Hacienda: ¿cómo hará que las cuentas salgan?
El rebote económico del segundo trimestre le dio oxígeno a Hacienda. Pero no resolvió su problema: México necesita crecer para estabilizar la deuda y ajustar las finanzas públicas sin apagar ese crecimiento.
Las cifras que publicó este lunes el INEGI mejoran la fotografía. El PIB creció 2.1% anual en el segundo trimestre y 1.4% respecto al primero, con cifras desestacionalizadas. Después del tropiezo de comienzos de año, la economía recuperó fuerza. Pero en el primer semestre acumuló apenas 1.1% anual y la composición deja dudas: mientras el comercio mayorista avanzó 11.3% y la construcción 4.8%, las manufacturas cayeron 0.4%.
Además, el impulso se debilitó conforme avanzó el trimestre. El IGAE aumentó 1.2% mensual en abril, cayó 0.3% en mayo y 0.1% en junio. La economía rebotó, pero aún no demuestra una expansión sostenida.
Eso importa porque en dos semanas, el 8 de septiembre, Hacienda presentará un Paquete Económico 2027 con unas cuentas difíciles de cuadrar.
El gobierno necesita continuar la consolidación fiscal y estabilizar la deuda, pero tiene poco espacio para hacerlo mediante el gasto. Pensiones y programas sociales absorben recursos crecientes y son políticamente difíciles de tocar, más aún en año electoral. La inversión pública, que suele funcionar como variable de ajuste, ya ha pagado una parte importante de la consolidación.
Queda entonces la otra mitad de la ecuación: los ingresos. Y allí está el dilema. Para recaudar más sin una reforma fiscal, Hacienda necesita mayor crecimiento. Pero éste depende precisamente de aquello que el ajuste no debería seguir debilitando: inversión pública, infraestructura y condiciones para detonar inversión privada.
La inversión privada llega debilitada después de varios trimestres de retroceso, mientras la incertidumbre interna y la negociación comercial con Estados Unidos han retrasado decisiones empresariales. El Plan México y el plan de infraestructura carecen de una cartera de proyectos suficientemente concreta para modificar las expectativas de inversión en el corto plazo.
Esa debilidad del crecimiento también complica la deuda. México tiene a su favor que buena parte está denominada en pesos, a tasa fija y de largo plazo, lo que amortigua el impacto inmediato de la volatilidad internacional. Pero conforme vencen los títulos, el refinanciamiento incorpora tasas más altas y eleva el costo financiero. Por eso, del lado de la deuda interna, Hacienda necesita que Banxico reduzca pronto la tasa.
De allí que estabilizar la deuda no dependa sólo de reducir el déficit. También depende del denominador: el tamaño de la economía.
Una economía que crece poco golpea a Hacienda por ambos lados: genera menos ingresos y dificulta contener la deuda como proporción del PIB. Si para corregirlo el gobierno vuelve a recortar la inversión, puede mejorar las cuentas hoy a costa del crecimiento que necesitará mañana para estabilizarlas. Ésa es la trampa.
El rebote del segundo trimestre ofrece una oportunidad, no una salida. El Paquete 2027 tendría que mostrar que la consolidación deja de descansar desproporcionadamente en la inversión y que el Plan México finalmente se traduce en proyectos, infraestructura y condiciones capaces de movilizar capital privado.
De lo contrario, Hacienda podría perseguir la estabilidad de la deuda con una estrategia que erosiona una de las condiciones indispensables para conseguirla: el crecimiento.
Por eso, el Paquete Económico 2027 enfrentará al gobierno de Claudia Sheinbaum con su principal dilema fiscal: estabilizar la deuda sin debilitar aún más el crecimiento que necesita para sostenerla.