Cuando la minoría le atina a Banxico
Hoy, 5 de noviembre, Banco de México recortó su tasa de interés de referencia en 25 puntos base, de 6.50% a 6.25%. La decisión fue dividida: la gobernadora Victoria Rodríguez Ceja y los subgobernadores Gabriel Cuadra y Omar Mejía votaron por el recorte, mientras que Galia Borja y Jonathan Heath votaron por mantener la tasa. El mercado no lo esperaba. En la Encuesta Citi publicada ayer, 20 de 36 analistas anticipaban una pausa y solo 6 apostaban por el recorte.
La sorpresa no es nueva. Revisé las encuestas de Citi, antes Banamex y Citibanamex, publicadas antes de cada uno de los 89 anuncios de política monetaria de Banxico desde febrero de 2016. En la gran mayoría de los casos el consenso acierta: de 86 decisiones que se pueden evaluar, la mayoría de los analistas anticipó correctamente 74. Pero en 9 ocasiones, poco más de una de cada diez, fue la minoría la que tuvo razón. La de hoy es la novena.
Las otras ocho son las alzas de junio y septiembre de 2016, la de mayo de 2017 y la de diciembre de 2021; los recortes de agosto de 2019, agosto de 2024 y marzo de 2026, y la pausa de noviembre de 2020. Hay además tres decisiones que no anticipó nadie, ni siquiera la minoría: el alza de 50 puntos base de noviembre de 2016, después de la elección en Estados Unidos; el alza de junio de 2021, que inició el ciclo restrictivo de la pandemia, y el alza de 50 puntos base de febrero de 2023.
Lo interesante no es el número, sino el patrón. En siete de los nueve casos la mayoría acertó la dirección del siguiente movimiento, pero no la fecha. Esperaba que Banxico se moviera en una reunión posterior y el banco central se adelantó. En otras palabras, los analistas suelen entender hacia dónde va la política monetaria, pero tienden a subestimar la disposición de la Junta de Gobierno a actuar antes.
Hay un segundo rasgo común: un choque entre la publicación de la encuesta y la decisión, o una percepción de riesgo que lleva al consenso hacia la cautela. Ocurrió con el Brexit en 2016, con el desplome de los mercados de agosto de 2024 y con el conflicto en Irán en marzo de este año. En los tres casos la mayoría de los analistas apostó a que Banxico esperaría, y Banxico no esperó.
El tercer rasgo es una Junta dividida. En agosto de 2024, en marzo de 2026 y hoy, la decisión se tomó por tres votos contra dos. Y en todos ellos las minutas previas ya mostraban que una mayoría de los miembros estaba dispuesta a moverse. Es decir, la información estaba disponible. La minoría que acertó leyó con más cuidado lo que decían los propios miembros de la Junta que lo que sugerían los datos de coyuntura.
La decisión de hoy encaja en ese patrón. La minuta de la reunión de septiembre había dejado ver que tres de los cinco miembros de la Junta estaban abiertos a recortar. El consenso, en cambio, se apoyó en un repunte de la inflación general, que pasó de 3.42% a 3.62% entre mediados de septiembre y mediados de octubre, y en la depreciación reciente del peso. La mayoría de la Junta argumentó que la desinflación continúa y que la holgura de la economía limita el traspaso del tipo de cambio a los precios.
El comunicado deja, sin embargo, señales de cautela. Banxico subió su pronóstico de inflación para el cuarto trimestre de este año a 3.7%, mantuvo hasta el cuarto trimestre de 2027 la convergencia a la meta de 3% y calificó el balance de riesgos como claramente sesgado al alza. Además, anticipó que mantendrá la tasa en 6.25% por un periodo prolongado. Se trata de un recorte acompañado de una pausa anunciada.
¿Qué nos dice todo esto? Primero, que las encuestas de expectativas son una herramienta valiosa, pero no infalible, y que su punto débil está en el momento de los movimientos más que en su dirección. Segundo, que en un banco central con votaciones divididas, las minutas y las declaraciones de los miembros de la Junta pesan tanto como los datos de inflación. Y tercero, que cuando el consenso se refugia en la cautela ante un choque, conviene preguntarse si la Junta comparte esa cautela.
Hacia adelante, la guía de Banxico parece clara: tasa sin cambios durante un tiempo. Pero la historia de los últimos diez años sugiere no tomar esa guía, ni el consenso, como garantía. La próxima vez que la mayoría de los analistas coincida en que Banxico esperará, vale la pena revisar qué piensa la minoría.