Solo unos meses…

04-06-2020 19:15

En una clara estrategia mediática, esta semana el Secretario de Hacienda ha concedido diversas entrevistas de prensa para tratar de generar una perspectiva optimista sobre la eventual recuperación de la economía. Unos días antes, también en una entrevista de prensa, un sub-gobernador del Banco de México (Gerardo Esquivel) dio una perspectiva similar.

En una de estas entrevistas, el Secretario de Hacienda señaló que “la economía tendrá una recuperación rápida, pero en una forma de V asimétrica” (utilizó el símil del logo de Nike). Y todavía más confiado (¿o temerario?), en otra entrevista posterior afirmó que “serán algunos meses para recuperar lo perdido”.

Por su parte, el sub-gobernador Esquivel, además de señalar su desacuerdo con la inmensa mayoría de los pronósticos de analistas privados, calificadoras y organismos internacionales, dijo que la economía “tendrá una recuperación rápida, en ‘V’…y tan rápido como a partir de julio iniciará la recuperación”.

Para tratar de crear dicha expectativa positiva sobre el futuro de la economía mexicana, ambos funcionarios esencialmente dieron los mismos argumentos para apoyar su visión. Para ellos, la entrada en vigor del T-MEC el próximo mes y los proyectos de inversión pública de este gobierno, principalmente en el sureste del país, serán los motores para la reactivación de la economía.

 

¿Argumentos o Ilusiones?

El arranque del T-MEC es, indudablemente, una buena noticia. Sin embargo, cabe señalar que es muy remoto que tenga un impacto inmediato, como señalan los funcionarios, en términos de una mayor inversión extranjera, relocalización de operaciones hacia nuestro país y crecimiento de las exportaciones mexicanas.

Las tres principales razones son: primera, que el T-MEC es una extensión del TLC vigente; es decir, no es que no existiera nada antes del nuevo acuerdo. Ciertamente es una versión “corregida”, pero que incluso representa algunas nuevas restricciones o condicionamientos para México (reglas de origen, regulaciones laborales y ambientales, etc.).

La segunda razón es la coyuntura recesiva actual en Estados Unidos y el mundo. El impacto de la pandemia sobre el gasto de capital de las empresas a nivel mundial llevará a una disminución de los flujos de inversión extranjera directa a los países emergentes, incluido México.

Y, la tercera razón, es el clima hacia la inversión, nacional y extranjera, que ha generado la actual administración. ¿Cuántas nuevas inversiones vendrán a México después de la cancelación de la inversión en Mexicali de Constellation Brands? ¿o de los cambios a las regulaciones en materia de energías limpias por parte la Secretaría de Energía?

Más aun, si vemos la evolución de la inversión extranjera directa (IED) en México durante los últimos años con el TLC vigente y con la disputa comercial entre Estados Unidos y China, las perspectivas no son muy alentadoras. Desde 2014 la IED se ha mantenido muy estable, e incluso el año pasado disminuyó 3.2%. Quizá más importante, en estos años la mayor parte de dicha IED fue por Reinversión de Utilidades (77.6% el año pasado) de las empresas ya establecidas en nuestro país más que por nueva inversión directa.

En consecuencia, si bien es probable que pueda haber un crecimiento, gradual y moderado, de la IED como consecuencia del T-MEC, difícilmente ocurrirá en el corto plazo como para servir de motor a una recuperación de la economía.

Por otra parte, apostarle a los proyectos de infraestructura de este gobierno para pronosticar un repunte económico en el corto plazo es un serio error por razones muy simples.

La inversión pública total apenas equivale al 2.9% del PIB (promedio de los últimos 4 años), mientras que la inversión privada representa el 17.2% del PIB, es decir, 6 veces más. Es imposible que la inversión pública constituya un motor del crecimiento para toda la economía y menos si se realiza en proyectos de muy cuestionable viabilidad económica y social.

Todo lo anterior sin considerar la posibilidad de rebrotes de la pandemia (escenario cada vez más probable) y el regreso de una cuarentena, parcial o total, para la población y las actividades económicas.

En conclusión, los escenarios planteados por el Secretario de Hacienda y el sub-gobernador, más que dar una expectativa positiva parecerían ser un intento para justificar los proyectos de inversión del presidente de la república.

Es muy peligroso que el “virus López-Gatell” comience a extenderse a las autoridades fiscales y monetarias del país.