Retorno sin camino

07-04-2021 15:00

El gobierno federal no parece tener idea de lo que significa reactivar el sistema educativo tras la prolongada suspensión de clases presenciales.

Confunde la recuperación del profundo rezago en aprendizaje que ha generado la pandemia de COVID-19 con el regreso seguro a las aulas. De ahí que haya anunciado tres sencillas condiciones para volver a impartir clases en las escuelas: estar en semáforo epidemiológico verde, tener maestros vacunados y retornar con el acuerdo entre padres de familia y autoridades. Como si ocupar otra vez una banca en el salón de clases borrara en los alumnos el profundo daño hecho por la disrupción en su enseñanza.

En sus recientes informes sobre los efectos de la pandemia sobre la educación, el Banco Mundial, la OECD y el Banco Interamericano de Desarrollo documentan que de los más de 1,500 millones de estudiantes separados de sus escuelas en el mundo la gran mayoría corresponden a países con sistemas educativos poco preparados para la enseñanza a distancia, con bajo desempeño escolar, y con un gran número de alumnos en pobreza, entre ellos México.

En América Latina se estima que el internet, vínculo clave para la educación a distancia, está disponible para casi tres cuartas partes de la población con mayores ingresos, pero para menos de una cuarta parte de aquellos en situación de pobreza. Este y otros factores aumentarán en 7.6 millones el número de niños que al terminar la primaria no podrán leer o escribir lo que corresponde su nivel, mientras que dos de tres alumnos sufrirán tal condición al concluir la secundaria.

México es uno de los países de la región con mayores brechas educativas entre sus estudiantes. La encuesta sobre COVID-19 y educación del INEGI, muestra que menos de una quinta parte de los alumnos usa una computadora para su aprendizaje, mientras más de dos terceras partes dan seguimiento a sus lecciones mediante un teléfono inteligente, aunque la gran mayoría compartiéndolo con otros alumnos. Con esta falta de recursos no es de sorprender que 5.2 millones de personas no se hayan inscrito al ciclo escolar 2020-2021.

Los enormes rezagos y la gran desigualdad educativas generados por la pandemia ameritan replantear el significado del regreso a clases presenciales. No se trata de que los alumnos vuelvan a las aulas para estar seguros mientras sus padres trabajan, sino de rescatar a muchos de la ‘pobreza educativa’ en la que han caído y de la que podrían ya no reponerse. Se trata de recuperar posibilidades de trabajo productivo y bien remunerado para su futuro, pero sobre todo de darles oportunidades para vivir la vida que desean.

Los enormes rezagos y la gran desigualdad educativas generados por la pandemia ameritan replantear el significado del regreso a clases presenciales.

El salvamento educativo cuesta mucho más de lo que esta administración ha querido destinar a la educación.  En vez de incrementar para 2021 el presupuesto destinado a la actividad educativa ante la emergencia, este gobierno lo redujo en términos per cápita. Sin embargo, no se trata de gastar más en lo mismo.

Las becas educativas favorecidas por esta administración tienen poco impacto en el desempeño escolar en tiempos normales y ninguno cuando los rezagos se han acumulado. En cambio, las tutorías personalizadas, particularmente para quienes sufren mayor retraso escolar pueden significar su permanencia en la escuela.

Hoy hay una nueva llamada de atención para que la política pública vaya más allá del reparto de dinero y fortalezca el sistema educativo centrándose en los alumnos menos aventajados. No hacerlo significaría sacrificar sus muy reducidas posibilidades de movilidad social. Desafortunadamente, el retorno a las aulas luce desencaminado.