Endeudamiento inevitable

20-05-2020 08:10

La promesa hecha por el presidente López Obrador de no incrementar la deuda pública es insostenible.

Pese a todos los esfuerzos, el endeudamiento se dará por la insuficiencia de recursos tributarios y petroleros ante la recesión económica que se viene agudizando y por la debilidad de los precios de los energéticos. Roto el simbolismo de lo prometido la única pregunta será si el endeudamiento habrá de servir para la recuperación económica y el límite en que resultará tolerable.

La promesa del presidente ha tomado varias formas. La más sencilla es la de mantener como proporción del PIB los recursos que han financiado el gasto público más allá de lo recaudado por diversas fuentes. El total de la deuda pública captura esta idea cuando se miden como proporción del PIB. Esta han pasado de representar 45.5% en 2019 a 52.8% del PIB en abril de 2020, en buena medida por la simple contracción económica. Como proporción del ingreso de la economía, tenemos más deuda pública por pagar.

Otra interpretación de lo prometido por el presidente es que no se incurriría en un mayor valor en pesos de la deuda contratada. Esto sería demasiado demandante en una economía que crece, pues detiene los préstamos que podrían pagarse más fácilmente con mayores ingresos. Sin embargo, en una economía que se contrae es la más generosa, pues se limita a no aumentar lo que se debe. En este terreno, sin embargo, también la promesa se incumplió. En el primer trimestre de 2020 se aumentó el saldo de la deuda pública 7.7% respecto al mismo periodo de 2019.

Hoy, incluso antes de contabilizar lo que pudiera representar la pandemia del COVID19, el presidente López Obrador preside el gobierno más endeudado de la historia, con 12 billones 125 mil millones de pesos por pagar, un billón 525 mil millones más que al cierre de la administración del ex presidente Peña Nieto. Este ritmo de endeudamiento ya era superior al de la administración pasada y es difícil esperar que se revierta en las condiciones actuales.

 

Hoy, incluso antes de contabilizar lo que pudiera representar la pandemia del COVID19, el presidente López Obrador preside el gobierno más endeudado de la historia

 

La propia Secretaría de Hacienda  proyecta que en 2020 se incurrirá en un endeudamiento adicional  casi dos billones de pesos, pero bajo el escenario optimista de que la recesión económica no será tan severa como el promedio de los pronósticos de diversas instituciones financieras y organismos internacionales y pudiendo hacer uso de los 264 mil millones de ahorros plasmados en los Fondos de Estabilización que ya antes se han utilizado.

El problema con este endeudamiento es que apenas alcanza para darle un impulso a la economía equivalente a 0.7% del PIB de 2019, cuando la caída promedio de la actividad económica se estima en más de 5%.  Así, todo lo que el gobierno federal está dedicando a atender la crisis apenas alcanzaría para compensar la mitad de lo que caerían los ingresos de los asalariados, ya no se diga de los trabajadores independientes o de las micro, pequeñas y medianas empresas.

Bajo la estrategia actual, el país corre el peligro de incurrir en un endeudamiento que no le será útil para recuperarse en el futuro próximo, lo que significaría  una caída de la recaudación de más de 6% para 2021, y enfrentando precios del petróleo para tal año 40% menores a los originalmente previstos para 2020. Esta deuda es poco tolerable porque no tiene perspectivas de pagarse con el crecimiento de los ingresos que impulsa.

El panorama anterior sería diferente si se agregaran 824 mil millones de pesos de endeudamiento (3.5% del PIB de 2019 según el análisis del Centro de Estudios Espinosa Yglesias) como apoyos a la actividad económica para permitir que pequeñas empresas conserven empleos y los trabajadores formales e informales se sostengan para reanudar  la actividad económica en la segunda mitad del año.

La promesa de no endeudarse nunca tuvo bases sólidas y está rota. La esperanza de una deuda que alivie la adversidad económica y sea tolerable aún está presente.