Dos bancos centrales, dos apuestas frente a la inflación

La Fed busca impedir que una inflación persistente se consolide en una economía todavía dinámica, mientras Banxico intenta sostener la desinflación sin ignorar la debilidad de la actividad nacional ni los riesgos externos.
11 Octubre, 2026
Fed y Banxico.
Fed y Banxico.
Rompecabezas Económico

Las minutas de la reunión de política monetaria de septiembre muestran a la Reserva Federal dispuesta a endurecer más su política monetaria ante la persistencia de los precios, mientras Banco de México mantiene abierta la posibilidad de ajustar su tasa según la evolución de la inflación nacional.

La inflación vuelve a complicar el panorama de la política monetaria a ambos lados de la frontera. Las minutas de septiembre de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) y del Banco de México (Banxico) describen una amenaza compartida: las tensiones geopolíticas encarecen la energía y elevan los riesgos para los precios. Sin embargo, las respuestas de ambas instituciones reflejan diferencias importantes en el desempeño de sus economías y en la persistencia de sus presiones inflacionarias.

La divergencia es clara. Mientras la Fed elevó su tasa de referencia en 25 puntos base, a un rango de 3.75 a 4.00%, Banxico mantuvo la suya en 6.50%. Las minutas también revelan que las autoridades estadounidenses consideran probable un nuevo incremento antes de terminar el año, mientras que en México el debate gira en torno a cuánto tiempo debe conservarse la restricción monetaria y en qué condiciones podría modificarse.

La Fed: inflación persistente y economía resistente

En su reunión del 15 y 16 de septiembre, el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) encontró pocos motivos para relajar su vigilancia sobre los precios. La inflación medida por el índice de precios del gasto en consumo personal (PCE) se estimó en 3.8% anual en agosto, mientras que la subyacente permaneció en 3.4%. Ambas cifras se ubicaron por encima de sus niveles de un año antes.

Los participantes atribuyeron las presiones, entre otros factores, a los aranceles, al encarecimiento de la energía y los insumos asociado con los acontecimientos geopolíticos, y al aumento de los precios de ciertos bienes relacionados con la expansión de la infraestructura de inteligencia artificial.

El problema no es exclusivamente inflacionario. La actividad económica estadounidense continúa creciendo a un ritmo sólido, impulsada por el consumo y la inversión empresarial. El mercado laboral se mantiene relativamente estable y algunos integrantes del Comité observaron señales recientes de fortalecimiento. En estas condiciones, la mayoría consideró que los riesgos para la inflación siguen inclinados al alza, mientras que los riesgos para el empleo se encuentran más equilibrados.

El endurecimiento monetario respondió, por tanto, a una combinación incómoda: precios persistentemente elevados y una economía que todavía muestra capacidad para sostener la demanda. Para varios participantes, elevar la tasa también representa una protección frente a nuevos choques de oferta y al riesgo de que la inflación prolongada termine afectando las expectativas y las decisiones de precios y salarios.

La señal hacia delante es restrictiva, aunque no constituye un compromiso irrevocable. La mayoría de los participantes consideró probable otro aumento de la tasa antes de finalizar 2026, pero insistió en que las decisiones futuras dependerán de los datos y de la evolución de los riesgos. La unanimidad en la decisión de septiembre no elimina la incertidumbre sobre la trayectoria posterior.

Banxico: desinflación gradual, pero con riesgos al alza

La minuta de Banxico correspondiente a la reunión del 23 de septiembre y a la decisión anunciada al día siguiente, presenta un diagnóstico distinto. La Junta de Gobierno mantuvo por unanimidad la tasa de interés interbancaria a un día en 6.50%.

La inflación general anual aumentó de 3.10% en la primera quincena de julio a 3.42% en la primera quincena de septiembre. El repunte respondió principalmente al componente no subyacente, afectado por los precios agropecuarios y energéticos. En contraste, la inflación subyacente descendió de 3.95 a 3.79% durante el mismo periodo.

