Eficiencia y eficacia más que austeridad

22-05-2019 23:11

México requiere un gobierno eficiente y eficaz, no necesariamente austero.

Las ganas de transformar al país son muchas, los recursos escasos y las necesidades ilimitadas. Entre todas las posibles acciones, la prioridad del gobierno federal en turno es clara: dar dinero, de manera directa, a la población, principalmente en el sureste mexicano. Los adultos mayores, los jóvenes que no estudian ni trabajan y el estado de Tabasco tienen primacía.

Proporcionar directamente apoyo a la población, especialmente si ésta no se encuentra capacitada y/o interesada en cumplir los objetivos de los programas por los cuales obtienen los recursos, puede dejar en deuda la búsqueda del bien común al menor costo posible.

Para lograr el cambio, es necesario dejar de duplicar recursos y acciones entre programas o instituciones de los distintos órdenes de gobierno. La capacidad técnica y de gestión también son importantes, no sólo cuenta la reducción del personal o del presupuesto asignado.

Dos ejemplos de que la transformación que vive ahora el país corresponde a un reacomodo de piezas e instituciones, más que a un cambio de fondo que persiga la eficacia y eficiencia en la administración pública, son el programa Sembrando Vida de la Secretaría del Bienestar y la creación del Instituto Para Devolver al Pueblo lo Robado.

El primero guarda duplicidades con la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR), instalada en la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales. El segundo es un derivado del Servicio de Administración y Enajenación de Bienes (SAE), que hasta ahora es un organismo descentralizado de la Administración Pública Federal.

El programa Sembrando Vida tiene como objetivo contribuir al bienestar de los sujetos agrarios con ingresos inferiores a la línea de bienestar rural (menos de $2,000 pesos al mes), pero suficientes para hacer productiva la tierra.

Los beneficiarios de este programa serán remunerados con cinco mil pesos mensuales por sembrar y cuidar 2.5 hectáreas de tierra que deberán ser de su propiedad. Para este programa se han aprobado en el presupuesto anual 15 mil millones de pesos.

De manera paralela, la CONAFOR tiene el objetivo de desarrollar capacidades locales y regionales de las personas propietarias de los terrenos forestales, con el fin de impulsar el desarrollo económico de manera incluyente.

A pesar de que esta organización cuenta con personal capacitado para potencializar lo planteado por Sembrando Vida, y con una visión de sostenibilidad a mediano y largo plazo, el presupuesto de la Comisión no representa ni el 10 por ciento (mil 154 millones de pesos) del programa de nueva creación. Así lo manifiesta la reciente publicación del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria, A.C.

 

Así como el programa Sembrado Vida duplica las acciones de la CONAFOR, el anunciado Instituto Para Devolver al Pueblo lo Robado reproduce parte de lo que hasta ahora ha realizado el SAE. Al momento, no existe un replanteamiento de la Ley Federal para la Administración y Enajenación de Bienes del Sector Público que extinga al SAE, por lo que, hasta que no se den los cambios legales, ambas instituciones podrían dedicarse a lo mismo y con ello ir en contra de la austeridad.  

Para implementar cambios de fondo y administrar los recursos públicos es necesaria una burocracia comprometida. Una transformación requiere más que cambios de nombre y atribuciones. Ésta va más allá de un reacomodo de personas y de mafias de poder.

 

Se necesitan cambios legales, así como personas e instituciones con capacidad técnica para la implementación de las distintas políticas públicas.

 

Los Poderes de la Unión y los demás elementos que conforman el Estado deben cumplir su papel de contrapesos. Esto llevará a que el uso recursos públicos esté dirigido al bienestar común, logrando los objetivos del desarrollo y la reducción de la desigualdad al menor costo posible.

Para que la transformación exista es imperante que los cambios necesarios para la eficacia gubernamental se plasmen en las leyes, se implementen a través del ejecutivo federal, se vigilen y, en su caso, se sancionen en el poder judicial.

Los ahorros y la austeridad en el gobierno son deseables cuando se tiene una economía en expansión, pues en tiempos de vacas gordas es momento de ahorrar. Lamentablemente, el crecimiento previsto para México durante este y los próximos años no son reflejo de una economía creciente.

Contraer el gasto público en búsqueda de la austeridad puede llevar a un crecimiento menor. Eficiencia y eficacia es lo que queremos, aunque con cambios de forma quizá nos quedemos tablas.

 

@SUNNYARELY