La Sociedad de los Economistas Muertos: ¿Tiene la economía soluciones a los desafíos del mundo actual?

17-01-2023 08:23

El inicio del año 2023 es un momento peculiar. Aunque parece que el esquivo regreso a la normalidad está de vuelta tras tres años de pandemia, la realidad es que nada es igual. El mundo se ha vuelto más complejo, con viejos y nuevos problemas y pocas respuestas. Basta con abrir el periódico y leer sobre las crisis económicas, la inflación, el nacionalismo, el proteccionismo, la desigualdad y el cambio climático. Lo más sorprendente no es la gran cantidad de problemas, sino la falta de ideas y soluciones.  Durante mucho tiempo, la ciencia económica fue un faro que nos guiaba hacia un futuro más próspero, pero hoy en día parece que la realidad ha superado a la economía y los economistas se han convertido en observadores pasivos con pocas soluciones que ofrecer. ¿Podemos comenzar a cambiar esta situación?

 

La película “La Sociedad de los Poetas Muertos” dirigida por Peter Weir en 1989, trata sobre un profesor de literatura interpretado por Robin Williams, quien llama a sus alumnos a rebelarse contra el conocimiento establecido y cuestionar a la sociedad misma.

En una escena icónica, Williams inicia su clase con la lectura del primer capítulo de un libro de texto, “Entendiendo a la Poesía”. El texto habla de los elementos técnicos para apreciar un poema, los cuales son calificados como basura por el disruptivo profesor. Acto seguido pide a sus alumnos arrancar el capítulo completo del libro y en catarsis tirarlo al basurero donde pertenece, con la promesa de enseñar a sus alumnos a pensar por sí mismos. Los rancios sabios de la poesía tienen poco que decir sobre la poesía o el mundo actual.

La semana pasada inicié el año académico con mi curso de microeconomía. Un inicio de año peculiar, el primero sin cubrebocas, cuestionarios de seguridad sanitaria o distanciamiento social. Al iniciar el curso hablando de la racionalidad de los agentes económicos y la eficiencia de los mercados, no pude sino pensar en “La Sociedad de los Poetas Muertos” y resistir el impulso de pedirles a mis alumnos que arrancaran el primer capítulo de Introducción a la Economía de Gregory Mankiw.

No es que piense que el profesor Mankiw merezca acabar en la basura, a pesar de lo antipático que es. Después de todo, esta economía es una disciplina con raíces en grandes pensadores, desde Adam Smith, Alfred Marshall, o Paul Samuelson que han contribuido de manera importante en ampliar nuestro entendimiento de las sociedades. Sin embargo, estando el mundo y la economía, como están de cabeza, me parece terriblemente ciego creer que las respuestas a los grandes problemas que estamos enfrentando los encontraremos en el conocimiento establecido del libro de texto.

Mucho ha cambiado el mundo desde que estudié economía en los noventa. La economía que aprendí entonces era una economía de certezas, que nos ofrecía recetas de libro de texto para alcanzar la prosperidad. Sin embargo, la realidad superó nuestras ideas y nos enfrentamos a problemas donde nuestras teorías económicas dejan mucho a deber.

Por ejemplo, la economía no tiene una buena explicación de por qué, a pesar de la enorme riqueza material en el mundo, grandes grupos de población se sienten excluidos de este proceso de desarrollo y eligen políticas económicas opuestas al crecimiento. 

¿Por qué los británicos votaron por el Brexit a pesar de los beneficios del libre comercio? ¿Por qué en Estados Unidos eligieron a Trump con su agenda proteccionista? ¿O por qué en Chile, el ejemplo estelar de nuestras teorías económicas, protestó en masa contra dicho modelo exigiendo una nueva constitución? ¿Es una consecuencia de la desigualdad? ¿La xenofobia?, ¿o es que simplemente la gente es ignorante?

Así como este hay otros ejemplos igual de preocupantes. Desconocemos la naturaleza real de la desigualdad y sus consecuencias a largo plazo para una sociedad democrática, o si el deterioro de nuestro medio ambiente y el cambio climático van necesariamente ligados al crecimiento económico. Son cuestiones sumamente relevantes para las cuales la Introducción a la Economía de Mankiw queda sumamente corta, a pesar de sus esfuerzos por mostrase como la respuesta a todos los problemas que involucren decisiones humanas. Sin embargo, este déficit no amerita tirar a la basura todo lo que sabemos sobre la economía.

Hace dos mil años los sabios estaban seguros de que la Tierra era el centro del universo y el sol giraba alrededor nuestro. El astrónomo polaco Nicolás Copérnico pensó que esta no era una descripción adecuada de la realidad y propuso un nuevo modelo con el Sol en el centro y los planetas girando al rededor, incluyendo la Tierra. La evidencia confirmó la veracidad de la nueva y revolucionaria teoría, por lo que termina siendo aceptada a pesar de que ir contra miles de años de tradición. Sin embargo, con el tiempo mediciones más precisas encuentran errores en la teoría de Copérnico: ¡resulta que el planeta Marte no está donde debe estar!

¿Qué hacer ahora? ¿Regresamos a la teoría anterior y pedimos perdón por nuestra herejía? ¿Ignoramos el error y seguimos como si nada? ¿O hacemos lo más difícil y reconocemos que nuestra teoría es incompleta y requiere cambios? Esto último fue exactamente lo que sucedió, cuando Kepler propone un nuevo modelo corrigiendo el error de Copérnico. El reconocer que nuestras ideas pueden estar equivocadas y son susceptibles de mejoras, es la pieza fundamental del pensamiento científico, y lo que termina por separar la ciencia del dogma religioso.

El conocimiento avanza a base de proponer teorías, encontrar sus errores y limitaciones para así proponer nuevas soluciones. Así ha sido desde Copérnico y hasta Einstein. Hoy hay un consenso que acepta que ni siquiera la ciencia de Einstein es una ciencia terminada y aún hay mucho por aprender.

Increíblemente, hay actitudes dentro de la economía que se resisten a ese proceso. Cuando se encuentra algo para lo cual nuestras teorías económicas no son suficientes, algunas veces parece que preferimos ignorar la evidencia. Hacemos, como si las inconsistencias en nuestras teorías no fueran importantes. No en vano se suele calificar a los economistas de dogmáticos. En el otro extremo, algunas voces, especialmente entre algunos liderazgos políticos, exigen arrancar el capítulo completo del libro de economía y tirarlo a la basura como Robin Williams en “La Sociedad de los Poetas Muertos”.

¿Por qué pasa esto? En mi perspectiva, porque cualquiera de las dos alternativas es más sencilla que el difícil trabajo de reconocer que la economía, si bien no amerita de ninguna manera terminar en el basurero, tiene que repensarse seriamente para dar respuesta a los problemas de una realidad que nos supera a diario.

Termino con una cita de la economista británica Kate Raworth que invita a la reflexión: “La economía es la lengua materna de la política pública. Lamentablemente, enseñamos a los ciudadanos de 2050 una economía fundamentada en los libros de texto de 1950, que a su vez están fundamentados en teorías de 1850”.

Por nuestro bien, urge cambiar esto en pro de una economía basada en evidencia en lugar de dogmas, más abierta a ser complementada por el conocimiento de otras disciplinas y, sobre todo, más humana.