La crisis que nadie está negociando

Mientras que México aspira a integrarse a cadenas globales de valor más sofisticadas que requieren talento, el rezago educativo y su deterioro institucional no se detiene al calor de negociaciones políticas entre gobierno y sindicato.
16 Junio, 2026
Movilizaciones de la CNTE en la CDMX.
Movilizaciones de la CNTE en la CDMX.
El Observador

La calidad de la educación no está en el centro del conflicto entre la CNTE y el gobierno. Y esa es la peor noticia para el futuro del país.

Ayer, la presidenta Claudia Sheinbaum decidió cerrar la mesa nacional de negociación con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y trasladar el diálogo a los estados. Busca modificar una dinámica que durante décadas permitió al magisterio disidente convertir la presión callejera en un mecanismo eficaz de negociación política. Falta ver si funciona. Pero aun si logra contener el conflicto, el problema de fondo permanecerá intacto.

La disputa gira alrededor de plazas, pensiones, representación sindical y control político. Son temas relevantes para sindicalistas y gobierno, pero distantes de la pregunta central: ¿qué está ocurriendo con los aprendizajes de millones de estudiantes?

La respuesta debería encender las alarmas. México necesita más productividad, innovación y capital humano para aprovechar oportunidades como el nearshoring. Sin embargo, buena parte del debate educativo sigue atrapado en una lógica de control, lealtades y negociación corporativa, más que en evaluación, rendición de cuentas y resultados de aprendizaje.

La relación entre Morena y la CNTE refleja esa contradicción. La Coordinadora fue durante años una aliada natural del obradorismo y una voz crítica de las reformas educativas anteriores. Ahora, desde el gobierno, Morena necesita algo distinto: mejores aprendizajes, más talento y mayor productividad para sostener sus promesas de bienestar. El problema es que la discusión continúa concentrada en quién controla el sistema, no en qué resultados produce.

Los indicadores muestran un deterioro persistente. En la evaluación PISA 2022, México obtuvo resultados por debajo del promedio de la OCDE en matemáticas, lectura y ciencias. Más preocupante aún: dos de cada tres estudiantes no alcanzan los niveles mínimos en matemáticas; más de la mitad presenta rezagos significativos en ciencias y casi la mitad tiene dificultades serias de comprensión lectora. No es sólo una falla escolar; es una limitación creciente para la productividad futura.

La magnitud del rezago trasciende las aulas. Según el INEA, 27.2 millones de mexicanos mayores de 15 años se encuentran en rezago educativo. Paralelamente, el INEGI estima que 24.2 millones presentan carencia por rezago educativo. Son mediciones distintas, pero apuntan a lo mismo: millones carecen de habilidades básicas que exige una economía más intensiva en conocimiento, tecnología e innovación.

A ello se suma el deterioro institucional. La desaparición del INEE y de Mejoredu dejó al país sin una autoridad autónoma para evaluar aprendizajes y rendir cuentas. Un sistema educativo puede tener malos resultados y corregirlos si los mide con rigor. Lo más riesgoso es dejar de medir o sustituir la evaluación técnica por validación política.

Mientras tanto, la economía enfrenta una contradicción. El país aspira a integrarse a cadenas globales de valor más sofisticadas, pero tiene crecientes dificultades para formar el talento que requieren esas cadenas. La OCDE estima que alrededor de tres cuartas partes de los empleadores mexicanos enfrentan problemas para cubrir vacantes por la falta de habilidades adecuadas entre los candidatos. Se requieren generar empleos, pero también personas capaces de ocuparlos.

Más allá de la CNTE, Sheinbaum tendrá que decidir si apuesta por una educación que forme más talento para crecer e innovar, o por mantener los incentivos políticos que privilegian el control del sistema educativo. Entretanto, la verdadera crisis avanza silenciosamente en las aulas.

Samuel García Samuel García Editor y economista. Fundador y director de Arena Pública. Fundó y dirigió El Semanario de Negocios y Economía. Fue director editorial de Negocios del Grupo Reforma y 'El Universal'. Director fundador de 'Infosel'. Fue profesor de la Maestría en Periodismo y Asuntos Públicos del CIDE y del Diplomado en Periodismo Económico de la Escuela de Periodismo Carlos Septién. Máster en Periodismo Digital. Columnista, comentarista y consultor para diversos medios en México.