¿Habrá recuperación el próximo año?

15-04-2020 18:57

Durante el último mes ha habido un deterioro espectacular en las previsiones de crecimiento (o más bien, decrecimiento) de la economía mexicana para 2020 e incluso para 2021.

Por ejemplo, la encuesta quincenal de expectativas de Banamex del 5 marzo todavía estimaba, en promedio, un crecimiento de 0.7% para este año; sin embargo, un mes después ese promedio se ubicó en -5.0%. Los estimados más recientes ya se encuentran entre -7.0% y -9.0% y previsiblemente continuarán siendo más negativos en las próximas semanas.

Este fenómeno si bien no es exclusivo de México, sí ha sido mucho más agudo en nuestro país debido, entre otros factores, a la ausencia de políticas públicas orientadas a paliar los efectos económicos de la crisis sanitaria y a la incertidumbre sobre la duración de las medidas de distanciamiento y confinamiento social para enfrentarla.

De ahí que la atención de los economistas se ha centrado fundamentalmente en tratar de dimensionar la magnitud de la caída, sus impactos en el empleo y la eventual recuperación. Así, la referida encuesta del 5 de abril estima un crecimiento moderado de la economía para 2021 (1.8%). Esta semana, el Fondo Monetario Internacional estimó que México crecerá 3.0% en 2021.

No obstante, un aspecto que arroja severas dudas sobre la eventual recuperación del crecimiento el año próximo es el impacto que está teniendo la crisis económica sobre las cadenas productivas, tanto mundiales como las locales.

Es evidente que el regreso a la “normalidad” no estará sincronizado a nivel mundial. Mientras que China parece estar comenzando, muy gradualmente, a relajar las restricciones de distanciamiento social y a la actividad económica, la mayoría de los países europeos y los Estados Unidos se encuentran todavía lejos de hacerlo, y nuestro país todavía más.

 

Un aspecto que arroja severas dudas sobre la eventual recuperación del crecimiento el año próximo es el impacto que está teniendo la crisis económica sobre las cadenas productivas

 

Por lo tanto, muchas de las cadenas globales de producción no podrán regresar la “normalidad” hasta que todos sus integrantes lo hagan, lo que puede llevar varios meses más después del relajamiento en las medidas de confinación de la población.

Además, dicha normalidad tendrá que hacer frente a una demanda mucho más débil que antes de la pandemia. Las industrias automotriz, aeroespacial o la de bienes durables (parte importante de las exportaciones mexicanas) parecerían ser claros ejemplos.

A nivel local estamos viendo también una dislocación de muchas cadenas productivas. Por ejemplo, la suspensión de actividades en la industria cervecera está generando severos problemas para los productores de cebada que, de prolongarse, los llevará a perder sus cosechas y descapitalizarse; igual situación enfrentan otros productores del campo como los de flores de ornato (invernaderos). La pequeña minería, con excepción del carbón, también se encuentra en riesgo de descapitalización.

Esta dislocación de cadenas productivas, junto con un tipo de cambio más elevado y una demanda interna y externa deprimidas, retrasará aún más la eventual recuperación de la economía mexicana.

Por otra parte, recuperar la senda de un crecimiento sostenido necesariamente requiere un incremento de la inversión privada. Sin embargo, la descapitalización que previsiblemente tendrá la mayoría de las empresas mexicanas, grandes y pequeñas, en 2020 hará muy poco factible que esto ocurra en el corto plazo; más aún si se tiene en cuenta que el año pasado la inversión privada disminuyó 4%, después de dos años de un crecimiento cercano al 0% y las señales del gobierno no están siendo favorables a dicha inversión (caso Constellation Brands).

Sin políticas públicas decididamente a favor de la inversión privada, el mejor escenario para 2021 será el de un pequeño “rebote estadístico” después de la fuerte caída de este año, pero difícilmente se puede esperar una recuperación del crecimiento económico, por moderada que sea.