La necesaria seguridad energética

23-01-2019 08:59

El combate a la extracción ilegal de petrolíferos ha traído muchas pérdidas humanas y económicas al país.

Por un lado, las más de 90 víctimas en el incidente de Tlahuelilpan; por otro, las pérdidas económicas de las personas que no pudieron transportarse por la escasez de gasolina, además de la industria que entró en paro ante la falta de combustible. Muchas personas han sido víctimas de la cruzada anticorrupción.

Injusto sería culpar enteramente a la administración federal vigente, ya que el problema de fondo ha sido una incipiente estrategia de seguridad en materia de energéticos. No sólo se trata de un Plan contra el huachicol, sino de inversiones que se debieron hacer desde hace tiempo en toda la cadena del suministro de energéticos.

Según la Agencia Internacional de Energía (AIE) la seguridad energética refiere a la disponibilidad ininterrumpida de fuentes de energía a precios accesibles. Así lo refiere la publicación más reciente del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP).

Una estrategia integral de seguridad energética incluye no sólo la producción de energéticos, también debe considerar el almacenamiento, el transporte y la distribución de estos.

En los últimos 17 años, aunque se ha incrementado la importación de petrolíferos, la capacidad de almacenamiento ha tenido un crecimiento menor al uno por ciento, mientras que la demanda por los mismos se ha incrementado en 42.3 por ciento. Por lo tanto, la importación que se ha potencializado en los últimos años ha sido para satisfacer la demanda corriente, sin tener espacio para generar reservas en caso de contingencias.

Actualmente México tiene, en promedio, una capacidad de almacenamiento de gasolinas de 7.5 días. Sin embargo, ésta es diferenciada por regiones.  En el sur y sureste mexicano se tiene una capacidad de almacenamiento de este energético de 5 días, mientras que en el golfo es de 22. Por su parte, la región centro, donde se encuentra Ciudad de México y gran parte del bajío, sólo tiene capacidad de almacenamiento de 2.2 días.

 

Actualmente México tiene, en promedio, una capacidad de almacenamiento de gasolinas de 7.5 días. Sin embargo, ésta es diferenciada por regiones

 

Por lo tanto, ante un cierre de ductos, la escasez del petrolífero será escalonada y dependiente de la capacidad de almacenamiento que se tenga. Como se ha vivido en las últimas semanas, las estadísticas dicen que primero resentirá la zona centro, seguida del noreste mexicano, después el occidente y sur de la república para que, al cabo de 22 días y de no reestablecerse el abasto, el golfo de México.

Para evitar el desabasto, la política pública de almacenamiento mínimo de petrolíferos establece como meta para 2020 que los volúmenes mínimos de inventarios sean de 5 días de ventas y para 2025 se tendrán de 10 a 13 días de ventas y de 12 a 15 días como promedio trimestral. Esto será obligación de los comercializadores y distribuidores que vendan a gasolineras o a usuarios finales.

Para lograr lo anterior será necesario que las comercializadoras y distribuidores tengan la suficiente capacidad de almacenamiento. Aunque esta política pretende mejorar la situación actual, cabe mencionar que la AIE, de la que México forma parte, recomienda que se tengan 90 días de inventarios. Empero, el país se exenta de esta recomendación al ser exportador neto de petrolíferos, al igual que Canadá y Noruega.

Otro de los puntos débiles en la seguridad energética de México es la transportación. Más de tres cuartas partes del transporte de petrolíferos desde la planta productora o punto de importación hasta la terminal de almacenamiento  se lleva a cabo a través de ductos, por lo que la vulnerabilidad de éstos traerá consecuencias directas en el suministro.

Para incrementar la seguridad energética será necesario diversificar los medios de transporte y apostar por otras formas de distribución como buques, ferrocarriles y pipas, que tienen un costo diferenciado.

Como una medida complementaria ante una crisis de desabasto, la AIE recomienda programas de restricción en el consumo de petrolíferos. Entre las acciones que se recomiendan están: ofrecer alternativas de movilidad a los automovilistas, como el transporte público no saturado y de bajo costo; estrategias de precios flexibles para estacionamientos; restricciones de manejo y límites de velocidad, así como la alternancia en el uso de combustibles, por mencionar algunas.

Sin duda la seguridad energética es imperante. El reciente cambio de abasto por pipas es una medida que puede ayudar a resolver el problema de corto plazo y restablecer de manera temporal el suministro. Sin embargo, si realmente se quiere lograr la seguridad  específicamente en materia de petrolíferos, será necesario pensar, diseñar, implementar y evaluar una estrategia integral. Esta deberá considerar desde la producción, almacenamiento y transporte, hasta la comercialización.

Con una estrategia integral de seguridad energética, entre otras acciones, se podrá reducir la posibilidad de una nueva tragedia nacional.

 

@SunnyArely