Los salarios y el desempeño de los futbolistas: Un problema de incentivos

11-02-2021 06:45

*Por Fausto Hernández y Enrique Salcedo Chávez

Conozco muchos aficionados al futbol que frecuentemente me preguntan, como si yo supiera, por qué no corren a tal o cual futbolista, si no desquita su sueldo. Constantemente me señalan que, si ellos no desquitan el sueldo, la jefa los corre, sin la menor consideración. ¿Por qué a un futbolista no le hacen nada?

Lo primero que se viene a la mente es que el futbolista “le costó” una cantidad monetaria a la empresa, y por tanto es un activo en su hoja de balance, a diferencia de cualquier otr@ emplead@. Es, pues, una especie de mercancía, que consta en un contrato con fecha de expiración. Este último especifica las más de las veces cuál será su sueldo, independientemente a si juegan o no. Más aún, nuevamente las más de las veces si el jugador no rinde, su sueldo está asegurado, pero el precio de su “carta” (que ya no se llama así) baja, con lo que el equipo/empresa genera una pérdida, primero en libros, y después realizada.

Para los economistas, el comportamiento o desempeño de un jugador es un típico problema de incentivos, los que se tienen que alinear o armonizar, para lo cual es necesario redactar un contrato acorde. El mercado de futbolistas a nivel mundial entró en una espiral que pareciera de subastas, generando una auténtica burbuja en el precio y sueldos de los jugadores. Dinero lícito o, se dice, ilícito jugó el papel fundamental de esa inflación desmedida (y con una participación de agentes de los jugadores, expertos en obscurecer las transacciones, hasta en contubernio con entrenadores. El caso Matosas es el que destapó la cloaca).

Uno supondría que si a Messi le pagan 550 millones de euros por cuatro años, es porque es redituable para el club Barcelona, que en principio es de los pocos equipos que queda con una estructura de propiedad basada en socios. De acuerdo a Marc Ciria, financiero y socio fundador de Diagonal Inversiones afirma que Messi es la parte fundamental de los ingresos del Barsa.

Se calcula que Messi le genera al club ingresos entre 250 y 300 millones de euros anuales; si su salario bruto es de 140 millones, como mínimo, dice Ciria, el Barsa tiene 100 millones anuales como beneficio. Pero esto deja de suceder en la pandemia, y sin embargo, el contrato tiene que cumplirse. Es decir, el cálculo de Ciria, fue hecho en circunstancias normales. El peligro de descansar solo en Messi como fuente de ingresos es claramente un problema de falta de diversificación y no prever posibles riesgos por parte del Club.

Con la pandemia, los ingresos de los clubs de futbol (y de otros deportes y sectores) se han visto mermados, con lo que se les está dificultando cumplir el contrato con los jugadores. Se dice en la prensa catalana que, al Barcelona, el salario de Messi es el que los ahoga financieramente, y peor aún, el jugador ya no quiere o desea rendir al máximo porque no está “a gusto”.

Si bien continúa siendo el que más goles ha anotado esta temporada, su rendimiento actual no es el mismo de hace tres años cuando estaba “contento” y ganaba el mismo salario de hoy, y su efectividad (hoy un envidiable todavía 0.72 goles por partido, comparado con el 0.86 hace tres años) no es la misma que Ronaldo en la Juve, el que sí está contento en Italia. Pero el club generó el antecedente y no diversificó ingresos, y es el que tiene que jugar un papel importante para que no vuelva a suceder.

Pero no nos fijemos en el punto aberrante, volvamos a la realidad del futbol mexicano. Aparentemente no hay relación con la pandemia, pero curiosamente varios jugadores de la liga MX, al igual que Messi, no hacen su mayor esfuerzo recientemente, cayendo incluso en el cinismo cuando llegan a jugar (no el caso de Messi, que no es cínico, aunque no realiza el máximo esfuerzo). De manera notoria están los casos de Roger Martínez, César Ibargüen, la Chofis, Alan Mozo (éste por fiestero, porque además es un jugador poco dotado técnicamente) y el Cabecita Rodríguez (otro fiestero que no quiere jugar bien). Estos jugadores por algún motivo están descontentos con sus equipos (como Messi) y declaran su rebeldía jugando mal y sin el máximo esfuerzo.

Reiteramos, millones de trabajador@s en el mundo no están contentos con sus patron@s, pero están conscientes de que, si no rinden, los corren. Por ello, cualquier trabajador, aunque sea a regañadientes, realiza aceptablemente su trabajo.

