Cuando el diagnóstico no alcanza para explicar la decisión
La última decisión de Banco de México generó un debate inusualmente intenso. De un lado, quienes ven inconsistencia entre el diagnóstico y la acción. Del otro, quienes argumentan que el recorte es coherente con una postura aún restrictiva. El problema es que puede ser que todos tengan razón al mismo tiempo.
El debate parte de una premisa que casi nadie está cuestionando: que la política monetaria puede responder con precisión a la dinámica inflacionaria actual. Ese supuesto se vuelve frágil en el entorno que hoy enfrenta la economía mexicana.
No cabe duda de que estamos en un escenario de estanflación, el cual presenta un dilema para los bancos centrales. Los riesgos inflacionarios han aumentado. La guerra en Medio Oriente —con Irán como actor central— ha elevado la incertidumbre sobre energía, fertilizantes y costos logísticos. A eso se suman nuevas tensiones comerciales, incluidos los aranceles impulsados por Donald Trump, y medidas internas cuyos efectos apenas empiezan a verse. Mientras tanto, la actividad económica parece estar en punto muerto.
En ese contexto, la discusión sobre si Banxico debió o no recortar la tasa se queda corta. La política monetaria sí puede contener la inflación, pero no de cualquier tipo ni en cualquier momento. Opera principalmente sobre la demanda; los choques actuales vienen del lado de la oferta, lo que afecta las expectativas. En este terreno, su capacidad de respuesta en el corto plazo es limitada. Puede llevar la inflación a la meta; pero no necesariamente reaccionar con precisión a la dinámica de precios de corto plazo.
Quienes critican el recorte tienen razón en señalar la aparente inconsistencia: inflación al alza, riesgos sesgados hacia arriba, expectativas que no terminan de converger… y aun así, un recorte. En ese entorno, la cautela parecía el camino natural. Pero quienes lo defienden también tienen un punto: la postura monetaria sigue siendo restrictiva, la actividad es débil y mantener tasas elevadas no corrige choques de oferta.
El problema es que ambas posturas están evaluando la decisión como si la política monetaria pudiera calibrarse con precisión frente a la inflación de corto plazo y este es el supuesto que hoy falla. En un entorno como el actual, la política monetaria no solo fija tasas, sino que además tiene que dar señales hacia delante. Estas señales importan por que moldean la credibilidad del banco central. Cuando la señal se separa del diagnóstico, esa credibilidad empieza a tensionarse. Aquí es donde el debate deja de ser estrictamente técnico: no porque la autonomía esté en duda, sino porque la percepción de que las decisiones responden exclusivamente al mandato comienza a erosionarse. La autonomía no se pierde en un movimiento; se desgasta cuando esa brecha se vuelve creíble. En política monetaria, la credibilidad no se anuncia, se prueba.
No porque el recorte sea, por definición, un error. De hecho, puede ser consistente con un entorno donde la política monetaria tiene menos margen de acción. Pero tampoco es una decisión neutral. Reducir la tasa en un contexto de mayor incertidumbre, con riesgos inflacionarios al alza y una inflación que no termina de ceder, transmite una señal de continuidad: de que el ciclo puede seguir bajo una lógica relativamente predecible.
Esa es una apuesta porque el entorno no es predecible. Tratarlo como si lo fuera introduce un riesgo adicional: no tanto sobre la inflación de hoy, sino sobre la percepción de qué tan alineada está la política monetaria con la naturaleza del choque que enfrenta.
Los límites de la política monetaria no eliminan la necesidad de consistencia. La hacen más importante. Quizá la pregunta no es si Banxico se equivocó al bajar la tasa. Quizá la pregunta es si estamos esperando de la política monetaria una capacidad de respuesta que, en el corto plazo, simplemente no tiene… y si, al mismo tiempo, estamos tolerando decisiones que asumen más certidumbre de la que realmente existe. Si ese es el caso, el riesgo no es una decisión puntual, sino asumir que los límites del instrumento son opcionales.