La Calidad de las Elites

11-06-2021 07:50

Es famosa la clasificación de las instituciones de Daron Acemoglu y James Robinson.

Estos dos autores afirman que hay instituciones inclusivas y las extractivas. Las primeras son aquellas, a grandes rasgos, en las que las élites están interesadas en elevar su inversión y su productividad por la vía de la innovación. Las extractivas por su parte, son las que crean las élites interesadas en extraer la renta y recursos de la sociedad. En su famoso libro "¿Por qué fallan las naciones?", sostienen que aquellas sociedades que no han logrado desarrollarse es porque tienen instituciones extractivas.

Basados en esta clasificación un grupo de investigadores elaboraron un índice que intenta medir la calidad de las élites en los países. Para ello toman 72 variables para más de 150 países. (Elite Quality Report 2021: Country Scores and Global Rankings).

El índice lo divide en dos, por un lado, en qué tanto las élites crean valor (acá serían las élites privadas) y, segundo, en qué tanto las élites facilitan la creación de valor (acá cabrían las élites políticas).

Para la creación de valor toman en consideración principalmente la productividad de las empresas consideradas “élite” y la comparan con productividad de aquella que es la que menos extractiva es (que fue Singapur). Asimismo, incluyen nivel de inversión anual, tasas de ganancia, e inversión en innovación y desarrollo, así como el resultado de ésta medida en patentes, concentración de mercados y existencia de destrucción creativa, entre muchos otros.

En términos políticos incluyen el nivel de democracia, la captura de estado en los tres niveles de gobierno, la calidad de regulación, la eficiente aplicación de ley, una medida de capitalismo de cuates (crony capitalism), la recaudación de impuestos, entre muchos otros.

El índice a pesar de contener 72 variables, metodológicamente es sólido, característica rara en este tipo de índices. Los resultados se presentan en el cuadro de abajo. Como ahí se observa Singapur es el país donde las élites tienen mayor calidad, es decir, donde tanto las instituciones como las élites políticas y privadas, no son extractivas, o más bien, son las menos extractivas. Le siguen Suiza, Gran Bretaña, Holanda, EEUU, Suecia, Israel, Noruega, Australia y Dinamarca. Este conjunto de países son los de excelente calidad.

Posteriormente viene una clasificación de calidad alta, dentro de los cuales se encuentra Canadá, Finlandia, Nueva Zelanda, Dinamarca, Austria, Qatar, Francia, entre otros pocos.

En el tercer grupo, están los de élites de calidad media alta. Acá se encuentra nuestro país, situado en el lugar 55. Sin embargo, cuando se descomponen por dos los dos elementos (el de poder político y el de creación de valor) la cosa cambia. En la parte política el lugar de México alcanza el lugar 37, mientras que en el de creación de valor, México ocupa el lugar 79, el que ubicaría al país en una medida de calidad de élites media, junto a países como Ucrania, Costa de Marfil, Trinidad y Tobago, entre otros.

Para algunos la parte política podría estar sobre-clasificada. Pero el índice está basado a su vez en otros índices de si existe o no democracia (este domingo pasado, observamos un nivel aceptable de calidad de democracia). No obstante, los datos utilizados son del 2018, a pesar de que el índice es para 2021.

Sí preocupa que las élites económicas salen de mala calidad, sobre todo en cuanto a creación de valor. En este renglón, México ocupa el lugar 79 (ver cuadro abajo), que ya rayaría en el estatus de élites con cierto grado de extracción de recursos de la sociedad. Esto se basó en el grado de competencia económica (o nivel de concentración en sectores clave), bajo nivel de innovación, baja recolección de impuestos y baja “destrucción creativa”.

 

Índice de Calidad de las Elites

Fuente: www.elitequality.org

 

Por último, los siguientes puntos emanan del reporte, y deben resaltarse:

1. Las élites son inevitables en cualquier sociedad.

2. Hay élites que pueden proveer una función de coordinación para la sociedad (no todas).

3. Las élites pueden crear alto valor para la sociedad.

4. Hay élites que no crean valor, más bien extraen.

5. La calidad alta de las élites puede promover un buen desarrollo económico y humano.

 

Un aspecto que el reporte no menciona, es ¿de qué depende contar con élites de buena o mala calidad? Acemoglu y Robinson sostienen que eso depende de contar con instituciones que funcionen. Es decir, de la calidad de las instituciones. Es sobre esto que debemos trabajar (infortunadamente la actual administración no lo entendió, y conste que ya conjugo este último verbo en tiempo pasado).

El presidente de nuestro país no entendió (nuevamente conjugo en tiempo pasado) que para mejorar la productividad del país se tenía que haber hecho un pacto con todos los sectores para promover, entre todos, un mejor marco institucional y, con ello, el desarrollo más equitativo del país.

Y dentro de este pacto, se debió haber creado el ambiente de negocios adecuado (que implica un marco institucional adecuado y funcional) donde imperara la competencia económica pareja para todos, la libre entrada y salida de empresas, el pago de impuestos parejo y progresivo en el que  las grandes corporaciones contribuyan sin recurrir a la tramposa ingeniería tributaria (aquí sí se intentó algo con cierto éxito, pero habrá que ver qué tanto puede continuar haciéndolo, pues los adeudos se “acaban”; considero que la tasa mínima global ayudaría mucho), una regulación eficaz y razonable para todos, y acabar con la selectiva aplicación de ley  que ha imperado en nuestro país.

Estoy seguro de que, con esto, la productividad hubiera aumentado y se le hubiera metido un gol a las élites extractivistas, de las que habla Acemoglu y Robinson en su ya famoso libro. Nada de esto se contrapone. Lo que es más, es necesario para abatir la pobreza y disminuir la desigualdad en el ingreso.