El rol de la investigación en la sociedad (Parte I)

01-04-2021 10:06

Hace un par de semanas tuve el honor de ser designado como el responsable de la estrategia de investigación de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Tecnológico de Monterrey. Se trata de un encargo con enormes retos, tanto en lo global como en lo local.

A nivel mundial persiste un halo de incertidumbre ocasionado por la velocidad con la que se ejecuta la vacunación de la población en medio de la tercera ola de la pandemia de COVID-19, así como por las inclinaciones nacionalistas que constantemente se vuelven una amenaza para las democracias en todas las latitudes.

A nivel nacional, estamos bajo la administración de un gobierno que, por un lado, ha enfocado sus esfuerzos en prerrogativas político-electorales con desastrosas consecuencias en las condiciones económicas de los habitantes del país, incluso en plena pandemia (ver estudio del Centro de Estudios Espinosa Yglesias).

Y, por el otro lado, ese mismo gobierno no solo desestima el conocimiento científico, cancelando becas y apoyos a la investigación, sino también lo señala y ataca. Ambas condiciones limitan las opciones para el destino de recursos financieros a la investigación y suman complejidad a la tendencia por parte de la sociedad de cuestionar el papel de la investigación originada en la academia y los beneficios específicos que ésta genera.

Sin embargo, estimado lector, la designación sobre la cual tengo la fortuna de comentarle, es también un mosaico de oportunidades y de reflexión sobre un aspecto muy apropiado dada la coyuntura: ¿cuál es el rol de las Ciencias Sociales? ¿Cuál debe ser la aportación de la investigación que realiza una universidad hacia la sociedad?

El paradigma dominante que evalúa el impacto de la investigación es, me temo, muy acotado. Las métricas relevantes bajo las que tradicionalmente se rige el valor de la investigación están relacionadas al número de publicaciones SCOPUS en revistas arbitradas con clasificación Q1 y Q2, el número de citas que genera cada publicación y el monto financiero de atracción de fondos para la investigación, entre otras.

Dicho de otro modo, es estándar evaluar solo el impacto académico de la investigación. No es, empero, un punto de partida erróneo, ya que es común denominador para un investigador obtener el reconocimiento de sus pares si es que también desea ejercer influencia en un espectro de la población más amplio.

No existe un consenso sobre las métricas que deberían utilizarse para evaluar el impacto que la investigación de las ciencias sociales produce en la sociedad más allá de la academia. Después de todo, es fácil identificar el beneficio que han producido en la vida cotidiana de las personas las plataformas tecnológicas como Uber, Airbnb o Rappi. Y, por el contrario, es complejo establecer cómo una serie de disciplinas han proporcionado distintas herramientas para revalorar la perspectiva de los impactos de dichas plataformas de economía colaborativa.

No obstante, ¿acaso no es relevante que un investigador explique en un medio masivo de comunicación, por ejemplo, el costo de oportunidad que incurre un gobierno en no destinar recursos para la regulación de las actividades de dichas empresas? De igual forma ¿no es fundamental contar con mecanismos de participación ciudadana entre organizaciones de la sociedad civil e investigadores universitarios, para dar trazabilidad y crear consciencia respecto a la rendición de cuentas sobre el proceso de detección, atención y tratamiento de COVID-19, así como sobre el proceso de aplicación de la vacuna? ¿Tienen impacto los investigadores que lideran a un equipo multidisciplinario para la formulación del Plan Hídrico Nuevo León 2050? ¿Y qué me dice de aquellos profesores que involucraron a sus estudiantes para crear la plataforma más completa de investigación, monitoreo y seguimiento a los datos oficiales sobre el COVID-19?

Sin lugar a duda esta columna no puede enlistar todo el esfuerzo y resultados de la investigación que realizan los y las colegas de Ciencias Sociales y de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tecnológico de Monterrey. Pero es evidente que el impacto de su investigación trasciende la esfera académica y se incrusta en la sociedad, habilitando el interés de su comunidad y de los ciudadanos en participar en la transformación de lo público. En la siguiente columna explicaré cómo.