Autonomía y capacidad técnica para la renovación del CONEVAL

30-01-2020 07:54

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) es clave para conocer mejor la pobreza y mejorar las políticas públicas para combatirla.

Por ello, la próxima sustitución de tres de sus seis consejeros sería preocupante si se repitiera la experiencia de otros órganos autónomos, como la Comisión de Derechos Humanos o la Comisión Reguladora de Energía, donde la independencia y capacidad técnica de los funcionarios propuestos y nombrados ha sido severamente cuestionada.

Es necesario hacer un examen riguroso de quienes tendrán altas responsabilidades en la medición de la pobreza y la evaluación de la política social. En particular, debe analizarse si sus antecedentes garantizan una trayectoria de autonomía respecto a los intereses partidistas o gubernamentales, y si sus conocimientos permitirán innovar con rigurosidad un campo en constante evolución.

Afortunadamente, hasta el día posterior al cierre de la convocatoria para las postulaciones a consejero, había más de cien candidatos de entre los cuales la gran mayoría nunca ha estado ligado a un partido político o puesto gubernamental y tiene conocimientos frescos, aunados a una experiencia sustantiva en diversos ámbitos de las dimensiones de la pobreza y la política pública. Es imposible hacer justicia a todos los candidatos con méritos para integrarse al CONEVAL, pero puede destacarse algunos elementos a ser considerados.  

Un primer aspecto para destacar es la reducida presencia de mujeres en el listado de postulantes, treinta y tres por ciento del total. Dentro del consejo, las investigadoras nunca han rebasado un tercio de las posiciones, por lo que quizás es la ocasión de mejorar esta participación en lugar de confirmar el sesgo que históricamente ha tenido el sistema educativo mexicano contra las mujeres.

Dentro de este grupo sobresalen especialistas del análisis de los problemas del bienestar y la política pública desde el ángulo de la economía, la salud, la movilidad laboral, o la sociología, como, por ejemplo, las doctoras Eva Arceo (CIDE-IBERO), Laura Flamand (COLMEX), Iliana Yaschine y Fiorella Mancini (UNAM). También lucen interesantes los perfiles de Susan Parker (CIDE) y Araceli Ortega (ITESM).

Todas ellas, y muchas más, tienen una probada independencia de partidos y gobiernos, y han realizado investigación de alto rigor. Sin embargo, si quisiera agregarse un componente extra de crítica a los ejercicios de medición y evaluación habría que considerar también a otros candidatos.

En el CONEVAL no ha existido tal cosa como una ortodoxia dominante en el análisis de la pobreza y la política social. La diversidad de disciplinas, enfoques e inclinaciones filosóficas y técnicas de sus consejeros han dado como resultado una riqueza en donde, si acaso, han predominado decisiones atrevidas y heterodoxas, siendo el ejemplo más palpable la elección de la medida multidimensional de la pobreza, que desafió los convencionalismos de su tiempo. Pero no estaría de sobra un análisis más crítico a lo realizado.

Dos perfiles que se distinguen a este respecto son los de Alfonso Miranda (CIDE) y Delfino Vargas (FLACSO).  Ambos tuvieron una participación destacada en el Grupo Técnico Ampliado que evaluó crítica, pero propositivamente, el problema de comparabilidad de la información del ingreso captado por INEGI y que llevó en 2016 y 2017 a severas dificultades para que el CONEVAL calculara la pobreza. En un sentido no cuantitativo, también son de tomar en cuenta los cuestionamientos que han hecho a la medición y evaluación Mario Luis Fuentes (UNAM) y Guillermo Cejudo (CIDE).

Habría mucho más que agregar sobre otros excelentes candidatos (Myriam Cardozo, Juan Pablo Gutiérrez, Alfredo Cuecuecha, Adolfo Martínez, Humberto Ríos Bolívar, Gabriel Martínez, por ejemplo), pero baste decir que quienes elijan a los nuevos consejeros no tienen excusa para terminar seleccionando a alguien con sesgos partidistas y conocimientos poco actualizados.