Esta diferencia resulta central para entender la decisión. Banxico reconoce que persisten presiones, particularmente en los servicios, pero también identifica una moderación gradual de la inflación subyacente. Además, considera que la debilidad de la actividad económica mexicana y la ausencia de presiones significativas de demanda pueden contribuir a contener los aumentos de precios.

No obstante, la institución advierte que el entorno internacional es incierto. La escalada de los conflictos geopolíticos ha impulsado los precios energéticos y podría generar efectos más persistentes si se prolonga. Por ello, el balance de riesgos para la inflación continúa sesgado al alza.

La minuta también deja ver diferencias de énfasis entre los argumentos individuales de los integrantes de la Junta. Algunos defendieron mantener una postura restrictiva durante un periodo prolongado; otros plantearon que, si continúa la desinflación y las condiciones financieras permanecen ordenadas, podría discutirse un ajuste a la baja. Esta posibilidad se presentó como una cuestión abierta, no como una decisión tomada.

Banxico subrayó, además, que no tiene por qué reaccionar mecánicamente a los movimientos de la Fed. La política monetaria mexicana debe responder a la inflación interna, al tipo de cambio, a las condiciones de holgura económica y a las expectativas de precios.

El diferencial de tasas no cuenta toda la historia

La brecha entre las tasas de referencia de ambos países sigue siendo considerable, pero las minutas muestran por qué sería equivocado interpretarla como una garantía de estabilidad cambiaria o como una obligación para Banxico de seguir cada movimiento estadounidense.

En México, la Junta destacó que las condiciones económicas son diferentes, ya que la brecha del producto estadounidense se encuentra en terreno positivo, mientras que la mexicana refleja holgura. También señaló que el peso conserva una ligera apreciación frente a los niveles de hace un año, pese a los ajustes recientes. En consecuencia, un aumento de las tasas externas no exige automáticamente una respuesta equivalente en México; lo determinante será su efecto sobre la inflación nacional y el tipo de cambio.

La Fed, por su parte, enfrenta una economía con mayor dinamismo interno y presiones inflacionarias que considera insuficientemente contenidas. Sus participantes también reconocieron que los mayores rendimientos de los bonos y los costos hipotecarios pueden restringir algunos segmentos de la economía, aunque las condiciones financieras generales todavía respaldan el crecimiento.

Ambas instituciones comparten otra preocupación: los efectos de una prolongación del conflicto en Medio Oriente. Un encarecimiento sostenido de la energía puede trasladarse a otros bienes y servicios, especialmente si las empresas consiguen repercutir sus mayores costos a los consumidores. La magnitud de ese riesgo dependerá de cuánto dure el choque y de si termina propagándose a las expectativas de inflación.

¿Qué esperar de las próximas decisiones?

Las minutas no permiten asegurar que la Fed elevará nuevamente las tasas ni que Banxico comenzará a reducirlas. Sí permiten identificar las condiciones que podrían orientar sus decisiones.

En Estados Unidos, la persistencia de la inflación y la fortaleza de la actividad respaldan la posibilidad de otro incremento antes de concluir el año. Sin embargo, el Comité dejó claro que cada reunión se evaluará con base en la nueva información económica.

En México, una continuación del descenso de la inflación subyacente, acompañada de condiciones financieras ordenadas y expectativas bien ancladas, podría abrir espacio para reconsiderar la postura monetaria. Pero la persistencia de los servicios y la posibilidad de nuevos choques externos aconsejan prudencia.

La conclusión es que ambos bancos centrales enfrentan el mismo desafío, pero desde posiciones diferentes. La Fed busca impedir que una inflación persistente se consolide en una economía todavía dinámica; Banxico intenta sostener la desinflación sin ignorar la debilidad de la actividad nacional ni los riesgos externos.

Más que anticipar movimientos automáticos, las minutas apuntan a una política monetaria dependiente de los datos. La energía, los servicios, las expectativas de inflación y la evolución de la demanda serán determinantes para establecer si la divergencia entre ambos bancos centrales se profundiza o comienza a reducirse.

Janneth Quiroz Zamora Janneth Quiroz Zamora es Directora de Análisis Económico, Cambiario y Bursátil de Grupo Financiero Monex.