De la percepción a la inversión hay una gran decepción

12-01-2022 07:38

Nada para alegrar el inicio del nuevo año como la noticia de que la confianza empresarial se encuentra en niveles récord. Nada para moderar el optimismo tempranero como constatar que esto no significa una mayor inversión privada.

Así como los anuncios presidenciales de paquetes de inversión privada-pública no se han traducido en lo prometido, la recuperación reciente de las expectativas empresariales no han significado aumentos en la planta productiva del país.

El Índice Global de Opinión Empresarial de Confianza del INEGI muestra que al cierre de 2021 los empresarios tenían un nivel de expectativas sobre el desempeño futuro de la economía que rebasaban cualquier cifra de los últimos cinco años. En particular, desde abril de 2021 el ánimo empresarial se ha traducido en un crecimiento mensual de dos dígitos del índice de confianza, particularmente en el sector servicios.

Esto es sumamente alentador, en la medida en que las expectativas empresariales se conviertan en decisiones de inversión, es decir, en la adquisición de bienes de capital que expandan la capacidad productiva, el empleo y en último término el crecimiento económico. El problema es que este optimismo declarativo no se ha concretado en pesos y centavos realmente comprometidos en la economía.

La inversión fija bruta reportada por el INEGI para octubre de 2021, justo en medio de la mejora de la confianza empresarial, apunta a su estancamiento en niveles semejantes a los que presentaba en 2011. De abril de 2021 a octubre de ese año la inversión muestra incluso un leve descenso, mientras las expectativas empresariales mejoran considerablemente. La menor inversión se presenta particularmente en la construcción.

La mejora de la confianza empresarial no necesariamente tiene que estar asociada a una mayor inversión. Sin embargo, el divorcio reciente entre la percepción y los hechos es preocupante, dado que la economía mexicana viene saliendo de una de sus crisis más profundas y la recuperación, que se esperaba con mayor vigor, no se está consolidando.

Una posible explicación de que la opinión empresarial no coincida con la formación de capital realizada es que mientras las encuestas recogen la opinión de un gran número de empresarios y directivos, las decisiones de grandes inversiones se encuentran concentradas en un número relativamente pequeño de empresas. En México, el 10% de las empresas poseen el 90% de los activos físicos, de acuerdo a una investigación de CEPAL (Del Castillo, 2017).

Debido a la gran concentración de la inversión, no carecen de importancia los anuncios de grandes proyectos de las cúpulas del sector privado. De la mano del gobierno federal se han anunciado dos paquetes de inversión, el primero en noviembre de 2019 y el segundo un año después.

Un problema de estos magnos anuncios es que no necesariamente se concreta lo que se proclama. El primer paquete de proyectos, por 859 mil millones de pesos, no prosperó, presumiblemente por el arribo de la pandemia que cambió el panorama económico. El segundo, por menos de la mitad del monto del primero, y que ya incorporaba los retos en torno al COVID-19, apenas llevaba 34% de sus recursos en proyectos en ejecución nueve meses después de su lanzamiento.

Está próximo el anuncio presidencial de un tercer paquete y, por la persistente distancia que ha existido entre las percepciones y la realidad, no augura una decisiva recuperación de la inversión sino una costosa decepción más.

Las cifras del INEGI señalan que la inversión fija bruta está regresando a su comportamiento pre-pandemia, el cual refleja, en los hechos, una fuerte incertidumbre sobre la rentabilidad de la misma que amerite su franca expansión. Tiempo de revisar la política económica para apuntalar esta débil base para el bienestar futuro.