No es el caso con estos personajes, que no realizan su mejor esfuerzo. La amenaza de no jugar es irrelevante en sus ingresos. Los castigos también son inefectivos. Les tiene sin cuidado. Y ahí está la paradoja. Si no juegan, se perjudican a sí mismos en el mediano plazo (no lo ven porque en general hay bajo nivel de educación en el sector), pero en el corto quien pierde es el club, porque el valor del jugador baja. Es decir, los activos del club pierden valor (Cruz Azul, Chivas, Pumas, América, Tigres, ya no saben cómo deshacerse de algunos de sus jugadores, porque nadie los quiere, pero tienen contrato, es decir, su ingreso asegurado). Lo que es más, cuando expira su contrato, y no fueron vendidos, son agentes libres. El incentivo para no jugar bien, sin consecuencia aparente alguna, se ve reforzado.

Así, el equipo pierde la inversión y el costo para el jugador es generalmente que el equipo que los compra es un equipo de mucho menor nivel.

Es completamente cierto que antes de esta situación, el abuso de los equipos sobre el jugador era excesivo. Pero la solución ha traído como consecuencia la conducta anotada. Algo tiene que hacerse para resolver este conflicto de objetivos en las dos partes. Es decir, ¿Cómo hacer para que el jugador juegue bien y realice su mejor esfuerzo en todo momento, de manera que el activo del club se revalore, pero sin afectar derechos fundamentales de los jugadores?

La teoría económica ha estudiado ese fenómeno por mucho tiempo, al menos cinco décadas. Por ejemplo, ¿cómo hacer que el director general de una empresa tenga el incentivo de revalorar las acciones de la misma? Aunque todavía materia de estudio se ha utilizado muy frecuentemente incluir en el contrato, como parte del pago de salario, acciones, u opciones financieras de compra, de manera que, si la empresa eleva su valor, el salario del CEO se eleva también.

A este fenómeno se le llama alinear o armonizar los incentivos de ambas partes, el dueño y el administrador. Los bonos de actuación también son muy utilizados. El hecho es que en ocasiones el salario base, por ejemplo, en el sector financiero, es relativamente bajo, y el bono de actuación es el componente más importante del mismo. Por ello, con sus defectos (que los hay), esta manera de pagar ha sido razonablemente efectivo para alinear los objetivos de las dos partes.

En el futbol, la solución parece fácil. Los contratos de los jugadores debieran contener un salario base no tan abultado, y un componente muy importante porcentualmente basado en la actuación y desempeño. En adición, el monto del traspaso de un jugador a otro equipo debería, también, contener un componente basado en el desempeño del jugador.

Se me ocurre: una especie de opción financiera, donde el jugador ganaría un porcentaje a partir de cierto precio de venta fijado en el contrato, de lo contrario desaparecería su porcentaje. En caso de que se conviertan en agentes libres, si su desempeño no fue bueno, al ser su salario base anterior bajo y su ingreso por desempeño también, entonces tendrían menor poder de negociar un salario mayor con el nuevo equipo. Esto haría que se esforzaran más.

Si bien es cierto que las primas por desempeño fueron introducidas hace ya muchos años en el futbol, lo cierto es que son incentivos de “baja potencia” porque el salario base es muy alto proporcionalmente, comparado con las primas de actuación. Por ejemplo, aún en el caso de Neymar cuyo salario anual se especula en cerca de 40 millones de euros anuales, el premio por ganar la champions es de 850,000 euros. Es decir, acaso 2 por ciento de su salario seguro.

El resultado que vemos es que Roger Martínez en el América de México no le interesa alinear o no, porque aunque tenga prima por goles anotados (sí la tiene), su salario base es tan elevado que hace ver al bono adicional como un “extrita” por el que no vale la pena realizar el esfuerzo. A la Chofis, no le importó siquiera que lo separaran del plantel. La clave es, como en el sector financiero, que el ingreso por desempeño es el que represente la mayor parte (o igual proporcionalmente) del salario y no al revés como es hoy en el mundo del futbol mundial.

La inflación provocada por los propios equipos se les revierte ahora. Crearon una burbuja en el mercado deportivo, y la pandemia la ha reventado. Las burbujas, se llaman así, porque eventualmente se revientan, las más de las veces con una crisis que “corrige” los precios. En el futbol ya se reventó y la corrección de precios tendrá que darse. Mi propuesta aireada a la ligera sugiere la dirección hacia lo que creo sería eficiente.

No será fácil porque la competencia por atraer al mejor jugador hará que el competidor le diseñe el contrato a ese jugador de manera que le asegure un salario independiente a su desempeño. Pero los equipos tendrán que empezar a competir por atraer talento basados en actuaciones, y más aún, diseñando el porcentaje de ganancia por su venta a otro equipo, si quieren solucionar este problema.

Si eso lo empiezan a hacer los equipos líderes del mundo (Barcelona, Real Madrid, BayernManchester, Liverpool, Chelsea, y PSG), muy probablemente se permeará paulatinamente a todo el orbe y a todos los niveles de calidad de jugadores. Si el sector financiero ha podido hacerlo (con sus defectos), no veo porqué en el futbol no se ha hecho, aunque se requiere de acción coordinada.