El quinto partido

No es posible desaparecer los precarios lugares que México ocupa en criminalidad, desarrollo social y buen gobierno, pero la Copa del Mundo es una excusa inmejorable para olvidarlos.
10 Junio, 2026
La ilusión del quinto partido en el Mundial.
La ilusión del quinto partido en el Mundial.

Los mexicanos fanáticos del fútbol esperan que su selección juegue y gane cinco partidos en el campeonato mundial que recién comienza (tres de fase de grupos y dos de eliminación directa). La meta es que el país esté entre las ocho mejores naciones del planeta, algo sólo alcanzado siendo anfitrión. En cambio, los extranjeros que miren a México más allá del juego verán que el país se encuentra muy lejos de llegar a una posición similar en aspectos más importantes y duraderos, como la seguridad pública, el desarrollo social y la democracia.

Tómese como ejemplo la persistencia del crimen organizado. Si sólo consideramos los 48 países que jugarán el mundial y los ordenamos de menor a mayor presencia de la delincuencia organizada, México no pasa de la “fase de grupos” y quedaría en el último lugar, empatado con Colombia, muy lejos del primer sitio de Catar. Un visitante extranjero podrá no sufrir un acto criminal, pero su riesgo es notablemente mayor que en otros países, de acuerdo con los indicadores de la Iniciativa Global Contra el Crimen Organizado Transnacional.

Además de la inseguridad, el mundo verá en México otra amenaza a una vida larga: el descuido a la salud. El país apenas pasaría la fase de grupos en esperanza de vida al nacer, ocupando el lugar 31 de los participantes mundialistas, con casi tres años menos de vida que en Irán, la nación con en el siguiente mejor lugar, de acuerdo con Naciones Unidas. Una razón para ello es que México tiene un sistema de salud comparable al de Panamá (lugar 31) y lejos del de Dinamarca (quinto lugar) o Corea del Sur (primer lugar).

Los visitantes del mundial encontrarán en los mexicanos personas hospitalarias, pero con poca instrucción según estándares internacionales. De acuerdo con el promedio de la escolaridad actual y la esperada, calculada por las Naciones Unidas, México alcanza un “cuarto partido”, pero no lo ganaría, quedando en el lugar 28, cercano a Brasil, pero lejos del primer lugar de Alemania. En términos de aprendizaje efectivo en lectura, matemáticas y ciencias el nivel mexicano es similar al costarricense (lugar 27), según la prueba PISA.

Las remodelaciones apresuradas y las manos de pintura de último minuto a las ciudades sede no podrán ocultar que la economía mexicana pasa uno de sus peores momentos. Entre 2018 y 2026 el 80% de los países en el mundo crecieron más que el nuestro, y en términos de PIB per cápita México apenas llega al cuarto partido quedando en el lugar 28, apenas superando a Turquía. Para llegar y ganar el “quinto partido” económico el país debería triplicar su PIB per cápita.  El campeón del mundo en este rubro es Suiza.

Finalmente, los asistentes a la inauguración del mundial se preguntarán por qué la jefa del Ejecutivo no se presenta a la ceremonia dado que México es clasificado como un país autocrático (lugar 34 en nivel de democracia según el Instituto V-Dem). Una de las razones que podrán vislumbrar es la considerable corrupción que enfrenta su régimen (sitio 42 en percepción de transparencia gubernamental, según Transparencia Internacional) un lugar similar al que ocupa Argelia. El campeón mundial en ausencia de corrupción es Nueva Zelanda.

Si bien no es posible desaparecer los precarios lugares que México ocupa en criminalidad, desarrollo social y buen gobierno, la Copa del Mundo es una excusa inmejorable para olvidarlos. Por más de un mes la ilusión del quinto partido para la selección nacional dará esperanzas a millones de mexicanos y, cuando se acaben, las hazañas deportivas de otros equipos los harán felices. Tristemente, el Informe Mundial de la Felicidad 2026 indica que México no gana el quinto partido en bienestar subjetivo (lugar 10 de los 48 países mundialistas).

Rodolfo de la Torre Rodolfo de la Torre Ha sido Director de Movilidad Social del CEEY, Coordinador de la Oficina de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Director del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad de la Universidad Iberoamericana, y Director de El Trimestre Económico del Fondo de Cultura Económica (FCE). Fue parte del Comité Técnico para la Medición de la Pobreza en México. Es economista por el ITAM, y maestro en Filosofía de la Economía por la Universidad de Oxford.