Destrucción no-creativa

25-02-2021 09:49

Los escritos históricos gozan del beneficio de la perspectiva; por lo mismo, narran el dolor de una manera más neutral, dejando la narrativa del sentimiento de desesperación a la novela. En esta columna me permitiré hacer uso del artilugio de la perspectiva anticipada, aun en tiempos donde el dolor y la desesperanza pesan todavía sobre nuestra alma. Una disculpa anticipada si sueno insensible.

En 1942 Schumpeter publicó un libro (Capitalism, Socialism, and Democracy. New York: Harper & Bros.) donde argumentaba que el continuo proceso de innovación y de desarrollo de productos conduce a reemplazar a aquéllos considerados obsoletos. Para él, este mecanismo es la esencia del capitalismo.

En términos macroeconómicos esta hipótesis ha cobrado una gran relevancia sobre todo en el análisis de largo plazo del crecimiento económico, así como sus fluctuaciones, ajustes estructurales y el funcionamiento del mercado de los factores de la producción. De acuerdo con las investigaciones del famoso profesor chileno del MIT, Ricardo Caballero, el proceso de destrucción creativa ha contribuido al menos en 50% del crecimiento de productividad en EEUU y Europa.

Hoy día atravesamos por un proceso de destrucción no-creativa, si se me permite la expresión. Es cierto, la economía a lo largo de la historia muestra fluctuaciones, las que en ocasiones se convierten en abruptas. Esto es, existe el famoso ciclo económico. Desde la perspectiva histórica, los agentes constantemente enfrentan las fluctuaciones abruptas, y se podría decir, se acostumbran a ellas.

Considere la crisis del 1929, en la que se culpó al mercado accionario de una buena parte de la misma con un manejo inapropiado por parte de la Reserva Federal, que terminó hundiendo el PIB. La sociedad tardó en emerger hasta el año de 1933, pero lo hizo con un proceso importante de incrementos de productividad. Baste recordar que el periodo cuando se alcanzó el mayor crecimiento de productividad total de los factores en los EEUU fue precisamente entre 1930 y 1970 (mucho mayor que con la revolución digital contemporánea, sin comparativos). Los EEUU y el mundo no han vuelto atravesar por un periodo de prosperidad de esa magnitud (incluso Piketty marca el declive de lo que se había ganado en desigualdad económica precisamente en 1970).

La destrucción no-creativa por la que estamos atravesando producto de la pandemia, traerá tarde o temprano un ajuste estructural desde el punto de visto macro, pero vendrá también una recomposición de los sectores productivos. Habrá ciertamente industrias que infortunadamente no podrán levantarse, mientras que otras se reinventarán y emergerán con mayor vigor. Asimismo, surgirán nuevas industrias. De eso estoy seguro. De aquí que la “nueva normalidad” vendrá acompañada del inicio de un ciclo económico ascendente no-convencional.

Los analistas económicos de coyuntura hacen bien en intentar pronosticar el muy corto plazo, pero es importante pensar en qué pasará después de uno o dos años. Tengo la certeza que veremos en el mundo una nueva era de innovación. Los “cuartos de guerra” de las empresas se dedican a enfrentar y solucionar problemas pero también a innovar. No es claro cuánto tiempo tomará esta situación, pero podría venir en unos cuatro o cinco años. Y es impresionante lo que se puede lograr con un ambiente económico apropiado. Veremos pues una nueva senda de crecimiento estructural en el mundo.

En suma, como cliché, muchas economías del mundo aprovecharán la crisis. No sé si México desaproveche esta nueva circunstancia, por inconsistencias en su política pública. Nuestro gobierno debería recapacitar y ver esta crisis como una oportunidad de replantear la estrategia -inclusiva, de la mano de todos los actores de la sociedad.