Entrevistas

La crisis mexicana es la acumulación del agravio: Lorenzo Meyer

05-12-2014 14:53

Tlatlaya, Ayotzinapa, La Casa Blanca y el Tren México-Querétaro terminaron la ecuación.

México ya no tiene condiciones para hacer un nuevo pacto, tendría que pactarse con el crimen organizado, sostiene Lorenzo Meyer Agrandar
México ya no tiene condiciones para hacer un nuevo pacto, tendría que pactarse con el crimen organizado, sostiene Lorenzo Meyer

De vastas respuestas, el doctor en relaciones internacionales por el Colegio de México, Lorenzo Meyer, asegura que el Pacto por México se enmarcó en un acuerdo cupular, partidista-presidencial desde su nacimiento.

La actual crisis por la que transita México, para él, es el resultado de la acumulación de agravios y la incapacidad de un gabinete proveniente del Estado de México, al cual la compleja realidad nacional le ha avasallado.

El Pacto por México fue un arreglo político para impulsar las ciertas reformas en particular, pero dados los resultados a dos años, ¿no estamos frente a un pacto con pies de barro?

Desde luego que estamos con un pacto que desde el inicio tenía una buena dosis de ficción. El Pacto por México es uno de los pactos más cupulares que hayamos visto en la historia política de México.

Claro que hay una buena cantidad de acuerdos copulares, pero no tan formalizados, había sobreentendidos. Se llegaba a negociaciones que no trascendían necesariamente al público.

¿Dónde hubo un pacto similar? Durante la Segunda Guerra Mundial; en ese momento que hay un viraje histórico importantísimo, donde se acaba el cardenismo y se acaba la Revolución y empieza la nueva etapa, lo que llamamos la Post-revolución mexicana, que es irse de la izquierda que fue el cardenismo al centro y rápidamente a la derecha.

Ávila Camacho simboliza el pacto pero dentro del propio grupo gobernante, dentro del grupo que ganó (la Revolución), de los herederos. Porque ahí está todavía Calles vivo, está Cárdenas, ellos pelearon en la Revolución. Es un pacto de familia, es el inicio realmente del autoritarismo ya institucionalizado como sistema político. Pero fue muy simbólico, fue decir frente a la nación y vía las cámaras y la prensa, “estamos todos los ex presidentes vivos y aunque tenemos diferencias, la nación está por encima, las diferencias aquí se borran, todos somos uno y hacemos un grupo compacto y la nación nos seguirá porque nosotros la representamos”.

Lo que tuvo el Pacto por México es que es un pacto entre cuatro personas, tres dirigentes de partido y el presidente, donde se trata de un juego. No suma cero, no lo que uno gana lo pierde el otro, sino que aquí todos ganan en diferentes grados; les tiende la mano, “aunque sea un régimen presidencial los voy a tomar en cuenta, venga conmigo, vamos a discutir los temas importantes”, y cada uno de ellos vio una buena tabla de salvación.

El PAN estaba realmente en la lona porque había sido no solamente derrotado, sino humillado. Después de dos sexenios no tenía nada realmente impactante que ofrecerle a la sociedad sino un fracaso enorme, en particular el de Calderón en la guerra contra el narco.

El PRD había intentado desde su creación llegar a la presidencia y no podía, seguía sin poder, entonces se le llega a tomar en cuenta. Pero es un pacto allá en esa estratosfera, hasta allá el grueso de los mexicanos nada más debió de levantar la vista y decir: “¡ay caramba miren nada más lo que están haciendo!”

Tuvo el apoyo absoluto de los poderes fácticos, de los grandes, las grandes concentraciones de capital. El mundo externo lo vio muy bien y el mundo externo para nosotros se reduce a una sola: a Estados Unidos. También Europa, el The Economist, El Finantial Times lo elogiaron, todo fue aplauso y sonrisa porque estaban en realidad enfocándose -yo veo- a la privatización de los energéticos, eso era lo importante.

Con este pacto sí iban a ganar todos, porque, ¿quién es el propietario de los energéticos? Pues todos y nadie. La nación y, ¿qué es la nación? ¿Quiénes somos todos? Aquí se iban a dar trozos de esto a empresas específicas que iban a estar muy agradecidas con quienes les abrieron esa puerta.

Entonces, el Pacto en realidad se iba a pagar con la riqueza pública haciéndola privada; ese es el precio, ese es el capital con el que se ganó eso.

Los otros problemas, los problemas de la corrupción -que es el problema central-; el problema educativo, que era volver a meter al redil al Sindicato pero no cambiar el contenido; la reforma laboral; el grave problema de una concentración brutal de la riqueza en México y tocarlo por la vía de la reforma fiscal, no, eso no se tocó.

