Inteligencia artificial y movilidad social
La inteligencia artificial (IA) como tecnología para replicar la comprensión humana es cabalmente entendida por muy pocos, aunque su uso para alcanzar metas y realizar tareas productivas se está extendiendo. Para el gran público, la naturaleza y el potencial de la IA son prácticamente desconocidos y frecuentemente aparecen como una curiosidad o una posible amenaza distante. Un canal clave para entender y aprovechar la IA será la educación, pero todo indica que, por la baja movilidad educativa, la IA generará grandes desigualdades socioeconómicas.
La IA puede sorprender por su capacidad para simular el razonamiento humano al interactuar con dispositivos que la despliegan. Sin embargo, lo realmente asombroso de la IA es su potencial para cambiar la productividad, el bienestar y las relaciones sociales en el futuro próximo. El posible impacto de la IA es comparable a las transformaciones que generaron la máquina de vapor en la segunda mitad del siglo XIX o el uso de las computadoras en las últimas décadas del siglo XX. Su efecto, incluso, puede ser muy superior al de ambas revoluciones tecnológicas.
Diversos estudios calculan que, en promedio, la máquina de vapor aumentó en cerca de 0.4 puntos porcentuales el crecimiento del PIB anual en los países industrializados en sus primeros cincuenta años de uso amplio; el efecto de las computadoras en un periodo similar fue de 0.8 puntos porcentuales, y se estima que la adopción de la IA lo incrementará 1.4 puntos en el próximo medio siglo. Puesto de otra forma, el impacto económico de la IA puede ser más grande que el de la Revolución Industrial y la Revolución de la Informática juntas.
Los posibles efectos de la IA sobre el bienestar tampoco son menores. Por ejemplo, el Institute for Health Metrics proyecta que en el próximo cuarto de siglo la IA puede incrementar en 4.5 años la esperanza de vida de la población mundial. Esto es debido a una sustancial mejora en la oportunidad y la precisión de los diagnósticos médicos, el descubrimiento acelerado de fármacos mediante pruebas virtuales, la personalización de tratamientos según la genética individual y el monitoreo continuo de enfermedades crónicas mediante dispositivos portátiles inteligentes.
Los primeros que comprendan la IA, sean sus usuarios y complementen su trabajo con ella serán los que más rápidamente y en mayor medida se beneficien de este salto tecnológico. Esta posibilidad está fuertemente asociada con el nivel educativo. El 9% de los adultos en el mundo con educación primaria interactúa con alguna IA, principalmente en redes sociales, mientras que hasta el 66% de quienes tienen educación superior la utiliza, principalmente como herramienta de productividad. Para México esas cifras son, respectivamente, 5.5% y 66%.
Esta brecha tecnológica es enorme y puede sostenerse de una generación a otra. De acuerdo con el reporte sobre movilidad social 2025 del CEEY, del total de hijos nacidos en hogares con padres con educación primaria o menos, el 9% alcanzará estudios profesionales, mientras que, de aquellos con padres con educación superior, el 63% alcanzará dicho nivel. Con base en las cifras de uso de la IA, esto significa que el 6% de los hijos provenientes de hogares con menor escolaridad aprovecharán la IA productivamente, mientras que lo hará el 42% con padres de la mayor escolaridad.
De no atenderse la baja movilidad educativa en México, la probabilidad de que una persona con padres con educación superior use productivamente la IA será 7 veces mayor que la de una persona con padres con educación primaria o menos. Esta es la base de una enorme desigualdad de oportunidades para futuras generaciones y reitera la idea central de Jan Tinbergen, primer Premio Nobel de Economía: la desigualdad es el resultado de una carrera entre la educación y el cambio tecnológico.