La sorpresa de Banxico
El Banco de México decidió el 5 de noviembre de 2026 reducir su tasa de referencia de 6.50 a 6.25%, un recorte de 25 puntos base. La decisión dividió a la Junta de Gobierno: tres integrantes apoyaron la reducción y dos prefirieron mantener la tasa. Su relevancia no radica únicamente en la magnitud del ajuste, sino en que se adoptó mientras la institución reconocía una inflación general más alta, una moneda más débil y un balance de riesgos inflacionarios sesgado al alza.
La tesis de este análisis es que mantener la tasa habría sido una alternativa prudente ante la información disponible. Para evaluar el recorte, conviene examinar tres aspectos: la evolución de la inflación y sus pronósticos, el alcance de la holgura económica frente al riesgo cambiario y la restricción monetaria que permanece tras la reducción.
Entre la primera quincena de septiembre y la primera de octubre, la inflación general anual aumentó de 3.42 a 3.62%. En el mismo periodo, la subyacente —que excluye componentes de precios más volátiles y ayuda a evaluar la persistencia inflacionaria— disminuyó de 3.79 a 3.78%. Esta reducción de una centésima de punto porcentual representa un avance limitado y, por sí sola, no permite concluir que la desinflación se haya consolidado.
En su anuncio de política monetaria, Banxico elevó sus pronósticos de inflación anual promedio para el cuarto trimestre de 2026: el de la inflación general pasó de 3.5 a 3.7%, y el de la subyacente, de 3.6 a 3.7%, respecto de las previsiones de septiembre. Estas cifras corresponden a promedios trimestrales, no a las lecturas de diciembre.
En el mismo anuncio, el banco mantuvo el balance de riesgos inflacionarios sesgado al alza y situó la convergencia a la meta de 3% en el cuarto trimestre de 2027.
Una revisión al alza de los pronósticos no exige automáticamente aumentar la tasa: puede reflejar perturbaciones temporales. Sin embargo, reducirla en ese contexto requiere explicar por qué los factores que favorecen la desinflación compensan los riesgos identificados. La cuestión es qué evidencia respalda un recorte inmediato frente a la alternativa de esperar señales más firmes de moderación inflacionaria.
La justificación de Banxico se apoya, en buena medida, en la holgura económica. Cuando la producción se encuentra por debajo de su capacidad potencial, la debilidad de la demanda puede limitar el traslado de mayores costos a los consumidores. Según ese razonamiento, el efecto de la depreciación reciente del peso sobre los precios sería acotado.
El mecanismo es plausible, pero su alcance debe evaluarse. La depreciación eleva el costo en pesos de los insumos importados, incluso cuando las ventas son débiles. Las empresas pueden absorber parte del aumento mediante menores márgenes, aunque esa capacidad es más limitada. Por tanto, la holgura puede moderar el traspaso cambiario sin eliminarlo.
La encuesta de octubre de Banxico ofrece un elemento adicional de cautela: la mediana del tipo de cambio esperado para diciembre de 2026 pasó de 17.50 a 18.39 pesos por dólar respecto de la encuesta de septiembre. El aumento de aproximadamente 5.1% corresponde a la cotización prevista, no a la depreciación efectivamente observada. La revisión señala que los especialistas anticipan un peso más débil al cierre del año.
La misma encuesta muestra una mejora de las perspectivas de crecimiento. Entre septiembre y octubre, la mediana del crecimiento esperado para 2026 aumentó de 1.40 a 1.50%, y la de 2027 pasó de 1.80 a 1.83%. Los promedios de las respuestas subieron de 1.40 a 1.61% para 2026 y de 1.77 a 1.86% para 2027.
Estas revisiones no prueban que la holgura haya desaparecido: una economía puede recuperarse y seguir produciendo por debajo de su potencial. No obstante, hacen necesario precisar la magnitud y la duración de la capacidad ociosa. La mejora de las perspectivas de crecimiento aconseja no dar por sentado que la debilidad de la demanda contendrá las presiones sobre los precios.
Las expectativas de inflación también requieren una lectura cuidadosa. En la encuesta de octubre, la mediana para diciembre de 2026 se ubicó en 3.88%, por encima del 3.62% observado en la primera quincena de octubre. Para diciembre de 2027, la mediana fue de 3.85%. La comparación apunta a un repunte frente a la lectura reciente y a una inflación todavía superior a la meta al cierre de 2027, no a una aceleración entre ambos cierres anuales.
Tampoco hubo un deterioro uniforme de las expectativas respecto de septiembre: las medianas de inflación general para ambos años aumentaron ligeramente, mientras que los promedios disminuyeron de 3.85 a 3.83%. El contraste relevante es que los especialistas siguen anticipando una inflación cercana a 3.8% en diciembre de 2027. Aunque estas previsiones de cierre anual no son directamente equivalentes a los promedios trimestrales del banco central, muestran una diferencia respecto de la trayectoria de convergencia proyectada.
El tercer aspecto es la restricción monetaria que permanece tras el recorte. Los efectos de las alzas anteriores pueden operar con rezagos, por lo que una reducción de la tasa no implica, por sí sola, que la postura deje de ser restrictiva. Sin embargo, cada recorte modifica las condiciones monetarias y puede reducir la intensidad de esa restricción.
Para valorar si la postura sigue siendo adecuada, sería útil que Banxico precise la magnitud de la restricción monetaria remanente, su duración esperada y su capacidad para favorecer la convergencia a la meta después del ajuste. La debilidad de la demanda o la reducción de la inflación respecto de meses anteriores no bastan, por sí solas, para establecerlo.
Desde la perspectiva de este análisis, mantener la tasa en 6.50% habría permitido observar si la inflación subyacente retoma un descenso más claro, si el peso se estabiliza y si las mejores perspectivas de crecimiento alteraban el diagnóstico de holgura. Esa alternativa habría ofrecido más información antes de continuar la reducción de la tasa.
Banxico no necesita esperar a que la inflación alcance el 3% para recortar la tasa, pero sí sustentar que la trayectoria hacia esa meta es suficientemente firme. Ante las revisiones al alza de sus pronósticos, las expectativas privadas todavía superiores al objetivo y el riesgo cambiario, este análisis considera que la decisión de noviembre fue prematura. Una explicación más precisa del efecto de la holgura y de los efectos rezagados de la restricción monetaria permitiría evaluar con mayor claridad el fundamento del recorte.