Gobiernos y Finanzas Públicas

Nueva promesa de recorte al gasto: ¿Esta vez sí cumplirá Hacienda?

En 2015 la Secretaría de Hacienda y Crédito Público dijo que ejecutaría un recorte al gasto y lo que hubo fue sobregiro. Pese a que logró alcanzar la meta de déficit fiscal, el país terminó más endeudado que lo programado

11-02-2016 10:53 Por : Arena Pública
327 mil 922 millones de pesos fue la deuda que se adquirió por causas ajenas a las decisiones del gobierno es decir, una fracción de nuestra mayor deuda se dio como “por arte de magia”.
327 mil 922 millones de pesos fue la deuda que se adquirió por causas ajenas a las decisiones del gobierno es decir, una fracción de nuestra mayor deuda se dio como “por arte de magia”.

Luis Videgaray Caso, titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), ha empeñado de nueva cuenta su palabra.

El pasado lunes 8 de febrero volvió a decir que el gobierno federal “se apretará” el cinturón y que reduciría su gasto en dos fases: uno en este año con la reducción del gasto de Pemex por su conocida difícil situación financiera, que se ha agravado con los bajos precios internacionales del petróleo; y el segundo será un ajuste preventivo al gasto del gobierno federal para 2017.

¿Será que esta vez sí cumplirá su promesa? La pregunta viene al caso porque un anuncio similar fue dado a finales de enero de 2015, de reducir el gasto público en un monto de 124 mil 300 millones de pesos, mismo que no se cumplió.

Y es que las cifras de la misma SHCP no dejan lugar a dudas: el gasto programable, es decir aquel que se ejerce para la operación de las diversas instituciones del sector público federal con el fin de proveer bienes y servicios a la sociedad, fue superior en 156 mil 349 millones de pesos respecto a lo programado a inicios de 2015.

Esto significa que la promesa de reducir el gasto programable –el que está más sujeto a control del gobierno federal- quedó en el olvido y por el contrario, lo que hubo fue un sobregiro.

Cumplir la meta de déficit, ¿Suficiente?

El gobierno federal justifica el mayor gasto público respecto a lo programado y -por ende su incumplimiento de reducir el gasto- con el hecho que se alcanzaron las metas de déficit fiscal.  

El reporte de Hacienda al cierre de 2015 señala que el balance público, es decir la diferencia de los ingresos totales y todos los gastos (incluyendo las inversiones de alto impacto) tuvo un saldo de -637 mil 627 millones de pesos (-3.5% del PIB), lo que resultó inferior a los -641 mil 510 millones de pesos que se tenían programados a inicios de año.

Además, otro argumento utilizado por el gobierno es que se gastó más porque hubo ingresos adicionales a los proyectados desde inicios de año, por un monto de 242 mil 468 millones de pesos.

¿Pero qué habría pasado si se hubiese cumplido la promesa de recortar el gasto? La respuesta es que el balance público habría sido de -349 mil 283 millones de pesos, es decir sólo -1.9 por ciento del PIB, lo que significa que el gobierno habría reducido en casi la mitad el déficit fiscal que reportó.

Deuda pública repunta

Aunque el gobierno puede presumir que aún sin recorte al gasto cumplió con la meta de déficit fiscal aprobado por el Congreso para 2015, el problema de no haberlo hecho se pone en perspectiva cuando se observa el saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público, es decir la deuda que el sector público ha acumulado a lo largo de la historia.

Este saldo terminó 2015 en 8 billones 633 mil millones de pesos (47.4 por ciento del PIB), cuando la meta prometida por el gobierno fue de 46.9 por ciento del producto.

Además, la deuda aumentó un billón 187 mil millones de pesos entre 2014 y 2015, es decir 6.5 por ciento del PIB.

Sobre este aumento, la propia Secretaría explicó que la depreciación del tipo de cambio contribuyó con 1.8 puntos del PIB del total del aumento, lo que significa que 327 mil 922 millones de pesos fue la deuda que se adquirió por causas externas y ajenas a las decisiones del gobierno es decir, una fracción de nuestra mayor deuda se dio como “por arte de magia”, sin que nadie tuviera poder para controlarla.

Estos cálculos dan cuenta que de continuar con un aumento de la deuda en un contexto de alta volatilidad financiera internacional, se podría poner en riesgo la estabilidad económica del país, puesto que hay componentes ajenos a las decisiones del gobierno (como la depreciación del peso) que hacen que el saldo de las obligaciones aumente, teniendo que destinar en el futuro cada vez mayores recursos a pagar dicho saldo, sacrificando otros rubros prioritarios en el presupuesto como el gasto en desarrollo social y económico.

Estos cálculos dan cuenta que de continuar con un aumento de la deuda en un contexto de alta volatilidad financiera internacional, se podría poner en riesgo la estabilidad económica del país, puesto que hay componentes ajenos a las decisiones del gobierno (como la depreciación del peso) que hacen que el saldo de las obligaciones aumente, teniendo que destinar en el futuro cada vez mayores recursos a pagar dicho saldo, sacrificando otros rubros prioritarios en el presupuesto como el gasto en desarrollo social y económico.

¿Y dónde quedó la estabilidad?

El Secretario Luis Videgaray ha afirmado hasta el cansancio que la responsabilidad del gobierno federal es preservar la estabilidad macroeconómica del país, situación que ha valido el palomeo a México desde el exterior como un país emergente que destaca favorablemente en un contexto internacional adverso, por cuenta de la volatilidad financiera mundial y la caída en los precios del petróleo.

Y es que uno de los aspectos que presume Videgaray Caso en foros, conferencias, entrevistas y seminarios a los que acude, es que “el país tiene finanzas públicas sanas”, con un nivel de endeudamiento bajo respecto a otros países, y con el compromiso de reducir cada vez más el déficit fiscal en lo que resta del sexenio para no seguir endeudando al país.

Pero habrá que recordar al secretario que reducir paulatinamente el déficit fiscal no significa que la deuda no aumente. Por el contrario, podrá aumentar cada vez menos, pero como ya se comentó, hay factores externos que inciden en que el saldo de las obligaciones crezca, por lo que urge que el componente que está en manos del gobierno sea controlado.

¿Cumplirá el gobierno esta vez sus promesas de reducir el gasto público? En este año y el siguiente tendrá otra oportunidad para pasar de la retórica a la práctica, puesto que como suele ocurrir, el costo de seguir endeudando país no lo pagará ni el secretario, ni el presidente, ni el partido político al que pertenece, sino todos los ciudadanos a través de los impuestos que pagamos.

 

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