Optimismo franciscano

07-09-2022 07:20

 El marco económico preliminar que presentó el gobierno federal para 2023 resultó inusualmente optimista comparado con las perspectivas del sector privado.

Aún así, anticipa una contracción en el gasto público en los bienes y servicios de interés para los ciudadanos debido principalmente a la caída de los ingresos petroleros. Al ajustar el optimismo gubernamental y tomar en cuenta sus prácticas de gasto, la “pobreza franciscana” de esta administración luce particularmente temible.

En los Pre-criterios Generales de Política Económica 2023, la actual administración anticipaba para el próximo año un crecimiento económico de 3.5%. Sin embargo, al momento de darse a conocer tal documento, los especialistas del sector privado consideraban que la economía se expandiría 2.0% para tal periodo, de acuerdo a la encuesta levantada en este grupo por el Banco de México. Esta diferencia es considerable, sobre todo si se toma en cuenta que fue mucho menor en el pasado reciente.

En 2021, los pronósticos gubernamentales iniciales preveían una tasa de crecimiento del PIB de 5.3% para tal año, mientras que desde el sector privado esta tasa se situaba en 4.8%. Al final, el crecimiento observado en 2021 resultó en una cifra cercana a estas dos perspectivas (5%). Puesto de otra forma, el acostumbrado optimismo gubernamental se ha magnificado en 2022.

Pese al ánimo gubernamental, los Pre-criterios 2023 consideran que el gasto programable, donde se encuentra el gasto en salud, educación, programas sociales y otros, se reducirá 3.7%. Esto es debido principalmente a una contracción prevista en los ingresos petroleros de más de 25% que no puede ser compensada por otras fuentes de ingreso. La “pobreza franciscana” de este gobierno entraría por el sector petrolero.

Está por verse si el optimismo gubernamental en materia de crecimiento se modera en la presentación del paquete económico para 2023. Por lo pronto, las más recientes cifras de expectativas de los especialistas del sector privado reducen el pronóstico de expansión del PIB para 2023 a 1.3%. Esto significa que las previsiones iniciales de ingresos tributarios muy probablemente tengan que reducirse, y con ello ajustarse aún más el gasto público.

Desafortunadamente, la mayor “pobreza franciscana” del actual gobierno no es otra cosa que una austeridad selectiva que castiga la provisión de los servicios básicos, como los de salud y educación, entre otros. De acuerdo a México Evalúa, en los primeros meses de 2022, la Secretaría de Salud tuvo un subejercicio de 31% de su presupuesto y la Secretaría de Educación de 5% Estos subejercicios se están traduciendo en reducciones efectivas del gasto comparado con un periodo similar en 2021: de 16% en salud y de 23.6% en educación.

Si se combinan expectativas más realistas sobre el futuro de la economía mexicana con la práctica gubernamental de subejercer para recortar gasto público en las personas, las descuidadas necesidades de salud y educación se toparán con menos recursos para ser atendidas y una proclividad a no reasignar lo disponible a ellas. Algo similar ocurrirá en asuntos como la seguridad pública, la persecución de los delitos, la ciencia y la tecnología y otros temas, en donde también se detecta el mismo modus operandi.

A la larga, serán las  futuras generaciones las que más sufrirán la falta de inversión en ellas para que puedan superar sus condiciones de origen. La consecuente pérdida de movilidad social no se compensa por las transferencias de efectivo que disfrutan las actuales generaciones, ni pasa un costo político de corto plazo al sufrirse en lentos deterioros de capital humano.

Es por ello que la nueva “pobreza franciscana” es tan temible, pues la ruina que provoca es silenciosa y sus mayores costos a pagar ocurrirán en un tiempo tal vez lejano, pero seguro.