El talón de Aquiles del Plan México está en las aulas

Con un capital humano insuficiente, que se está rezagando, el Plan México no podrá dar el salto hacia una economía de mayor valor agregado. Los resultados de la prueba PISA deben leerse como una seria advertencia.
15 Septiembre, 2026
Plan México y educación.
Plan México y educación.
El Observador

El gobierno quiere producir semiconductores, centros de datos y manufacturas de mayor valor agregado. El problema es que la generación que deberá hacer posible ese salto productivo está llegando peor preparada.

Los resultados de PISA 2025 deberían leerse como una seria advertencia. Sólo 30% de los estudiantes mexicanos de 15 años alcanza el nivel mínimo de competencia en matemáticas, frente a 65% en la OCDE. México obtuvo 388 puntos, siete menos que en 2022 y 75 por debajo del promedio. En lectura, apenas la mitad alcanzó el nivel básico.

Esto está ocurriendo cuando se pretende subir de nivel productivo. El Plan México apuesta por atraer inversión, profundizar la manufactura avanzada, desarrollar semiconductores, digitalizar empresas y aprovechar la relocalización de cadenas. Pero la OCDE advierte que 75% de los empleadores tiene dificultades para cubrir puestos por falta de habilidades adecuadas.

El problema viene de atrás y se está agravando. México sigue aumentando su escolaridad, pero cada vez menos jóvenes estudian más que sus padres. Según el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), entre los jóvenes de 18 a 24 años esa proporción cayó de 72% en 2016 a 67% en 2024. Quienes terminaron con menos escolaridad que sus padres aumentaron de 18% a 21%, y la ventaja promedio de los hijos se redujo de 2.8 a 2.2 años de estudio.

Además, el origen familiar sigue pesando mucho. En 2024, de cada 100 jóvenes cuyos padres estudiaron primaria o menos, apenas 15 llegaron a estudios profesionales. En cambio, tener padres universitarios multiplica casi por cuatro la posibilidad de alcanzar ese nivel. La educación abre puertas, pero no las abre igual para todos.

Ese peso del origen también aparece en los ingresos. El CEEY estima que la mitad de quienes nacen en el 20% de los hogares con menos recursos permanece ahí al llegar a la edad adulta, y apenas dos de cada 100 llegan al 20% de mayores recursos. Es decir, se ha ampliado la educación, pero existen enormes dificultades para convertirla en movilidad económica.

No significa que estudiar haya dejado de servir. Al contrario: un trabajador con educación superior gana, en promedio, 56% más que uno con educación media superior. El problema está en que no se consigue convertir más escolaridad en mejores habilidades, y éstas, a su vez, en empleos productivos.

Ahí aparece otro cuello de botella. En el segundo trimestre, 55.1% de los trabajadores estaba en la informalidad. Es una economía capaz de mantener un desempleo bajo, pero incapaz de incorporar a más de la mitad de sus trabajadores a la formalidad, donde puedan favorecerse su capacitación, acumulación de habilidades y productividad.

Y ahí surge el problema macroeconómico. Aun si México logra atraer capital y construir la infraestructura, su crecimiento dependerá de la productividad de quienes la operen. Los resultados de PISA anticipan el riesgo: los adolescentes evaluados llegarán al mercado laboral en los próximos años. Es una alerta temprana sobre el capital humano que tendrá el país.

La alarma es evidente. México quiere dejar de competir con costos bajos y avanzar hacia sectores intensivos en conocimiento, mientras siete de cada diez adolescentes carecen de competencias matemáticas mínimas, disminuye la proporción que supera educativamente a sus padres y tres de cada cuatro empleadores ya tienen dificultades para encontrar las habilidades que necesitan.

Las fábricas del futuro no funcionarán sólo con electricidad, agua y carreteras. También necesitarán capital humano. Y ya se adelanta que éste será una de las restricciones más serias —y menos atendidas— para el crecimiento mexicano.

Samuel García Samuel García Editor y economista. Fundador y director de Arena Pública. Fundó y dirigió El Semanario de Negocios y Economía. Fue director editorial de Negocios del Grupo Reforma y 'El Universal'. Director fundador de 'Infosel'. Fue profesor de la Maestría en Periodismo y Asuntos Públicos del CIDE y del Diplomado en Periodismo Económico de la Escuela de Periodismo Carlos Septién. Máster en Periodismo Digital. Columnista, comentarista y consultor para diversos medios en México.