Defenderé el precio de la gasolina como un perro

17-03-2022 06:30

El símbolo de éxito o fracaso de la política económica de México en la segunda mitad del siglo XX fue la paridad del peso (contra el dólar).

Al grado se convirtió esa obsesión que el presidente José López Portillo afirmó en marzo de 1982 que defendería el peso como un perro. Hoy, con un régimen de tipo de cambio flexible, ese símbolo ha perdido potencia (durante el periodo de Peña el peso se depreció 52% y nadie, ni los medios, lo resaltaron).

Pero las sociedades necesitan asirse a símbolos, y éstos frecuentemente los promueven los propios políticos. Hoy el símbolo de éxito o fracaso parece ser el precio de la gasolina. Uno de los puntos medulares de la campaña presidencial del entonces candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador, era que con él no iba a haber “gasolinazos” (una forma eufemística para negar el aumento en los precios). Ya como presidente lo ha reiterado, aunque matizando que el precio de la gasolina no aumentaría “en términos reales”.

Con la subida de los precios internacionales del petróleo debido a varios factores entre los que destacan el aumento de la demanda internacional posterior a la pandemia, y más recientemente a la guerra de Ucrania-Rusia, la gasolina se ha disparado a niveles exorbitantes.

El haber convertido el costo de la gasolina en un símbolo, ha atado las manos del presidente. Para sostenerlo ha tenido que dejar de recaudar el IEPS (impuesto especial sobre producción y servicios), lo que representará un boquete a las ya de por sí débiles finanzas públicas del país. Incluso cuenta con espacio para aumentar el precio en 7.3% (tasa de inflación observada en 2021) y aun así cumplir con su promesa, pues prometió que en términos reales no aumentaría. Pero no lo ha hecho.

¿Por qué? El presidente es un político que entiende que en ocasiones los conflictos sociales los detona una chispa -simbólica. Solo recuerde que Gabiel Boric flamante presidente de Chile, adquiere popularidad del movimiento que detonó un aumento en el precio del metro. En México, el “gasolinazo” del 2017 fue aprovechado por grupos anarquistas (promovidos por algún político seguramente) para armar desmanes, lo que desprestigió aún más la alicaída administración de Peña Nieto.

En mi opinión, el presidente no quiere que un aumento en el precio de la gasolina sea el detonante de una posible caída de su popularidad, sobre todo justo antes de la votación para la revocación de mandato.

Y por ello, defenderá el precio de la gasolina como un perro. La apuesta es que este subsidio al importe del combustóleo será transitorio. Así lo calculó López Portillo cuando afirmó que defendería el peso como un perro, y lo pudo hacer hasta que se le terminaron las reservas. Y cuando ello sucedió pues estalló la crisis económica que dio inicio a la década perdida.

Si los precios internacionales del hidrocarburo no disminuyen en el corto plazo, el boquete será mayor cada día y eventualmente insostenible. Para que sea de corto plazo, la guerra tendrá que finalizar pronto. En caso contrario, AMLO tendrá que irremediablemente comenzar a elevar el precio de la gasolina, y manejar políticamente ese aumento para que no se le complique políticamente. De manera natural, sus opositores se la cobrarán cuando eso suceda. Es parte de la democracia y él lo sabe. En regímenes democráticos no hay víctimas, solo opositores que aprovechan los errores del que está en el poder.

Si se empeña en mantener el subsidio, que dicho sea de paso beneficia en mayor medida a los ricos, y sin una reforma fiscal, la única manera será apretar más en la recaudación, o bien, disminuir aún más la calidad de los bienes y servicios que ofrece el estado (¿alguien ha circulado por las carreteras del país y calles de las ciudades, a las que no se les ha dado mantenimiento recientemente, para no mencionar la educación y la salud?).

¿Cuánto aguantará? La respuesta la sabremos en las próximas semanas.