Los eslabones más débiles

11-03-2020 07:31

¿Qué pasa si una fuerza imparable choca con un objeto inamovible? Esta vieja pregunta que conduce a una imposibilidad lógica (si existe una fuerza imparable no puede existir un objeto inamovible y viceversa), tiene una respuesta clara en el contexto político mexicano. Si la realidad inevitable se topa con la posición política inflexible del gobierno siempre hay algo que se destruye con una pérdida para todos.

El tema viene a cuento porque el movimiento de protesta de las mujeres contra los feminicidios, y más ampliamente contra el trato injusto que reciben de un sistema dominado por hombres, se ha convertido en una fuerza que no tendrá marcha atrás. Ante ella, la posición del presidente López Obrador ha sido una notoria falta de empatía y un empecinamiento en no modificar ni un ápice su política de seguridad respecto al tema.

La marcha y paro de las mujeres del ocho y nueve de marzo de 2020 no ha sido a favor de oposición partidista alguna, ni en contra del gobierno, pero se ha estrellado contra el inmovilismo de la política pública derivado de la insensibilidad y el desconocimiento ante lo que se le demanda. El saldo será continuar con medidas que seguirán costando vidas y causando resentimiento social, y la erosión del capital político del presidente.

Otro choque de fuerzas de este tipo se acerca por el lado de la economía. Se aproxima un clima económico mundial muy adverso con la desaceleración de los principales motores de su crecimiento, ya de por sí debilitados, a raíz de la pandemia del coronavirus. Ante esta amenaza no se observa un cambio en las señales económicas del gobierno mexicano a favor de una mayor inversión privada que pudiera mitigar los efectos de la tormenta.

El riesgo económico se magnifica por una caída en los precios internacionales del petróleo que ponen en entredicho los recursos fiscales y la solidez crediticia de PEMEX. Ante ello, no es de esperar una reconsideración del proyecto de desarrollo de la presente administración basado en dedicar ingentes recursos a revitalizar la cada vez menos rentable industria petrolera, particularmente en la refinación del crudo.

Los recursos fiscales, no por completo protegidos con las coberturas ante contingencias como la actual, y la sombra de la baja en la calificación de la deuda de PEMEX, y del gobierno en su conjunto, se toparán con la obstinación de no aumentar la deuda pública ni realizar una reforma fiscal temprana. El resultado será de recortes en el gasto público para hacerlo sostenible y un mayor uso del menguado Fondo de Estabilización de Ingresos Presupuestarios. Se debilitará aún más la capacidad administrativa del gobierno y se reducirá el patrimonio para enfrentar adversidades futuras.

En la confrontación de realidades y posiciones políticas presidenciales rara vez cambian las unas o las otras, de forma que el saldo final hay que buscarlo en el rompimiento de los eslabones más débiles que las conectan. Esto no tiene por que ser necesariamente así, como lo muestra el acuerdo al que llegaron algunas entidades federativas del país con el gobierno federal para adherirse parcialmente al Instituto de Salud para el Bienestar.

Desafortunadamente, en elementos de gran simbolismo, como la aceptación de la nueva posición que están conquistando las mujeres o el abandono de la petrolización del desarrollo nacional, no existe la voluntad presidencial para dejar de perseguir lo imposible.