Entonces yo veo que básicamente fue el tocar la riqueza energética. Aquí vamos a admitir empresas extranjeras y empresas mexicanas, y Slim va a poder entrar más de lo que ya entró. Y Halliburton va poder entrar más de lo que ya entró, y cada uno de ellos se va a portar muy generoso con ciertos sectores importantes del gobierno y al sector privado se le va a dar al nacional y al extranjero. Esa es la base del pacto.

¿Quién dirige esto? ¿Qué clase de hombres dirigen este Pacto?

En el antiguo PRI. Sigue siendo el que está ahora. En el antiguo arreglo los presidentes y sus secretarios de Estado eran en buena medida gente que se habían fogueado en el gobierno central, en el gobierno federal. Todo presidente había pasado por el gabinete, se había enfrentado el problema nacional.

Esta vez llegan de Toluca y Toluca podrá ser muy compleja, pero Toluca no es México. El Estado de México tiene una cultura política; domina una cultura política de sumisión, el gobernador, un sistema en donde lleva 84 años el PRI sin cambiar de partido el dominio y un estado acostumbrado a que ahí gobierna un grupo compacto desde hace mucho.

Y tiene características, muy, muy particulares.

No es igual a México. Entonces llega un presidente que está acostumbrado a gobernar Toluca, unos secretarios de estados que están acostumbrados a gobernar el estado de Hidalgo, pero no a enfrentarse al embrollo que es el gobierno nacional, y sobre todo después de que ya hay dos sexenios, en que la maquinaria de control del PRI ya se desmadejó.

Entonces viene después de esta fantasía del Pacto el choque con el México profundo.

Iba a saltar por algún lado. Nadie podía, ni remotamente, decir que en Guerrero era seguro, que ahí saltaría. Pudo haber saltado en Tamaulipas, pudo haber saltado en el propio Estado de México.

En Michoacán ya estaba todo pero lo medio lograron, medio lograron contener la insurrección que eran las autodefensas y mandar a la cárcel a Mireles y mantener libre a “la Tuta”.

Aquí es ya una reacción en cadena muy interesante. Viene Tlatlaya y en Tlatlaya hay una cierta reacción de una parte pequeña de la prensa que dice “los asesinaron; pero como eran de los malos…”.

Hay una tradición desde el siglo XIX en México que a ese tipo de personas se les mata porque en la cárcel no se les va a remediar nada. Si los deja uno en la cárcel a lo mejor un juez los saca y si no los saca, cuando salgan van a seguir igual que cuando entraron, entonces la única manera es eliminarlos, físicamente. Y el ejército yo creo que tiene esa orden no escrita, para qué los queremos, hay que …

Eliminarlos.

Eliminarlos, al menos a algunos de ellos. Cuando se puede entrar en tratos el jefe de la zona militar o el jefe de la región militar con algún narco importante, bueno, entonces no se le elimina, pero estos chiquitos.

Pero ya salió ahí un cuestionamiento a la institución. ¿Quién iba a pensar que inmediatamente después iba a salir lo de Ayotzinapa e Iguala?

A mi juicio es la acumulación de agravios, quizá Ayotzinapa e Iguala por sí mismos hubiera sido un escándalo pero se podía haber controlado. Ya son muchos y luego viene la “Casa Blanca” del presidente y viene la pifia de concesionar el cobro en las carreteras de cuota a un amigo del presidente.

Esto refuerza la idea del Pacto por México de que es algo que se hace en las alturas. Son mexicanos que no conocen el país, están montados en una estructura vieja, anquilosada, burocrática.

Está siendo crisis, un Estado débil. Se ve que es débil -entre otras cosas- porque lo que absorbe del fisco mexicano es menos que lo que absorben normalmente los fiscos de otros países, y es débil por su corrupción.

Después de todo este relato de acontecimientos que se hilvanan uno con otro, ¿cuáles son los riesgos que hoy estamos enfrentando?

Hay varios. Hay una parte de la sociedad que tiene mucho miedo a cambiar y que tienen como base el “prefiero malo por conocido, que cualquier otra cosa por conocer”, aunque otra parte de la sociedad ya de plano les perdió el respeto.

A estas alturas los partidos políticos no sirven, todos han caído. De los tres grandes partidos no hay uno que sirva; los chiquitos, esos no cuentan. Entonces uno de los riesgos es que la sociedad no tiene canales de mediación, los están haciendo ahorita -en cierto sentido- las movilizaciones y la protesta, pero no son canales formales son canales muy ad hoc y no sirven en el largo plazo.

Una de las posibilidades de México es que no salga nada (de esta coyuntura), sino que nos quedemos peor de lo que estamos porque se habrá caído el supuesto proyecto de Peña Nieto con el Pacto por México y no hay nada que lo reemplace.

