente sus elefantes blancos (refinería, tren y aeropuerto), los convierten en potenciales blancos para un crecientemente voraz Sistema de Administración Tributaria.

La salida de JP Morgan de México como banca privada abona a ese enorme desinterés que ahora despierta México entre inversionistas extranjeros. La autorización por parte del gobierno mexicano a Morgan para establecerse en el país tuvo lugar en noviembre de 1994, en el cierre del sexenio salinista. Por supuesto, difícil imaginar dos gobiernos con orientaciones de política económica tan diametralmente opuestas.

La balanza de pagos de 2020, que el Banco de México publicó a fines de febrero, establece que la cuenta corriente de la Balanza de Pagos tuvo un superávit de 26,571 millones de dólares. Esto es, exportaciones de mercancías y servicios que superaron a las importaciones por dicho monto. Recursos que tuvieron como contraparte una salida de divisas (registrada en la cuenta financiera) de 21,343 millones. El monto real de la fuga de capitales es difícil de estimar, pero alrededor de 20 mil millones de dólares no es una cifra descabellada. Por supuesto, más complicado de estimar es la inversión que ya no llegará a México pero que sí lo hubiera hecho con otras políticas.

 

Restricción al margen monetario

Los factores que están golpeando al peso, por ello no pueden verse como coyunturales, sino con una permanencia de largo plazo. Ciertas medidas pueden frenar o incluso revertir temporalmente la depreciación, como fue el anuncio del Banco de México el 1 de marzo de subastar financiamiento de dólares con instituciones de crédito, con el fin de apoyar el mercado de fondeo en dólares, por un total de 1,500 millones de dólares.

Las autoridades del Banxico tienen al menos dos motivos para buscar frenar la depreciación del peso: tener un mayor margen para reducir (más) en el futuro las tasas de interés, y así ayudar a la reactivación económica, y evitar un impacto inflacionario vía precios de productos importados.

La verdadera cura para un peso más débil es mucho más compleja, pues implicaría revertir una política económica alérgica a la inversión. Considerando lo ocurrido hasta el momento, incluyendo una pandemia global, es poco probable que ello ocurra antes de 2024.

Sergio Negrete Cárdenas Sergio Negrete Cárdenas Doctor en Economía por la Universidad de Essex, Reino Unido. Licenciado en Economía por el ITAM. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM. Profesor-Investigador en el ITESO. Fue funcionario en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en el Gobierno de México.

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