Indigno, inoportuno e innecesario

15-07-2020 08:16

El punto más bajo de la visita del presidente Andrés López Obrador a los Estados Unidos fue el agradecimiento que hizo a Donald Trump por el trato que ha dispensado a “nuestros paisanos mexicanos”.

Trump ha hecho de la denigración verbal y la persecusión de los migrantes una suerte de distintivo personal en su búsqueda por la presidencia del vecino país del norte, de su gobierno y de su campaña por la reelección, de manera que reconocerle un trato cada vez más respetuoso retrata la indignidad de quien fue a visitarlo.

Lo anterior no significa que López Obrador debía cumplir sus promesas de reclamarle a Trump sus desplantes. Ni siquiera que era indispensable entrevistarse con sus opositores políticos. Un discurso más sobrio habría bastado, y el reunirse con la comunidad de migrantes para escuchar sus necesidades y sus agravios. Pero no lo hizo, lo que deja en la irrelevancia la disputa entre el oficialismo y la oposición de oficio sobre si hubo vítores o reclamos de los grupos de migrantes que encontró AMLO a su paso.

El presidente mexicano tuvo la fortuna de no sufrir un desaire de su contraparte. Sin embargo, la visita deja un saldo incómodo. Imágenes y dichos que nutrirán la campaña de Trump haciéndolo ver como cercano a México y los migrantes mexicanos. Poco importa si estos elementos no son decisivos para su reelección. El hecho es que impulsan al presidente norteamericano y pueden cauzar roces con quién puede sustituirlo. La visita ocurrió en un momento muy inoportuno.

Trump se encuentra con nueve puntos de desventaja respecto a Joe Biden en la carrera por la presidencia que habrá de decidirse el próximo noviembre. Si llega a remontar tal ventaja, nada garantiza su agradecimiento a los gestos amigables de López Obrador, como le ocurrió al expresidente Peña Nieto, cuya recepción del candidato Trump no evitó que este lo presionara para renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y convertirlo en el menos libre Tratado México-Estados Unidos-Canadá (TMEC).

La entrada en vigor del T-MEC se ha dado como justificación de la visita de AMLO, pero ésta era por completo innecesaria. El tratado fue negociado bajo la responsabildad de la administración anterior y concluída antes de que López Obrador asumiera la presidencia. La ratificación del T-MEC por parte de México ocurrió en abril de 2019, y por los Estados Unidos en enero del 2020, tras ajustes para satisfacer a legisladores del Partido Demócrata. El nuevo tratado surtió efecto una semana antes de la visita presidencial.

Sin la visita de AMLO el T-MEC habría seguido su curso, como ocurrió ante la ausencia del primer ministro canadiense, Justin Trudeau, en el encuentro presidencial. Además, la reducción de la libertad comercial que implica el nuevo tratado poco ameritaba una celebración, y menos cuando el involucramiento de la administración actual fue mucho menor que la del expresidente Carlos Salinas en el entonces pionero TLCAN. Puesto de otra forma, la visita de López Obrador fue por razones políticas, no comerciales.

Sin resultados palpables a la vista, ni diplomáticos, ni políticos, ni económicos, el ir a agradecer a quien nos maltrata, en el momento menos oportuno y sin que hubiera necesidad de ello retrata el, hasta ahora, punto culminante de la política exterior mexicana.