Hay una parte de la sociedad que antes estaba inactiva, sin entusiasmo y de repente ya no es indiferente. Está sobre todo concentrada principalmente en los estudiantes, el régimen ya tiene experiencia en éstos: el 68, el 71, pero ya no es el régimen de entonces que podía usar la fuerza y mantener el control sobre todos los hilos importantes. Ya no.

Con base en esta explicación de lo que han sido los pactos en la historia contemporánea de México, que parecen más un acuerdo de élites y discursivo hacia la población. Hoy se está hablando otra vez de hacer un pacto.

Sí, pero ya nadie se lo va a creer.

Hoy se está hablando de un arreglo sobre el Estado de Derecho, el cumplimiento de la ley, la transparencia, la rendición de cuentas…

Pero ya no puede ser como el otro, yo creo que ni siquiera convendría. Usar el nombre de Pacto se gastó, se quemó ese capital muy rápido.

¿Hay condiciones para hacer algo así?

No, no hay.

¿Para hacer un arreglo?

¿Quién podría entrar al pacto? Tendría que meter al crimen organizado porque ellos son actores fundamentales.

Necesitarían hacer un pacto entre ellos para poderlo hacerlo a nivel nacional. El pacto existió cuando había unas cuantas cabezas, pero Felipe Calderón decidió atacar esas cabezas porque era políticamente redituable. Era muy espectacular matar en Cuernavaca a Beltrán Leyva y es casi como la mitología griega, se corta la cabeza del monstruo y de allí salen monstruitos.

Tendrían que ofrecerles convertir el capital que ya tienen en legal y no molestarlos; tendría que ser un acuerdo muy sucio para que fuera efectivo, si no es sucio no va a ser efectivo, ¿qué importa que se pongan de acuerdo los partidos? ¿Y qué? Los partidos ya no son nada.

¿Ahora están perdiendo?

Sí. Los partidos pueden realmente controlar a los alcaldes y decirles: ustedes de aquí en adelante no hacen un solo acuerdo con el crimen organizado. Oiga ¿y si me matan? Pues usted va a morir como un héroe. Y el PRD tendrá todos sus alcaldes muertos, pero ni uno corrupto.

Es decir, cuando se hable de un arreglo institucional en términos del cumplimiento de la ley…

Pero no hay instituciones, no hay instituciones.

Digamos ¿estamos fuera de esa posibilidad en México?

Ahorita sí. Habría que detener a todos “los chapitos” que están en el Estado de México, ¿no viene de ahí Peña? ¿No se supone que él conoce su estado? Y si en el estado no puede controlarlo... Allí hay más que un sólo partido, que una sola voz política y ahí el crimen organizado está campeando y cada vez más. Entonces si esa es la estructura institucional tan débil por corrupta ¿cómo?

¿Qué tendría que ocurrir para aminorar esta corrupción endémica, sistémica,  no solamente del sector público, sino del sector privado?

Eso es, esta liga. Hay tres tipos de corrupción: la del sector público con el sector privado legal, luego con el sector privado criminal (y entre sector privado legal e ilegal). Son tres actores por lo menos y cada uno tiene muchas cabecitas.

A las movilizaciones que voy encuentro a mucha gente que dice "vamos a organizarnos fuera de los partidos". Si tuviéramos un solo partido importante podrían canalizarse y dar una salida… con sentido común, con posibilidades.

El único partido nuevo e interesante que veo es Morena, pero tiene muchos enemigos ya porque satanizaron a López Obrador, los que ahorita están tronandose los dedos y diciendo "¿cómo le hacemos?"

¿Hay algún paralelismo entre lo que nos ocurrió en 1994 con el levantamiento zapatista y la economía que revienta en diciembre, con lo que estamos comenzado a ver hoy?

Sí, sí hay paralelismo, pero entonces había mayor reserva del régimen en un acto, en parte medio suicida, hacen una reforma electoral que sí tiene sentido.

En ese tiempo el TLC representó lo que hoy la reforma energética, había un gran aplauso del exterior hacia el Salinismo.

Lo mismo, lo mismo, pero Salinas era un hombre más capaz que Peña Nieto porque ya se había fogueado en el gobierno federal, tenía su postgrado de Harvard y ese sí leía y leía muchísimo. Era inteligente, perverso, hábil y tenía mucho mundo.

A este gobierno le quedan cuatro años y está sin muchas reservas. Entonces, si estuviéramos al final del sexenio pudiera ser una cosa. Seis años es muchísimo en el caso de un gobierno fallido, mucho. Y estamos atorados, ni modo de cambiarlo.

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