Banxico al filo
El 26 de marzo pasado, el Banco de México anunció un recorte de 25 puntos base o un cuarto de punto porcentual a su tasa objetivo de política monetaria, ubicándola en 6.75%.
De entrada, esta fue una decisión dividida 3-2 lo cual indica que, al interior de la propia Junta de Gobierno, las razones para el recorte no estuvieron exentas de controversia. Dicen los que saben, que la política monetaria es más arte que ciencia y que donde hay dos economistas se tienen al menos tres opiniones diferentes. Esta no fue la excepción en la decisión de Banxico, puesto que numerosos analistas y observadores criticaron con argumentos muy sólidos la decisión de reducir la tasa de política monetaria. Sobre todo, porque dos días antes se había anunciado por parte del INEGI un aumento significativo de la inflación general, debido a presiones en el componente no subyacente (agropecuarios y energéticos).
Si bien el precio del jitomate explicó en buena medida esta presión sobre el Índice General de Precios al Consumidor (INPC) quincenal, se pone en tela de juicio la convergencia pronta y expedita de la inflación al objetivo de Banxico (3% anual). En un contexto volátil e incierto, como el que vivimos tanto a nivel nacional como internacional, la contaminación de las expectativas inflacionarias se mantiene como un riesgo alto que, para muchos, Banxico debió haber atajado con mayor contundencia. Es cierto.
Por otra parte, también es cierto que el mismo día del anuncio de la inflación de la primera quincena de marzo, el INEGI anunció que la economía mexicana se contrajo en enero a una tasa de 0.9%. Este resultado fue mucho peor al esperado y configuró para muchos un escenario de bajo crecimiento en todo 2026. Ello apunta fuertemente a seguir relajando la política monetaria para impulsar el crecimiento económico. También es cierto.
Así las cosas ¿Quién tiene la razón? ¿Quienes creen que el Banco de México debió haber actuado con mayor celo ante un fuerte aumento en los riesgos de una espiral inflacionaria, honrando así su mandato primordial establecido en la Constitución? ¿O quienes creen que la política monetaria debe ser reactiva ante una economía en franca desaceleración y que no debe estar a merced del jitomate? La verdad es que no sabemos.
Lo que sí sabemos, es que existe una medida relativamente objetiva para evaluar la posición de la política monetaria, la cual puede encontrarse tanto en terreno restrictivo como expansivo: la tasa real ex ante. Esta es la tasa que anuncia el Banxico ajustada por la inflación esperada para los siguientes 12 meses, es decir, costo real del dinero asociado a la postura de política monetaria. Es una medida bastante deficiente, pues es solamente una “fotografía” de la política monetaria en un momento particular, que no toma en cuenta la dinámica futura de la inflación y las expectativas, así como factores cíclicos o estructurales que afectan a la economía y al sector financiero. Sin embargo, es mejor que nada y ofrece un punto de partida para analizar la política monetaria y sus ajustes.
Conforme a la última Encuesta sobre las expectativas de los especialistas en economía del sector privado, publicada por el Banco de México el pasado 3 de marzo, la inflación general esperada para los siguientes 12 meses al cierre de febrero se ubicó en 3.93% (ligeramente mayor al 3.90% del mes anterior). Esto ubica la tasa real (ex ante) en 3.07% (resta lineal para fines de simplicidad). Considerando que Banxico estima la real neutral en 2.7% (punto medio del rango oficial de 1.8-3.6%), la política monetaria estaba en terreno ligeramente restrictivo y la última decisión la mantuvo así. Esto es, considerando las últimas expectativas conocidas, la nueva tasa real se ubica en 2.82%, aún ligeramente en terreno restrictivo.
Más aún, si consideramos que la inflación de la primera quincena de marzo seguramente tendrá un impacto adverso sobre las expectativas de cierre del mes, es muy probable que la política monetaria mude a terreno expansivo por primera vez desde la pandemia. Por ejemplo, si tomamos en cuenta que la inflación anual en la primera quincena de marzo resultó alrededor de 30 puntos base mayor a lo esperado y suponemos (cuenta de tiendita sin duda) que las expectativas se desplazan en paralelo, la tasa real sería aproximadamente 2.5%, debajo del estimado central oficial para la tasa neutral. En cualquier caso, Banxico está al filo.
Este análisis de la tasa real vs la neutral no ofrece conclusiones contundentes, pero permite orientar la discusión en este punto. Si se considera con razón que los riesgos sobre la actividad económica han aumentado significativamente y que las presiones inflacionarias son pasajeras o no ameritan una política monetaria restrictiva, probablemente se estará a favor de un recorte a la tasa como el observado. En este frente estarían quienes piensen que el peso mexicano se ha fortalecido excesivamente frente al dólar y que un relajamiento de la política monetaria podría contribuir a la competitividad de las exportaciones. Por otra parte, quienes piensen que la situación geopolítica actual durará más que lo anticipado y que se presentarán presiones adicionales sobre la inflación, probablemente estarán de acuerdo con mantener la política restrictiva. Aquí estarían quienes opinen que la tasa objetivo es un instrumento limitado para promover la actividad económica y defiendan a ultranza el mandato único.
Lo más probable es que nunca sepamos y que las dos partes de la discusión reclamen la razón en el futuro. Por ello lo de Banxico al filo. Es muy posible que a pesar de que la política monetaria entre en terreno expansivo, los factores nacionales y extranjeros (reformas, T-MEC, etc.) tengan un efecto negativo sobre el crecimiento. También es muy posible que a pesar de que la postura monetaria siga siendo restrictiva la inflación siga repuntando. En cualquier caso, la decisión de Banxico no era fácil ni obvia. Tampoco lo serán las que vienen.