Nadie escarmienta en cabeza ajena… tampoco los bancos centrales

Mientras los principales bancos centrales del mundo desarrollado se muestran más cautelosos frente a la inflación, Banxico parece dispuesto a seguir recortando tasas.
4 Mayo, 2026
Christine Lagarde, presidenta del BCE, y Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal.
Christine Lagarde, presidenta del BCE, y Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal.

Mientras los principales bancos centrales del mundo desarrollado se muestran más cautelosos frente a la inflación, Banxico parece dispuesto a seguir recortando tasas. 

La semana pasada, la Reserva Federal (Fed), el Banco Central Europeo (ECB) y el Banco de Inglaterra (BoE) optaron por mantener sus tasas sin cambios. El mensaje fue parecido en los tres casos: el entorno global se ha vuelto más incierto, el choque energético derivado del conflicto con Irán complica el panorama y nadie quiere declarar victoria sobre la inflación demasiado pronto. La Fed mantuvo su tasa, con la mayor disidencia interna desde 1992. En Europa, Christine Lagarde admitió que incluso se discutió la posibilidad de subir tasas. En Reino Unido, Andrew Bailey fue claro en decir que mantener la tasa no significa que el Banco esté tranquilo.

El Banco de México, sin embargo, parece estar leyendo el entorno de otra manera. El próximo 7 de mayo, el consenso de analistas encuestados por Citi México espera un recorte de 25 puntos base por parte de la autoridad monetaria. Sería el séptimo recorte del ciclo y, como es también ampliamente esperado, posiblemente el último.

La gobernadora Rodríguez Ceja reconoció, la semana pasada, ante el Senado que los choques inflacionarios se han acumulado: energéticos, alimentos, IEPS y tensiones geopolíticas. Aun así, insistió en que las expectativas de largo plazo siguen ancladas. El problema es que Banxico también volvió a retrasar su pronóstico de convergencia al objetivo de 3%, ahora hasta 2027. 

Por su parte, el subgobernador Omar Mejía Castelazo habló también la semana pasada en un podcast y fue todavía más explícito. Argumentó que la inflación sigue concentrada en pocos rubros y que muchos de los choques son temporales. Según sus palabras, si Banxico recortara estaría haciendo un ajuste fino, no un relajamiento.

Con la salida de Jerome Powell de la presidencia de la Fed y haciendo un balance de su gestión, muchos analistas recordamos lo que ocurrió hace apenas unos años en Estados Unidos. Durante buena parte de 2021, Powell insistió una y otra vez en que la inflación era “transitoria”, resultado de cuellos de botella temporales y concentrada en sectores específicos afectados por la reapertura económica. En 2020, la Fed incluso había cambiado su marco de política monetaria para tolerar temporalmente una inflación por encima de 2%, bajo la idea de que el verdadero riesgo seguía siendo una economía demasiado débil. El problema fue que el mundo cambió mucho más rápido que el modelo del banco central. Llegaron los choques de oferta, el conflicto energético y una inflación mucho más persistente de lo esperado. En junio de 2022, la inflación estadounidense alcanzó 9.1%. La Fed tuvo que subir tasas 425 puntos base en menos de un año y pasó varios años tratando de recuperar credibilidad. Powell deja la presidencia el próximo 15 de mayo con un legado mixto: manejó con habilidad la crisis del COVID, pero también cometió uno de los errores de diagnóstico inflacionario más importantes de las últimas décadas.

La pregunta incómoda es si Banxico está empezando a recorrer un camino parecido. Igual que el Fed en 2021, Banxico insiste en que el problema inflacionario sigue concentrado en unos cuantos sectores y que no vale la pena reaccionar de más ante choques temporales. La lista de Omar Mejía —jitomate, papa, carne, IEPS, servicios de alimentación— recuerda inevitablemente los ejemplos que Powell utilizaba hace cinco años para argumentar que la inflación “verdadera” seguía contenida.

Banxico también sostiene que, aunque las tasas ya se acercan a niveles neutrales, la política monetaria sigue siendo restrictiva. El problema es que nadie sabe realmente dónde está esa famosa “tasa neutral”. Después de la pandemia, muchos cálculos sugieren que podría ser más alta de lo que se pensaba. Una discusión seria sobre este tema liderada por el banco central sería bienvenida, por cierto. 

Si Banxico insiste en que los choques son temporales, cuesta trabajo entender por qué sigue retrasando la fecha en la que la inflación regresaría al objetivo de 3%. Si la convergencia ahora se pospone hasta 2027, entonces quizá los choques no son tan pasajeros como se argumenta. También hay otra contradicción menos comentada. Banxico insiste en que la postura monetaria sigue siendo “muy restrictiva” frente a estándares históricos, comparando la tasa actual de 6.75% con el promedio observado entre 2008 y 2019. Pero durante buena parte de esos años, la inflación promedió cerca de 4%, no muy lejos del nivel actual.

Nada de esto pone en duda la autonomía ni la capacidad técnica de Banco de México. Rodríguez Ceja hizo bien en defender ambas cosas ante el Senado, especialmente en una región donde las presiones políticas sobre los bancos centrales son cada vez mayores. Pero autonomía no garantiza infalibilidad. Powell era autónomo, era competente y, aun así, se equivocó.

El verdadero reto para un banco central no es solamente resistir presiones externas. También es evitar convencerse demasiado rápido de que ciertos riesgos inflacionarios serán pasajeros, especialmente cuando recortar tasas resulta políticamente cómodo y económicamente atractivo. Banxico todavía puede optar por la cautela, como hicieron recientemente la Fed, el ECB y el BoE: pausar, esperar y reconocer que el entorno global se ha vuelto más complejo, no menos. Porque el verdadero riesgo no es esperar demasiado para recortar tasas. El verdadero riesgo es volver a subestimar una inflación que ya demostró, una vez, lo caro que puede salir.

Delia Paredes Mier Delia Paredes Mier Delia Paredes apoya la toma de decisiones a inversionistas internacionales, líderes empresariales y gestores de activos a través del análisis económico desde hace casi 20 años. Es consultora independiente y docente en la Universidad Anáhuac y en el Tec de Monterrey. Miembro del Comité de Estudios Económicos en el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF) y del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI). Delia Paredes es Maestra en Economía por la London School of Economics (LSE).